Ayer cumplió 25 años de ordenación sacerdotal. Dirige la Celda Histórica de San Martín y estuvo en 75 países, antes de llegar a la provincia por segunda vez.
"Es una pena que no todos conozcamos las bellezas de Ischigualasto, Barreal o el valor de esta Celda Histórica, que representa el importantísimo papel que tuvo San Juan en la gesta libertadora de San Martín", afirmó el fraile dominico que alguna vez estudió Administración de Empresas y hasta soñó con ser marino. "Pero los dominicos siempre estuvieron presentes en mi vida familiar y un día me di cuenta que quería ser como ellos", resumió acerca de su vocación religiosa. Después, la vida sacerdotal lo llevaría por distintos rumbos donde aprendió sobre las diferentes culturas. "Siempre me gustó saber sobre los pueblos originarios. Creo que todos los pueblos de Latinoamérica tenemos elementos comunes, como la lengua y la misma cosmovisión", aseguró.
Entre sus dos estadías en San Juan pasaron 15 años. "San Juan cambió mucho -dijo- porque hace un tiempo, yo me asustaba cuando aquí la gente me decía: ¡Qué van a pensar los vecinos! Hoy San Juan se ha ido abriendo y eso cada vez pesa menos. La industria y la economía han crecido y el mismo turismo nos ha enriquecido con visiones diferentes. Y entre las cosas negativas, creo que la baja autoestima de conocer muy poco lo nuestro y no valorarlo nos juega en contra".
"Yo quiero enseñar lo que dice la Iglesia con serenidad y sin agredir a los demás",dijo, refiriéndose al tema del matrimonio gay. Pero la sonrisa que lo acompañó toda la charla se borró cuando el tema fue la despenalización del aborto: "Con la vida no se negocia. Nuestro primer patrimonio es la vida, en todo sentido y en su totalidad. Está en nuestras manos defenderla", dijo en forma categórica.
Admirador de monseñor Romero y del padre Angelelli, fray Manuel aseguró que hace 25 años, cuando fue ordenado, soñaba con ser un cura mucho más clásico. "Yo quiero ser como Jesús, uno más en medio de su pueblo y desde allí servir. Tenía un modelo que cambió. Algunos santos me fueron perfilando desde otras perspectivas, con modelos concretos. En las crisis, me ayudaron mis amigos, porque los sacerdotes vivimos un misterio muy fuerte de soledad. Gracias a Dios, tengo buenos amigos con quienes puedo reír y también llorar", finalizó.
Comentá la nota