David Nalbandian, genio del tenis mundial

David Nalbandian, genio del tenis mundial
Un talento que no se mide en números. Cerebral y con mano para golpes imposibles, hizo su historia.

Los ojos de Nadal ven pero no miran. Los hombros se le caen, la raqueta le resulta de hierro, tanto que no la levanta. A las piernas no las siente; sus recursos no son recursos para frenar al que está del otro lado de la red, desde donde llueven golpes planos, golpes con ángulos fuera de lo geométrico. Hay cambios de ritmo, abundan pelotas altas y bajas. Nadal se minimiza, desaparece. Él emerge. Noviembre de 2007, Másters de París. “Oui, oui”, se dice en las gradas. Nalbandian, obra cumbre.

Transpira Federer y es noticia. Transpira por correr y también por los nervios. El suizo que parece tener todo calculado, no tiene en los cálculos la resistencia del rubio de ojos claros, que da vuelta dos sets para llevarlo a un quinto. Hay saques abiertos y voleas; contragolpes y drops. El rubio luce cerebral en un deporte pica-sesos. Inhibe al mejor de la historia para hacer su historia. Fabrica un drive cruzado, con el giro de hombros que cualquier profe pretendería de un alumno. Tira ese golpe de manual y obliga al suizo a vomitar una respuesta que queda en la red. En una noche de Shangai, en noviembre de 2005, el juez sentencia: “Set and match; Nalbandian wins”. Los ojos achinados del público quedan redondos. Nalbandian, obra cumbre.

En Rusia hace frío en diciembre de 2006. Pero lo de pecho frío no va para él. Venga, Davydenko. Pase, Safin. Globo, slices, reveses de menú; en definitiva, purpurina tenística en Moscú. Argentina es David; David es Argentina. La Davis queda allá, en el este europeo, pero el cuadro que pintó va a los museos del deporte. Nalbandian, obra cumbre.

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Lejos de caerle simpático a todos y a la prensa, pero dentro del molde del tipo entrañable para sus íntimos, Nalbandian fue creciendo siendo el mismo tipo. También fue el tenista que invitó a los expertos a catalogarlo como un 1 del mundo y, a veces, decepcionó por no cumplir ese mandato que le asignaron. Aunque siempre hizo la de él. Ese es David, el que él quiso ser, el que pudo ser. De millones de tenistas que no pasan el colador de los 100 primeros del ranking, él FUE 3 DEL MUNDO. Fue también el que irritó a Federer (le ganó ocho partidos). El que dos veces hizo rendir a Nadal (lo bailó en Madrid y París 2007). El que desparramó al elástico Djokovic. El que le rompió los moldes al esquemático y táctico Murray. El que diluyó a sus compatriotas Coria, Gaudio, Cañas y Del Potro, entre otros.

Los 11 títulos que logró no cuantifican su talento. Su físico fue la gran traba para no tener la regularidad de sus más laureados derrotados. Sano, Nalbandian estaba a la altura de los más célebres artistas que tiene el circuito. Con su retiro, se muere La Legión. Eso sí, el Nalbandian tenista vivirá para siempre en sus obras cumbres.

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“Es un día difícil por anunciar mi retiro. Estoy súper agradecido al tenis. La lesión del hombro no me deja ni sacar. Sin saque no se juega”.

“La Davis es el evento que sentí distinto a cualquier cosa. La presión que se siente, la atmósfera, eso no se vive en ningún lado”.

“Por ahora, estoy muy enfocado en hacer la evolución del hombro, disfrutar de mi hija, de mi mujer y no tengo ningún plan”.

“Si veo en mi carrera, la Davis es lo que más disfruté. Aunque no puedo dejar de acordarme de la final de Wimbledon 2002”.

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