El MPN celebra este jueves 4 de junio el 54º aniversario de su creación. Fue en 1961, durante los años de proscripción del peronismo, que este partido labró su primera acta. Ganó todas las elecciones provinciales desde que se presentó. También las de este año, validando su notable vigencia.
Así, el MPN gobierna Neuquén desde 1963. Aquel año asumió su primer gobierno Felipe Sapag, mientras Elías, su hermano, comenzaba su largo periplo en el Senado de la Nación. Los Sapag fueron parte del grupo fundador, y líderes indiscutidos del partido durante más de cuatro décadas.
Desde 1963, el apellido Sapag se instaló en la Casa de Gobierno neuquina en seis períodos constitucionales. Cuatro cumplió (dos veces interrumpido, aunque no desplazado del centro de la escena, por golpes militares) Felipe. Dos se apresta a completar su sobrino, hijo de Elías, Jorge Augusto. Un período cumplió Pedro Salvatori, dos Jorge Sobisch. Ahora, desde diciembre, comenzará otro apellido su ciclo en el parnaso emepenista, con Omar Gutiérrez.
El MPN cumple sus 54 años transformado ya en una experiencia política única en el país. Es motivo de estudios, ensayos, y explicaciones variopintas sobre los por qué de tal fenómeno singular. Es elogiado y criticado por esta circunstancia, que ha transitado esquivando con pericia las inevitables asociaciones con otras experiencias caudillistas en Argentina.
Dueño de su propia historia, el MPN celebra con aires juveniles contrastantes. Enfrenta la coyuntura montado en la promesa revitalizadora que supone la explotación no convencional de hidrocarburos en Vaca Muerta.
Como aquel conductor de radio y TV de otras épocas, el MPN mira hacia el futuro afirmando que lo mejor está por venir.
Si esto será o no así, está por verse. Mientras tanto, es imposible negar la evidencia de una vigencia inapelable.

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