El ex jefe de la misión norteamericana en la isla, entre otros especialistas, urgieron a modernizar el vínculo con la isla caribeña.
La Declaración de la cumbre, firmada por los jefes de Estado latinoamericanos y caribeños, fue objeto de una enérgica respuesta del Departamento de Estado, para quien el documento “traicionó la dedicación declarada de la región a los principios democráticos”.
“Me parece que Cuba tiene sobre los gobiernos estadounidenses el mismo efecto que la luna llena tiene sobre los lobizones”, dijo el ex jefe de la misión norteamericana en La Habana Wayne Smith. En su visión “no hay ninguna razón para que los países no tengan relaciones normales. Nuestra política hacia Cuba es emocional, no es pragmática, no es sensible, y además va contra nuestros propios intereses”.
Por su parte, Geoff Thale, del Washington Office on Latin America (WOLA), explicó que la política estadounidense hacia Cuba “lamentablemente se ha quedado empantanada en el pasado. Fue definida en la Guerra Fría y nunca ha sido reformada desde entonces”.
Thale recordó que el presidente Barack Obama fue a Miami y dijo en un discurso que era el momento de actualizar la política hacia Cuba. “Una política que fue definida hace 50 años no tiene sentido en la actualidad”, precisó. Sostuvo luego que todo el proceso de la Celac demostró “que nadie más en el continente comparte nuestra posición con relación a Cuba”.
Algunos países, añadió, firmaron la declaración porque “se sienten cómodos” con el sistema cubano, otros porque entienden que Cuba tiene el derecho a tomar sus propias decisiones, y aún otros porque entienden que hay un proceso de cambio en la isla.
“Pero en cualquier caso, firmaron porque nadie más cree que la política de Estados Unidos de aislar a Cuba funcione”, señaló.
Para Smith, la permanencia de la isla antillana en la lista de países que apoyan el terrorismo es el ejemplo más claro de la diplomacia de Washington hacia La Habana. “La situación no es racional. Mantenemos a Cuba en esa lista aún cuando no tenemos evidencia de que Cuba está envuelta en actividades terroristas”, apuntó.
EE.UU., dijo el diplomático, “tiene relaciones con países que no son mucho más democráticos que Cuba, o países con lo que hemos ido a la guerra. Pero no con Cuba”.
Mavis Anderson, del Latin America Working Group (LAWG) en Washington, sostuvo por su parte que EE.UU. “debe darse cuenta de que está en una posición de aislamiento y escuchar que el continente dice que esta política está obsoleta, es cruel y precisa cambiar. Y el cambio debe empezar por retirar a Cuba de la lista de países terroristas”. Agregó que si es tan difícil para EE.UU. cambiar esa política es debido a “la política doméstica. Los gobiernos temen a los más rígidos miembros del Congreso de origen cubano norteamericano”.

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