La empresa donó los fuegos artificiales para la fiesta de fin de año del Colegio Inmaculada Concepción. La institución agradeció públicamente el regalo y generó la bronca de varios padres.
El martes, en Jáuregui, tuvo lugar una escena que bajo distintas metodologías se repite en otros puntos del país. Durante la fiesta de fin de año del Colegio Inmaculada Concepción se agradeció públicamente a la empresa Curtarsa, duramente cuestionada por los vecinos desde hace más de 15 años.
La mención pública despertó el enojo de varios padres, e incluso algunos solicitaron explicaciones a las autoridades de la institución una vez terminado el colorido acto. Como respuesta recibieron la noticia de que la curtiembre había donado los fuegos artificiales que cerraron la actividad y que durante varios minutos sonaron e iluminaron el predio de El Pedal.
Quienes manifestaron su enojo consideraron que se trató de una decisión poco ética y feliz al aceptar donaciones de una industria que tiene nefastos antecedentes en materia medioambiental. A favor del argumento de esos padres, el día de la fiesta Jáuregui volvió a padecer las emanaciones de ácido sulfhídrico que Curtarsa suele regalar a sus vecinos.
Una situación similar vivieron tiempo atrás integrantes de la Asamblea Ambiental, que se acercaron al colegio para solicitar la adhesión de la institución a una de las tantas actividades realizadas recientemente por el grupo multisectorial. A modo de recordatorio interno, en una oficina encontraron escrito en un pizarrón la siguiente frase: “Llamar a la tesorería de Curtarsa”. Los asambleístas no obtuvieron ningún tipo de apoyo.
HISTORIA COMÚN
Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es un concepto relativamente nuevo que establece pautas de vinculación entre las empresas y las comunidades circundantes. Aunque en primera instancia podría considerarse un elemento positivo, la noción muchas veces es empleada como forma de legitimar actividades económicas que terminan siendo nocivas para la salud y el ambiente.
No resulta casual que el concepto sea muy implementado por las empresas mineras que operan, con una fuerte resistencia de las comunidades, en la zona cordillerana del país.
En un libro que compila diferentes artículos sobre la minería a cielo abierto, Maristella Svampa, Lorena Bottaro y Marian Sola Álvarez explican que “no es casual que muchas de las grandes empresas que lideran internacionalmente el movimiento de RSE, con fuertes campañas mediáticas y enormes presupuestos, sean responsables de daños ambientales, sobre todo en las regiones periféricas, donde los marcos regulatorios son siempre más permisivos que en los países industrializados del centro”.
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