Cuestión de Entendidos

Cuestión de Entendidos
La semana que pasó estuvo entretenida por los planteos mediáticos de Alberto Rodríguez Saa a lo que parece lo más fuerte de las políticas culturales del Gobierno actual, que son las que dejó en ejecución el propio Alberto.
El productor artístico Javier Faroni y el productor musical Oscar Mediavilla cayeron en la desgracia gubernamental luego de la metralla descargada desde el programa radial Sol y Luna, en el que el ex Gobernador apacigua su agobio político, bajo la sombra fresca de los cedros que abrigan su propiedad en El Durazno.

Aunque en realidad era dable de esperar que algo como lo que pasó sucediera. Rodríguez Saa, como hombre público se ha mostrado como una persona un tanto insistente, con una energía redoblada, por decirlo así, al momento en que una cosa se le pone en la cabeza. O lo que alguno de los “amigos del campeón” (como dijo Mediavilla) se lo acercan y le resulta entretenido o importante.

Y el Alberto ahora es artista, actor. Ya lo era, músico, pintor y escultor. La verdad es que el hombre siempre mostró su costado artístico, pero claro, compartía roles con la obligación de ser funcionario público y, hasta - diría yo - fue Gobernador de la Provincia. Y no creo que haya imaginación posible para acomodarse a un Gobernador de Provincia que sale de gira con sus amigos actores. Aunque algo de eso hubo también durante su mandato de 8 años al frente del Poder ejecutivo de San Luis, ahora lo es de tiempo completo. Con entorno del artista y todo.

Los proyectos culturales provinciales, “San Luis: Capital Nacional del Teatro” y “La Casa de la Música”, respondieron a necesidades políticas, de políticas de Estado, distintas, pero tuvieron rumbos y, ahora se ve, finales parecidos.

Encaminando a la Provincia en un modelo turístico novedoso, y no compartido por la oposición política de Rodríguez Saa, se armó la idea de convertir a San Luis, primero durante la temporada de verano y luego durante todo el año, en una plaza teatral de importancia.

En su momento los productores locales no mostraron, eso pareció por aquel tiempo, la envergadura empresarial suficiente para afrontar el proyecto que es ambicioso: traer a San Luis - en plena temporada de Carlos Paz y Mar del Plata - a las principales compañías nacionales.

Desde un principio se reconoció que por la relevancia turística de San Luis, esto estaba destinado a ser deficitario. Sin embargo agregaba - y lo hace todavía - alguna fortaleza a la propuesta vacacional de la provincia que, es obvio, se traduce en el crecimiento económico del sector que, a su vez, favorece al Gobierno. Pero, también es obvio, que los empresarios no trabajan solo por la gloria.

Y no resulta extraño pensar, entonces, que devenido en actor, el Alberto y sus amigos, los actores y productores “vocacionales”, vayan por la Gloria de convertir a San Luis en la Capital Nacional del Teatro. En el medio Javier Faroni, el caído en desgracia oficial, viene cumpliendo, con sus más y sus menos, lo acordado y, obvio, haciendo su negocio. Y parece que tenía intenciones de hacerlo más grande explotando un teatro en Villa Mercedes, con más plata del Gobierno.

Los que vengan no tendrán mucho por inventar. Las mismas compañías, en las mismas fechas, con igual origen de fondos- plata del Estado- y, veremos, si resultan más clavo que el clavo que están sacándose de encima ahora con Faroni. Los antecedentes en la materia tienen algunos casos dignos de recordar, aunque ya nadie los recuerde. El negocio del espectáculo está desarrollado por logias que mezclan relaciones con dinero y en el que no es tan fácil ingresar.

La Casa de la Música ha tenido motivaciones culturales que todavía merecen un mejor debate. Los sectores políticos, artísticos o comunicacionales no tuvimos la oportunidad de un debate más creativo con esa idea. Es probable que se le haya dado, desde la oposición, el mismo tratamiento que a la plata para los equipos de básquet que armó el Alberto o a otros eventos que no tienen la importancia cultural que tiene la Casa de la Música. Sin embargo todos han tenido el mismo ímpetu impulsor, la misma energía creadora. El mismo ex Gobernador los imaginó, los puso en funcionamiento, los financió con plata del Estado, designó a los ejecutores y ahora es el quien los despide. Esta vez por su programa de radio, sin decretos.

No obstante todo esto, para quienes entendemos que el debate de las políticas públicas es central en la Democracia, asumimos que Rodríguez Saa opinó desde su visión, sin ninguna responsabilidad pública -de gestión, quiero decir- sobre algo que le interesa y de lo que es origen y principal impulsor. Pero no dependen de él la rescisión de esos contratos que, se anunció oficialmente, van a ser rescindidos.

El gobierno no participó de este debate. Y uno se pregunta si tiene con quién participar. Si tiene jugadores con los que salir a la cancha y mostrarse con opinión y decisión propias. Desmoraliza que la autoridades provinciales todo lo que tenga para decir sea lo que han dicho y hecho, es decir, sin agregar más contenido a la determinación tomada.

Parte de la platea de este show nuevo, ofrecido por los actores mencionados, está compuesta por un importante segmento de la comunidad cultural sanluiseña que no participa de la lluvia de recursos que riegan algunos campos de la cultura, pero que están seguros que esta historia repite capítulos, aunque los que ahora se disputen la parte de león, sean otros actores: Esos que saben “entender” el mensaje de los nuevos tiempos políticos de la Provincia.

Eduardo Olivares, para SanLuis24.com.ar

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