Osvaldo Martínez fustigó contra el fiscal y los familiares de dos de las cuatro víctimas. En medio de la audiencia, se sacó la ropa y mostró su torso desnudo para explicar que ninguno de los testigos advirtió su vello excesivo
El estudiante de ingeniería Osvaldo “Alito” o “Karateca” Martínez (31) requirió de dos horas para desplegar su declaración ante los jueces. En medio del relato, se sacó la ropa y dijo que aquellos testigos que aseguraron haberlo visto en la noche del cuádruple crimen con el torso desnudo, curiosamente, no advirtieron la cantidad y la oscura pigmentación del vello que posee en hombros, pecho y espalda.
En rigor, Patricia Godoy (una vecina), el remisero Marcelo Tagliaferro y el coimputado Javier “La Hiena” Quiroga son quienes mediante sus declaraciones dijeron haber visto a Martínez sin remera y ninguno de ellos dio detalles sobre su abundante vellosidad.
Ayer, Martínez cargó contra el fiscal Alvaro Garganta. Dijo que “enfocó” la causa para implicarlo e insistió con que el único asesino es el “cagón” de Quiroga, el otro acusado en este juicio que se ventila desde hace un mes en los tribunales penales de 8 y 56.
Del fiscal también dijo que incurrió en “innumerables errores”. "Yo busqué y busco la verdad ya que una de las chicas que estaba ahí era mi novia y la asesinó esa persona que está sentada ahí", enfatizó.
Martínez recordó un momento decisivo frente al doctor Garganta: “Las pruebas que solicité fueron denegadas por el fiscal, cuando el ADN me dio negativo me dijo en su despacho ‘ahora te ponemos como coautor’, ahí me di cuenta que no era una persona de fiar”.
Y rememoró que durante el allanamiento a su vivienda, en el lugar había diez pares de calzados talle 41 y uno 42. (El fiscal) “sólo se llevó el 42”, esbozó Martínez, indignado. “Es obvio que calzo 41”, enfatizó, en torno a que en la escena de la masacre se encontraron huellas de pisada de un calzado talle 42.
Un aspecto que causó sorpresa en la sala de juicio fue que durante la extensa declaración de Martínez, el fiscal Garganta, se mantuvo con la vista baja. No lo interrogó. El “Karateca” precisó entonces que el fiscal debía haberle dado "verdad y justicia": "La necesitaba de él”, reclamó.
“Nunca escondí nada”, puntualizó Martínez, al recordar que fue él quien le abrió las puertas de su casa al fiscal y a los policías que lo detuvieron. “Tras el procedimiento desaparecieron efectos personales de mi propiedad y nunca” los recuperé”, consignó. Martínez está siendo juzgado en este debate oral junto a Quiroga (36) por el cuádruple crimen de Bárbara Santos (29), su pequeña hija Micaela Galle (11), su madre Susana de Bárttole (63) y una amiga de ésta Marisol Pereyra (35), masacradas a golpes y puñaladas entre la noche del 26 de noviembre y la madrugada del 27 de noviembre de 2011 en el PH de las calles 28, 41 y 42.
“Lo único verdadero es que sos un cagón”
Si de cuestiones pendientes se trata, Osvaldo Martínez expresó que en este juicio le hubiera gustado tener la posibilidad de formular preguntas a los testigos, sobre todo al imputado Quiroga. “Tenía la esperanza de hacerlo, lo único verdadero de tu declaración es que sos un cagón”, dijo, mirándolo a la cara.
Es que “La Hiena” Quiroga declaró el martes pasado y pidió “perdón” a los familiares de las víctimas, se dijo “inocente” e incriminó otra vez a Martínez: "Pido perdón por no haber podido hacer nada por salvarlas". De ese modo, insistió con que estuvo en el lugar pero que no mató a las víctimas.
Extrema tensión en la sala
“Tagliaferro fue contradictorio. Al principio relató que logró ver a la persona que salió a atender a su pasajera, pero que no estaba en condiciones de reconocerlo”, recordó Martínez. Dos días después el remisero amplió sus dichos ante el fiscal y luego de haber visto la foto del acusado en un diario, dijo estar en condiciones de reconocerlo en una rueda a la que fue acompañado por el abogado Fernando Burlando.
El ADN no te pertenece pero te vamos a poner como coautor”
Al cuestionar la actuación del fiscal Garganta, Martínez dijo que cuando se comprobó que el ADN encontrado en la escena del crimen no le pertenecía, “por un momento pensé que con eso tenía mi libertad. El fiscal vino y me dijo ‘El ADN no te pertenece y ahora te vamos a poner como coautor’. Lo miré y no podía creer lo que me estaba decidiendo. Él primero había dicho en los medios que estuvo una sola persona en el lugar, y ahí me di cuenta de que encausó la investigación para inculparme a mí”

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