Se cumplen 20 años del día que ningún dorreguense olvidará

Se cumplen 20 años del día que ningún dorreguense olvidará

Es muy difícil para cualquier habitante de nuestra ciudad olvidar aquella aciaga jornada del sábado 10 de diciembre de 1994, cada vez que una tormenta importante se aproxima a la ciudad.

Ese día, alrededor de las 20.25, se desató un violento tornado que produjo innumerables daños materiales, pero que, milagrosamente, no arrojó víctimas.

A dos décadas de una de las mayores catástrofes naturales de la historia de Coronel Dorrego, aún se rememoran aquellas imágenes de calles inundadas, paredes derruidas, techos volados, árboles arrancados de raíz, postes de alumbrados caídos, numerosos automóviles con destrozos por la caída de ramas y vidrieras de comercios rotas con anegamiento de mercaderías, entre otras consecuencias.

Los vientos superaron los 140 kilómetros por hora y la lluvia torrencial, en poco más de media hora, totalizó 105 milímetros.

El tornado, que se extendió durante algo más de 15 minutos, afectó principalmente el caso urbano en dos direcciones: primero, los vientos llegaron del sudoeste y luego giraron, en el epicentro de la ciudad, tomando rumbo norte.

Los árboles se deslizaron hacia los dos laterales y algunos fueron literalmente arrancados de cuajo. Pese a la magnitud de la tempestad, sólo se contabilizaron algunos heridos por vidrios y accidentes menores, propios del estado de nerviosismo que reinaba en el ambiente.

Casi todos los árboles que cayeron lo hicieron hacia el lado de la calle y sólo algunos lo hicieron sobre las viviendas, lo que, en principio, provocó cortes en las arterias por el tamaño de las plantas.

Varios coches que se encontraban estacionados sufrieron roturas de importancia, al caer sobre ellos grandes ramas desgajadas y, en algunos casos, árboles enteros.

El por entonces secretario técnico de la comuna, Esteban Lencina, y el ex director de Obras Públicas, arquitecto Diego Iraola, evaluaron que aproximadamente 350 viviendas resultaron afectadas. Techos volados, mamposterías caídas y voladuras de tapas de tanques, constituyeron algunos de los principales daños.

La mayoría de las casas de la población sufrieron el efecto del agua, ya que las calles eran verdaderos ríos y el agua entraba por las puertas.

Las primeras horas del domingo encontraron a muchos vecinos sacando agua y tratando de secar muebles, colchones y demás pertenencias.

Fueron muchos los comercios afectados, varias vidrieras rotas y anegamientos con pérdida de mercadería, aunque, en algunos casos, el perjuicio mayor lo padecieron los alimentos al quebrarse la cadena de frío.

El taponamiento de canaletas hizo que algunos negocios y casas de familia soportaran la caída de los cielorrasos.

La labor de Defensa Civil

No bien comenzó la tempestad, Defensa Civil organizó la tarea de auxilio desde el cuartel de Bomberos Voluntarios. Justamente, fue el edificio de los servidores públicos uno de los más damnificados. Este fue el único sitio de la ciudad con luz eléctrica, generada por un grupo electrógeno.

Los bomberos recibieron la colaboración del personal municipal, que trabajó arduamente durante toda la noche del sábado y parte del domingo, conjuntamente con la policía local.

La Dirección de Vialidad de la Provincia de Buenos Aires envió palas y camiones, mientras que las autoridades comunales dorreguenses tomaron contacto con el ex gobernador Eduardo Duhalde y, a través de su esposa, Hilda González, con el Consejo Provincial de la Mujer. Este organismo se comprometió a proveer chapas, maderas y otros materiales.

Operarios de la Cooperativa Eléctrica también se sacrificaron para remediar los inconvenientes planteados, mientras que al propio intendente de entonces, doctor Pedro Testani, se lo vio el sábado a la noche con botas de goma en el Hospital Municipal, colaborando con las enfermeras y con el personal de servicio para poner a buen resguardo los distintos elementos que se vieron afectados por la lluvia.

Los sitios más afectados

* El histórico teatro de la Sociedad Italiana no pudo soportar sobre sus viejas espaldas la violencia del temporal y quedó destruido.

* El Teatro Municipal sufrió rotura de chapas, mientras que una cancha de fútbol 5 que funcionaba en el tinglado del Club Sirio también fue arrasada.

* El Hospital Municipal padeció la voladura de una parte del techo, de unos 40 metros cuadrados, que se desplomó sobre los consultorios y sala de espera.

* Teléfonos y energía eléctrica fueron los servicios públicos más deteriorados.

Un pueblo con el ala quebrada

Con el título “Tarde o temprano, volverá a volar”, el periodista dorreguense Néstor Hugo Machiavelli escribió –el lunes 12 de diciembre de 1994– una crónica en el diario La Nueva sobre el recordado tornado.

Machiavelli vivió el fenómeno entrando a esta ciudad por la ruta de acceso, viniendo de Monte Hermoso. Los principales párrafos de aquel artículo son:

“Es una mezcla de tristeza y alegría porque las ráfagas de más de 140 kilómetros por hora destrozaron a Dorrego y se llevaron gran parte del cereal a punto de cosechar, pero milagrosamente las 10.500 almas que habitan la ciudad cuenta el cuento del que nunca se imaginaron –nos imaginamos– protagonistas.

“Todo ocurrió sorpresivamente al caer la tarde del sábado, cuando un cóctel infernal de vientos huracanados, agua y granizo, barrió transversalmente la ciudad, con una furia jamás vista en toda su historia.

“Los fieles que asistían a la misa vespertina en la iglesia, frente a la plaza, pensaron que llegaba el fin del mundo. Se rompieron los vidrios y en medio de la desesperación, los feligreses más calmos se recostaron en las paredes, mientras otros querían salir del templo por temor a que cayera.

“A dos cuadras, hijos de italianos que preparaban el salón del centenario teatro de la colectividad, alcanzaron a salir sanos y salvos antes de que el techo se derrumbara…

“… Sin medios de comunicación, de boca en boca, a medianoche existía la certeza a medias de que no había víctimas fatales, porque circulaban versiones que había desaparecido una criatura de dos años, lo mismo que una anciana y el sereno de una empresa en las afueras de la ciudad.

“Se terminaron las velas, los curiosos se fueron a sus casas y a la medianoche un silencio sepulcral se apoderó de Dorrego, sólo alterado a las 2 de la mañana, cuando comenzó a silbar un viento que pareció la revancha del huracán, pero a los 20 minutos cesó.

“El amanecer de ayer fue como levantar el telón de una obra macabra.

“La ciudad, en carne viva, mostraba las heridas.

“Me queda la imagen de una paloma con el ala quebrada que caminaba alrededor del monumento al Coronel Dorrego en el centro de la plaza principal.

“Este pueblo de 100 años, como esa paloma, tiene el ala quebrada, pero más tarde o más temprano, volverá a volar”.

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