El cura Rubén Capitanio cuestionó al sacerdote que reivindicó a Videla y criticó el silencio del obispo Poli

El cura Rubén Capitanio cuestionó al sacerdote que reivindicó a Videla y criticó el silencio del obispo Poli
Finalmente, un sacerdote salió a cuestionar al cura Jorge Luis Hidalgo, quien reivindicó al genocida Jorge Rafael Videla. No es cualquier sacerdote: es Rubén Capitanio, profundamente vinculado con la defensa de los Derechos Humanos.
Capitanio fue compañero del seminario mayor de La Plata del ex capellán de policía Christian von Wernich. Perseguido por la dictadura, se fue a Neuquén en 1976 donde fue acogido por el obispo Jaime de Nevares. Todavía es sacerdote en Neuquén.

Capitanio envió una carta al militante Mario Canoba, para que sea distribuida a los medios de comunicación pampeanos.

En ella, cuestionó a Hidalgo, le pidió que se retracte y que se presente en la Justicia. También lamentó el silencio del resto de la Iglesia pampeana, entre ellos del obispo Mario Poli.

La nota de Capitanio es la siguiente:

Soy un sacerdote católico en Neuquén. Como tal y por exigencia ineludible de nuestra fe católica debo siempre defender de la vida la verdad y la justicia.

Por eso, una vez más, siento el deber en conciencia de -como mandan los Documentos de la Iglesia- denunciar y condenar los crímenes cometidos por la dictadura criminal, "mucho más cuando los gobiernos que los cometen se dicen cristianos" ( Doc.de la Iglesia. 1979 en Puebla).

Ante las conocidas afirmaciones de mi hermano sacerdote, Jorge Luis Hidalgo de la Iglesia de La Pampa, no quiero ni debo guardar silencio.

1) Reconozco que uno puede ser amigo o admirador de quién quiera, pero nunca -sobre todo un sacerdote- traicionar con su conducta lo que debe saber, practicar y enseñar; y mucho menos hacer apología de delitos exhaustivamente comprobados, juzgados y condenados. Es de una incoherencia escandalosa decirse amigo de Jesús y a la vez proclamarse admirador y defensor de Judas.

2) Siento la dolorosa obligación de afirmar que el P. Hidalgo se ha expresado en contra de elementales principios de nuestra fe católica y de la Doctrina de la Iglesia. Esta actitud, mientras no haya rectificación, lo descalifica para ejercer el servicio sacerdotal.

3) Si afirma que "no fueron 30.000 y no eran inocentes" seguramente tendrá pruebas de estos dichos, y entonces tiene la obligación de presentarlas a la Justicia en el Tribunal que corresponda. De todas maneras, espero que la Justicia de La Pampa ya habrá iniciado las obligadas acciones correspondientes al respecto.

4) Me duele profundamente el silencio del Padre Obispo Mario Poli de esa Iglesia Pampeana y de su Comunidad eclesial.

Un silencio que como Iglesia venimos arrastrando como desgraciada infidelidad a Dios y a nuestro pueblo desde hace décadas, una infidelidad que nos impide tener una palabra creíble para nuestra sociedad, porque nos hace cómplices de una prolongada impunidad escandalosa. ¿Quién podrá creernos si somos rápidos en hablar refiriéndonos a palabras o acciones de otros, pero nos escondemos en silencios cómplices cuando de nosotros se trata?

La Iglesia no puede elegir nunca el silencio cuando su deber es hablar.

5) Que el pueblo de La Pampa nos perdone. Que las víctimas de la dictadura, sus familiares y amigos, no tengan en cuenta esta nueva gravísima ofensa de alguien de nuestra Iglesia para con ellos, y quieran recordar que no somos pocos los que desde la misma Iglesia estamos en contra de estas afirmaciones, conductas o silencios cómplices de nuestra Institución.

A los hermanos y hermanas en la fe. Que unamos nuestros corazones para pedirle a nuestro Padre Dios que perdone a este hermano sacerdote, que nos perdone por ser todavía Iglesia que calla cuando debe hablar, y que cada uno de nosotros no nos limitemos a sentir vergüenza y comentar el desacuerdo: que de todas las maneras posibles nos acerquemos a los agraviados más directamente y les pidamos perdón en nombre de toda la Iglesia.

A mi hermano sacerdote Jorge Luis Hidalgo, te ruego me perdones si te hago sufrir, pero ruego para que tengas la necesaria decisión de volver a elegir la Vida de todos y para todos, que te conviertas más al Evangelio de Jesús y que te sometas a la Justicia no sólo de Dios sino también de los hombres, para que triunfe la verdad, brille la justicia, y entonces pueda florecer la paz.

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