Dañan el nicho de Verónica Islas, la joven asesinada en 2008 en Los Laureles

Dañan el nicho de Verónica Islas, la joven asesinada en 2008 en Los Laureles
El hecho sucedió la semana pasada y fue la única nichera dañada en la Galería 1 del Cementerio Municipal. La madre de la joven asesinada relaciona este episodio por haberse negado a darle una entrevista a un vecino, cuyo hijo habría encubierto al principal sospecho de haber cometido el crimen.
El martes a la mañana, Porfiria Quiñonez, la madre de Verónica Romina Islas, víctima de un crimen aún no esclarecido por la Justicia, se presentó en la redacción de EL CIVISMO para denunciar que el nicho donde descansan los restos de su hija, en el Cementerio Municipal, había sido dañado.

La señora Quiñonez contó que todos los jueves y domingo se acerca hasta la nichera 35 de la Galería 1 para cambiar las flores, renovar el agua de los floreros, limpiar el frente marmolado y rezar en silencio una oración a su hija, cruelmente asesinada la mañana del lunes 21 de abril de 2008 en un descampado del barrio Los Laureles. Pero el domingo pasado se encontró con una desagradable sorpresa.

La cargada ornamentación que reluce y sobresale entre el resto de las nicheras había sido alterada. Una esquela con un mensaje fue cortado en pedazos y los fragmentos esparcidos en el piso. El martes, aún había restos de papeles al pie de los pinos que ensombrecen las tumbas.

Si bien es la primera vez que ocurre algo igual en el Cementerio Municipal, en una ocasión fue destruido un florero y un rosario que una amiga había dejado en el monolito levantado por vecinos y familiares en el lugar donde sucedió el homicidio. Tras esto, la pequeña capilla fue enrejada. “Lo que hicieron acá no tiene nombre. Hicieron daños porque ella no molesta a más nadie”, dijo la mamá.

Porfiria Quiñonez no acusa a nadie. No tiene pruebas pero le sobran sospechas. Al salir del Cementerio preguntó a una persona que trabaja en el lugar si había visto a alguien y, aunque la respuesta fue negativa, contó que el hombre en la portada le dijo que quienes dañan tumbas de personas que murieron como consecuencia de un crimen son, por lo general, individuos que tuvieron que ver con el hecho.

Ante lo sucedido, la señora Quiñonez recordó que el miércoles de la semana pasada se hizo presente en su vivienda un vecino, que se atribuye ser periodista, con la intención de hacerle una nota. Pero como esta persona no le genera ninguna confianza -ya que asegura que el hijo del presunto reportero encubre al principal sospechoso del crimen y la semana pasada fue citado en Fiscalía- se negó a darle una entrevista, y lo relacionó con el ataque a la nichera ocurrido entre el viernes y el domingo a la mañana.

La mamá de Verónica Islas deduce que el posible encubridor, alguien del entorno, el principal sospechoso del asesinato u otros tres jóvenes del barrio podrían tener alguna vinculación con el ataque a la nichera.

Mientras tanto, espera que algún día el caso se resuelva y él o los culpables paguen ante la Justicia por lo que hicieron. El crimen de la joven Verónica Romina Islas, quien al momento de su muerte tenía 19 años, continúa siendo una deuda pendiente que tiene la Justicia, no sólo con la familia de la víctima sino también con la sociedad en su conjunto.

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