El Obispo saliente recibió un homenaje en el recinto de sesiones y comprendió que Mar del Plata tiene “grandes potencialidades pero aún también grandes amenazas” y agregó “puede aportar algo al país en cuanto a la necesidad de tolerancia”
Marcelo Artime fue el encargado de despedir a Puiggari, en su rol de presidente del cuerpo deliberativo. Dijo que “en los últimos días muchos tuvimos un sabor amargo por pensar en tenerlo más lejos, porque ya no vamos a compartir muchos momentos”.
Rescató, enseguida, que “las personas más necesitadas encontraron en él un refugio, más allá de su rol, en su persona. Encontraron un espacio que reconforta, que da tranquilidad”.
“Nos deja un trabajo pastoral absolutamente reconfortable, y ese plus que tiene que ver con su persona: supo aportar prudencia, su paciencia, tolerancia y calidez”, añadió Artime.
Además destacó las reformas que se hicieron en la Iglesia Catedral. Agradeció sus años en la ciudad al frente del Obispado y apuntó que se trata de “una despedida en la proximidad, pero no en lo espiritual”.
Acto seguido, el presidente del Concejo entregó a Puiggari una nota firmada por todos los bloques políticos donde se deseó “la mejor gestión” como Arzobispo de Paraná y se agradeció “el ámbito propicio para la consulta, la reflexión y el acompañamiento pastoral” que supo brindar.
Cuando se le cedió la palabra a Monseñor, sacó tres hojas donde llevó anotado su discurso. Agradeció la iniciativa y agradeció también “la buena acogida que siempre he tenido en los distintos ámbitos políticos de la ciudad: siempre me sentí escuchado y respetado, sabiendo que no siempre compartíamos la fe y las posiciones”.
Después de apuntar percibir “un signo de madurez y tolerancia”, Puiggari señaló: “Creo que Mar del Plata puede aportar algo al país en cuanto a la necesidad de tolerancia y aceptación de la realidad pluricultural”.
Destacó “la política como una vocación noble cuando se tiene por finalidad el bien común” y que “la actitud de servicio es lo que ennoblece al funcionario público y no la búsqueda de poder por el poder”.
“Les pido como un marplatense por adopción que está pronto a partir, que cuiden esta maravillosa ciudad, la cual tiene grandes potencialidades, enormes desafíos, pero también grandes amenazas”, sostuvo.
“Mar del Plata -sumó- no es una simple ciudad en la Argentina. Tiene una responsabilidad nacional y continental. La ciudad tiene alma y hay que saberla escuchar: no siempre expresa sus necesidades y temores por la palabra fuerte del reclamo, muchas veces lo hace con sus silencios”.
Luego, enumeró recomendaciones para la ciudad: “Mar del Plata tiene que mirar su pasado para que sea inspirador de su futuro. Tiene que cuidar sus riquezas, las naturales y las arquitectónicas”.
Para el Obispo saliente “las familias son víctimas de un nuevo colonialismo, que nada tienen que ver con nuestros orígenes” y entendió que “si no hay familias sanas, tampoco habrá sociedad sana”.
Y luego apuntó como “verdaderos cánceres para esta institución fundante de la sociedad”, a la prostitución “que en estos días tuvo impacto en los medios”, la droga y el alcohol.
Por último, se refirió al año eleccionario que se transita. “Dios quiera que sea una oportunidad para el debate maduro de ideas y de propuestas. Necesitamos la madurez del diálogo y no la descalificación gratuita que tanto mal nos hace”.
Rodeado de afecto, se despidió de todas las personas que ayer se acercaron al homenaje realizado en el recinto del Concejo Deliberante. Hubo emoción, besos y abrazos hacia Puiggari, que horas más tarde daría su última misa en la ciudad como Obispo de la Diócesis marplatense.

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