El Gobierno admitió que no monitorea la intimidad de los guardaespaldas del gobernador. Con el suicidio de uno de ellos, se viene una revisión del sistema. Dos psicofísicos no detectaron la crisis.
Así delineó el ministro de Seguridad, Carlos Aranda, lo que se viene respecto del equipo de custodia del gobernador Francisco Paco Pérez.
El suicidio del sargento Jorge Villagra, uno de los custodios del mandatario, que se disparó en el mismísimo auto oficial con el arma reglamentaria y minutos después de que Pérez hubiera bajado del rodado, puso a todo el equipo bajo la mira para que no pase de nuevo.
El caso reveló que los exámenes psicofísicos nunca detectaron la crisis del guardaespaldas (ver página 4) y que desde el Ministerio de Seguridad no seguían ni monitoreaban la vida privada de éste ni de ningún otro miembro de la custodia, atento a que en el muro de Facebook del suicida había inquietantes posteos de él desde fines de setiembre.
Desde el Gobierno descartaron una cirugía mayor en el grupo de elite que tiene en sus manos la vida del mandatario, pero sus integrantes deberán pasar por un escaneo, una revaluación que no tiene que ver sólo con ellos sino con todo el sistema.
Aranda confirmó que “Villagra se hizo al menos dos psicofísicos, uno en el primer trimestre del año y otro entre junio y julio, porque pidió ascender y luego tuvo que renovar la licencia, y en ambos casos se exige el examen”.
Y precisó: “Se los hizo y nunca se informó nada extraño, nada que nos haya llamado la atención de él”.
Agregó: “Estaba conceptuado como un excelente policía. No teníamos nada que decir”. Incluso aseguró que “esto ha sido una decisión personal, que la connotación de la circunstancia, el lugar y el modo hacen que tome relevancia pública”.
El ministro admitió además que no les revisan las redes sociales ni la vida personal a los custodios del gobernador para atender cualquier problema que tengan.
Dijo al respecto: “No andamos monitoreando qué ponen en el Facebook ni nada por el estilo, porque sería una invasión a la intimidad.
Tampoco qué les pasa en su vida personal, salvo que ellos nos cuenten”.
El karma de los gobernadores
Los mandatarios mendocinos los aprecian pero también los padecen, porque a ninguno de 1983 hasta aquí le gustó andar con varios guardaespaldas para arriba y para abajo.
De hecho, Rodofo Gabrielli tuvo seis que heredó de José Bordón durante dos años y después se quedó con uno. Lafalla tuvo uno y sólo de consigna en su casa, y Roberto Iglesias anduvo dos años sin custodia, hasta que un par de incidentes callejeros fruto de la bronca social por la profunda crisis movió al ministro de Seguridad, Leopoldo Orquín, a volver a formar un escuadrón.
Orquín tomó a tres miembros del Grupo Especial de Seguridad (GES), fuerza de elite de la policía local, para custodiar a Iglesias.
Fue un gran cambio, porque los custodios de Bordón y Gabrielli habían dependido del D2, que en ese tiempo era el servicio de información de la Policía.
El nuevo trío de la custodia de Iglesias, que lideró como jefe el actual comisario Camilo Ubilla, continuó con Julio Cobos, aumentando a cinco, y también con Celso Jaque los dos primeros años. El malargüino sacó a los cinco y puso una custodia nueva. Pérez la heredó y la aumentó.


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