Por Julián A. de DiegoAsesor Laboral de Empresas y Profesor Titular de Derecho del Trabajo de la U.C.A.
El 2010 será un año de conflictos en todos los frentes. A una economía incierta habrá que sumar reclamos salariales del 20 al 25 % con cláusula gatillo por inflación
Mientras eso ocurre en "la madre patria", los empresarios locales ya hablan de aumentos del 10 del 12 y hasta del 15% y la CGT con Moyano al frente plantean 20 al 25% y una cláusula gatillo por si se dispara la inflación. Es más, llama la atención la postura irreductible de la central obrera en el sentido de que no resignarán los logros alcanzados en materia salarial, lo que implica como mínimo preservar la inflación real más un plus de recuperación.
Desde el 2004 al 2008 el PBI creció a un ritmo superior al 8%, contra una caída importante en el 2009 a un estimado del 2/3%, pero inexorablemente, todos los ajustes salariales de los convenios colectivos fueron superiores a la inflación real (duplicaron y hasta triplicaron la inflación del INDEC). El Salario Mínimo Vital y Móvil, que en la década del 90’ se había fosilizado al punto de que irónicamente se lo denominaba "salario mínimo mortal e inmóvil" clavado en $200, y a partir del año 2004 se incrementó en más del 700% y llegó al monto de $1540. Los sindicatos promovieron ambos ajustes, a partir de la iniciativa del Gobierno Nacional de promover la "redistribución del ingreso" aumentando más a los que menos ganan y castigando a los que más ganan con menos ajustes y más presión impositiva. La pirámide de los ingresos se resquebrajó, perdió altura por los aumentos de los mínimos, aumentó su base por los acuerdos convencionales y destrozó a los profesionales y a los mandos medios que quedaron atrapados en la mitad de la estructura.
El 2009, un año de crisis mundial regional y local, con el grave conflicto interno del campo, con fuerte disminución de la actividad económica en general, los aumentos salariales fueron exorbitantes y distorsivos. La inflación real llegó al 15/16%, contra la mitad publicada por el INDEC, y los ajustes de los convenios promediaron el 26%, con pisos del 17/18% y topes fuera de control del 38 al 44%.
Otro dato relevante en la puja salarial lo genera la lucha intestina que se produce dentro del mundo sindical, no sólo entre los gremios tradicionales sino también, con los nuevos sindicatos meramente inscriptos que han surgido por efecto de la novel jurisprudencia de la Corte Suprema, que les reconoce prácticamente los mismos derechos que a los gremios con personería. En alguna medida, se resquebraja el viejo modelo sindical, y a la vez, las bases se revelan por falta de participación, o por la distancia que crearon los dirigentes de cúpula, que lejos de interpretar a las bases, se centran en doblegar a los dirigentes que luchan por la renovación generacional.
Una estrategia sindical para vencer en esta puja es lograr los aumentos más significativos, en desmedro de quienes pueden presentarse como los sindicatos de mayor responsabilidad social y laboral.
¿Cómo se dirime un status quo como el actual?. Por lo pronto, cada año hacia esta fecha se suele difundir un tope o pauta oficiosa. Si bien nadie la ha expresado formalmente, el tope razonable para el Gobierno no debería superar el 20%, y se haría un fuerte seguimiento de la inflación.
La negociación de la Federación de Empleados de Comercio y las cámaras del sector reflejaron una nueva modalidad: una negociación "base" y una revisión en el último cuatrimestre del año aniversario. En otros gremios se realizaron ajustes denominados "puentes" con el pago de una suma fija que complemente los aumentos generales pactados en el convenio. En otros se agregaron beneficios por el día de la actividad, por las fiestas de fin de año, o por los meses de enero y febrero en el verano. En realidad, todos los gremios pujan por dos objetivos centrales: lograr un aumento superior a la inflación y generar refuerzos que se aplican en los momentos de mayores reclamos y de tensiones originadas generalmente en reclamos de la interna gremial.
El 2010 nos depara un futuro incierto. La inflación oficial ascendió en enero al 1%, contra la estimada por los analistas económicos mayor al 2%. En otros términos, el Gobierno Nacional mantiene la postura de publicar la mitad de la inflación real. Los sindicatos y en particular Hugo Moyano han sido inmunes a estos manejos, y se han afirmado sobre la realidad que le imponen las bases, las circunstancias y las necesidades. En definitiva, con la proyección de enero tendríamos una estimación anual del 25 al 27%, y con sumas fijas remunerativas o no remunerativas, y un destino incierto y heterogéneo del curso de la economía, el crecimiento y la eventual rentabilidad. Destaquemos además, que las carencias de recursos del Gobierno Nacional frente a la víspera de un año electoral seguramente generarán una fuerte presión impositiva y previsional. En síntesis, se inicia el proceso que parte de un pasado donde se hipotecó el futuro, en un contexto de graves conflictos en todos los planos. El Gobierno Nacional que debe administrar y mediar en el conflicto social, los sindicatos tienen competidores externos internos y provenientes de nuevos sindicatos, las empresas dependen en gran medida del curso de la economía, las exportaciones y el desarrollo por ahora oscilante de la economía interna. A esto hay que agregar la crisis en las provincias y los municipios, las obras públicas detenidas o demoradas por falta de financiamiento, y un mercado interno que todavía no reacciona a los mejores niveles del 2006 al 2008. En otros términos, nada se resolverá sin que medie un conflicto con fuertes enfrentamientos entre los distintos sectores en pugna, sin un destino cierto.

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