Culminaron las caminatas exploratorias por el río Luján

La propuesta estuvo conformada por cuatro recorridas que se extendieron entre Luján y el límite con Mercedes. La quinta expedición tuvo lugar en la zona conocida como Cañada de Rocha. En ese sector cercano al camino a Carlos Keen fue hallada una estructura subterránea que se remontaría al siglo XIX.

Hace aproximadamente 140 años, el naturalista y antropólogo lujanense Florentino Ameghino, caminaba las barrancas del río Luján, desde el antiguo puente de la actual calle Dr. Muñiz, hasta la ciudad de Mercedes, en busca de restos fósiles. Cumplía ese trayecto para fundamentar sus ideas acerca de la evolución, que más tarde plasmaría en sus múltiples trabajos científicos.

Ameghino tenía el placer de recorrer los casi 31 kilómetros que el río le ofrecía, desde su casa natal en Luján hasta la ciudad vecina, porque estas riberas eran un paraíso de huesos de gliptodontes, tigres dientes de sable y megaterios, que enclavados sobre los paleosuelos y las barrancas, esperaban que las manos del sabio lujanense se posaran sobre ellos para ser cuidadosamente clasificados. El río y sus costas eran un magnífico tesoro paleontológico, que rápidamente conducirían a Florentino a exponer sus ideas en todo el mundo.

Casi medio siglo después, con ese mismo espíritu, el arquitecto especializado en Patrimonio e histórico integrante del Museo Casa Ameghino, Edgardo Ludueña, -con el auspicio de la Secretaría de Producción, Turismo y Cultura y la Dirección de Cultura de la Municipalidad-, fue el encargado de organizar las caminatas por las barrancas del río, en un revivir de los propósitos que impulsaron al genial paleontólogo: relevar flora y fauna, el estado del río, la búsqueda de restos fósiles y vestigios arqueológicos.

La semana pasada culminaron esas caminatas, como parte de una serie de expediciones abiertas a la comunidad que comenzaron en enero.

El quinto y último destino de exploración se desarrolló en la llamada Cañada de Rocha, un escenario natural e histórico distinto a los anteriores. El guía especialista de la recorrida fue el historiador Jesús Binetti, convocado con el propósito de registrar restos constructivos de la antigua Cañada de Rocha, primera posta del camino real saliendo de Luján hacia el norte. Un equipo periodístico de este medio se sumó a la recorrida que contó con valiosos datos aportados por Juan Lanatti, un productor agrícola de la zona. El vecino informó sobre las ubicaciones de construcciones aún en pie como los viejos almacenes de Urriza e Inzuzarre.

Al binomio Ludueña-Binetti se sumó el investigador Federico Suárez, quien comparte con sus compañeros de exploración la pasión por la tarea de desentrañar un pasado que presenta tantas certezas como interrogantes. La recorrida les permitió encontrar una nueva duda: una estructura subterránea cubierta con postes de madera dura (posiblemente ñandubay) y en su interior ladrillos que, al menos desde una mirada superficial, parecen remontarse a mediados del siglo XIX. Las primeras hipótesis, que deberán ser analizadas, indican que lo hallado puede haber pertenecido a la estructura de la vieja Escuela 8 o al almacén de los Urizar, una familia vasca que se asentó en la zona.

Consultado por este medio, Binetti explicó que “la Cañada de Rocha, junto con la Cañada de La Cruz, fueron las primeras dos postas que se encontraban saliendo de Luján hacia Areco”. Al respecto, destacó que “son dos lugares de interés porque, a diferencia de las postas ubicadas hacia Buenos Aires, se siguen manteniendo en un espacio rural y poco transformado”.

El historiador dijo que “lamentablemente, Cañada de La Cruz está hoy en jurisdicción de Giles, pero nos queda Rocha que no sólo está en Luján, sino en una zona de creciente importancia para el turismo rural e histórico, y ya en 1964 Federico Fernández de Monjardín pregonaba la necesidad de investigar este lugar”.

La Posta de Rocha se construyó hacia 1663, contemporáneamente a la oficialización del Camino Real. Esa construcción resultaba una forma de otorgar garantías de seguridad a quienes transitaban por esos desolados parajes, a la vez que funcionaba como una aduana interna. “Justamente estamos tratando de profundizar en la importancia de este lugar”, dijo Binetti.

LA SÍNTESIS

El cronograma de recorridas se inició el miércoles 9 de enero, desde el casco histórico de la ciudad de Luján hacia Jáuregui. A la semana siguiente, las exploraciones se concentraron en esa última localidad. El 23 del mes pasado, la travesía se ubicó en el tramo del río comprendido entre Olivera y Jáuregui. La anteúltima llegó hasta las inmediaciones del arroyo Balta. Allí se registraron gran cantidad de paleosuelos y extensa vegetación, aunque menos encajonada que en tramos cercanos al casco histórico de Luján.

“El objetivo de estas salidas fue registrar la situación natural del río Luján, lo concerniente a restos paleontológicos que suelen encontrarse enclavados en sedimentos. Con la ayuda de historiadores y vecinos de Luján, quisimos documentar el estado actual de dichas barrancas en su curso natural. Fuimos sobre los mismos pasos de Francisco Javier Muñiz y Florentino Ameghino. También estuvimos en la zona del cruce de Charles Darwin, a 180 años del mismo. Más acá en el tiempo, estas tierras fueron recorridas y relevadas por José Mignone y Juan Carlos Recarey”, explicó Ludueña.

Además del valioso tesoro paleontológico que conserva en sus entrañas, el río y sus riberas fueron testigos silenciosos de diferentes hechos históricos. En ese sentido, Suárez expuso que “las crónicas más antiguas registran un río que desbordaba por las lluvias, pero que tenía una gran escasez de madera; y esta era una zona de estancias, riberas que pertenecieron a mujeres propietarias como Ana de Matos y más tarde Magdalena Gómez de Altamirano, que por sus acciones para poblar su estancia, dieron lugar a los primeros pobladores lujanenses”.

“Esas mujeres tuvieron que enfrentar los peligros de la época de la conquista, como los contrabandistas, y el accionar indígena, que en legítima defensa de sus dominios maloneaban la zona. Por aquí anduvieron los caciques Tubichamini, Calelian y hasta los tehuelches de Cangapol. Cerca del puente Muñiz, existió una reducción indígena que fue abandonada en 1712 por la existencia de la viruela, que en esos años azotaba al indio”, agregó.

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