Marca su desacuerdo con la despenalización de la marihuana sustentado en que se adapta sólo al discurso de la clase media. Confirma que desde 2007 "hay paco en Olavarría" y concede que donde "hay paco, hay cocina de cocaína".
En ese contexto, "el objetivo ya no es más que se dejen de drogar los chicos, si bien propiciamos la abstinencia, el trabajo, la meditación sobre los daños que les causa el consumo de drogas y cómo el consumo de drogas influye en tu conducta social y personal, la idea fundamental es que esa persona sea libre y que pueda actuar con amor responsable".
Sin embargo, frente a esos cambios permanece inalterable la mirada del otro. "El estigma siempre está presente y la automarginación de la persona que en algún momento consumen drogas, están en tratamiento o dejaron de consumir". Así, "es poca la gente que se anima a decir 'yo salí de esto', sobre todo porque el estigma todavía pesa más".
Hoy en día, al hablar de libertades individuales y sobre el "derecho individual de cada persona de poder decidir por sí lo que quiere hacer, acá se mete el consumo de drogas". Simultáneamente "empieza el discurso del control y la regulación del consumo, se empieza a tomar a Uruguay como un caso que no se sabe si va a tener éxito porque no tuvo éxito en los casos europeos y en realidad no es que tengamos una cultura diferente a Europa respecto de eso, sino que el consumo de drogas se utiliza para soportar la vida cotidiana", subraya.
Con 25 años de experiencia en Cumelén, Vera cita que las drogas se utilizan para asimilar "el mal manejo de la frustración, de la ansiedad, los impulsos, la baja autoestima que te producen algunas situaciones de la vida cotidiana, los miedos, las situaciones que pueden traer conflictos, las angustias que producen estas situaciones y de las cuales no se puede salir".
Pero en ese intento por mejorar, en un primer momento las drogas "empiezan por solucionar". En apariencia, "las drogas no hacen mal, por eso cuando uno empieza a consumir drogas se siente fantástico, porque resuelve sus problemas y cómo le vas a decir que le va a hacer mal si a él en ese momento le hizo bien y amaneció al otro día y no le hizo nada, para él le va a hacer bien y encima el discurso social se lo permite", destaca.
Policonsumo
Ese discurso de "la despenalización de la marihuana influye en los jóvenes sobre todo. He atendido a chicos de 9 y 10 años que me dicen 'el médico receta la marihuana para curar' y como él se sentía enfermo, empezó a fumar. Entonces, socialmente hay un discurso totalmente permisivo y fuera de todo tipo de responsabilidad".
Más allá de ese argumento, al realidad es que "los chicos consumen lo que sea para probar, para estar distintos". Pero "no tienen una droga de elección porque hoy el tema es policonsumo. Sí puede ser que difiera un poco la droga de inicio, pero generalmente todos fuman cigarrillos y toman alcohol. Hay muy pocos que después de consumir alcohol no hayan seguido con otras cosas".
A partir de esa postura, Vera señala que "el tema de la marihuana es más aceptado que el tema del paco" y no duda en confirmar que "hay paco en Olavarría desde 2007", basado en la "evidencia de chicos" que han llegado hasta Cumelén por esa causa. Pero lo más grave es que "se supone que donde hay paco, hay cocina" y razona que "no va a ser tan falaz la afirmación", ya que "transportar el paco desde otro lado cuesta mucho más" y no sería redituable. "Y donde hay cocina, hay cocaína y eso tiene que ver con lo que dijo el CPA en sus estadísticas, que ellos tienen como droga de mayor consumo que están atendiendo a la cocaína".
Acerca de los pacientes que son recibidos en Cumelén, "trabajamos con un perfil de chicos con características delincuenciales, que han cometido delitos por el tema de drogas. En este momento estamos atendiendo a 30 personas. Lo mayoritario que tenemos es la franja de 14 a 25 años, también hay una persona de 48 años y un chico de 12".
Vera en este punto hace un digresión y enfatiza que "hemos llegado a atender a 45 personas", pero "estamos en permanente reacomodamiento de las necesidades" y cuesta mantenerse porque "las ONG como la nuestra siempre están metidas en los problemas de las cuestiones político-partidarias en las políticas públicas. Porque una cosa son las leyes y otra cosa es la necesidad. Una cosa es el que se sienta allá arriba a diseñar cómo sería lo ideal y otra cosa es el territorio: qué está pasando, qué está pasando con el chico".
Política clara
En el año 2007 se promulgó la Ley de Niñez y Adolescencia, y ese cambio significó una crisis "porque fue salvaje el cambio de paradigma. Se perdieron muchos chicos por culpa de eso, se cerraron hogares y comunidades terapéuticas, nosotros teníamos dos y sacamos una de circulación". En la transición, "las instituciones tardamos tres meses en adaptar nuestro sistema porque ya veníamos trabajando pero el Estado provincial todavía no se pudo adecuar del todo porque no puede dar respuestas enmarcadas específicamente dentro de la ley y tiene que romper el cerco para poder dar una respuesta".
Un caso ejemplar es que "los chicos menores de 14 años no se podrían internar, pero este chico del que hablo tiene 13, fue internado a los 12. El reglamento dice que no se pueden internar chicos menores de 14 años, pero este chico estaba mal y el propio Estado quebrantó su propia ley".
En cuanto al Estado nacional, tampoco se ha establecido "una política clara de qué vamos a hacer porque aparece la ley nacional de Salud Mental y Adicciones, que pone a las adicciones dentro del ámbito de la salud mental". En ese marco, "se crea la Dirección Nacional de Salud Mental, y como vicepresidente de la Federación de Organismos No Gubernamentales de la Argentina para la prevención y el tratamiento del abuso de drogas (Fonga) firmé el convenio para el acuerdo y el apoyo al plan nacional de Salud Mental que salió en octubre de este año".
Como su puesta en vigencia podría significar el cierre de Cumelén, dado que "para el año 2020 tienen que estar cerradas todas las instituciones monovalentes, donde habla de los psiquiátricos y de las comunidades terapéuticas", a partir de ese momento las atenciones se brindarían "en el ámbito de los hospitales públicos, pero vamos a trabajar en estos siete años permanentemente con los legisladores" para cambiar esa percepción.
Con ese pensamiento, Vega resalta que "adhiero en que hay que respetar los derechos humanos; hay que modificar ciertas estructuras que están viejas; hay que capacitar al personal, que no hay; y hacer todo un programa de discusión. Es una ley pensada para atacar los neuropsiquiátricos y todo el tema de la atención porque son salvajes, y también se puede contemplar el tema de algunas comunidades terapéuticas que son muy estrictas, y desde ese punto de vista se las ve como un contexto de encierro".
Pero la experiencia local marca que "el tema del contexto de encierro lo aprovechamos para brindar educación, que es un derecho, y no por el hecho de que sea un contexto de encierro el chico tiene que estar dos, tres o cuatro meses, después irse y perder la escuela durante todo el año. Apoyamos la cuestión en general, pero vamos a discutir estas cosas porque nos parece que el que está diseñando las políticas públicas no está mirando todo".
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