Cuentas pendientes en materia energética para 2014

Cuentas pendientes en materia energética para 2014
Argentina terminará importando en 2013 un 40% más de energía que el año pasado. La desinversión y la falta de control están en el ojo de la tormenta. Análisis de la situación y qué hacer para empezar a revertir la crisis

El país se encamina a cerrar el año con otro récord en importación de energía, situación que está desangrando las finanzas del Estado, y que el Gobierno nacional está lejos de poder resolver.

Durante este año distintos especialistas en energía alertaron que la suba interanual en materia de importación energética se encaminaba a ser del 40% comparada con 2012. Tal como se preveía, el país terminará el año habiendo gastado una friolera de 14.000 millones de dólares cuando en 2012 había desembolsado 9.266 millones de dólares.

En ese marco, y mientras YPF se encuentra en una aguda crisis, el directorio de la empresa con Miguel Galuccio a la cabeza se aumentó un 67% el sueldo, con el visto bueno del mismo Gobierno nacional que intenta poner todos los años un techo bajo a las paritarias.

A su vez, a fin de año el país explotó por el desastroso estado de la infraestructura energética, presa de la desinversión agudizada en los últimos diez años y la falta de control del Gobierno sobre las empresas privatizadas que tienen la concesión del servicio.

Problemas a resolver

En este marco, Hoy dialogó con Félix Herrero, especialista en energía y exdirector de Yacyretá durante el último gobierno de Perón, sobre los principales desafíos del país en materia energética.

“Queda claro que uno de los problemas principales para resolver en 2014 es la falta de inversión en el sector de la energía eléctrica. Para esto, hay que tener en cuenta que durante cuatro años es necesario garantizar una inversión de cuatro mil millones de dólares. Se trata de inversión nueva en el sector eléctrico, de 16 mil o 17 mil millones de dólares en total”, señaló.

Por otra parte, Herrero destacó: “El otro tema es la cotinuidad en la emisión de gasto para importar gas natural licuado. Está prevista la llegada de 50 barcos en el puerto de Ingeniero White y 50 en el de Escobar, pero se prevé que el año que viene van a subir a 110 o a 120 descargas. Esto hace que tengamos un problema de importación muy grande llegando a los 14 mil millones de dólares de improtación de gas natural y de energía en su conjunto”

“Los problemas más graves para 2014 están enfocados allí y en la caída general, más allá de que YPF subió muy poquitito, de la extracción de gas y de petroleo en todo el país, que se mantiene. En este marco se necesita una política clara para YPF, porque no la hay. Se siguen haciendo acuerdos que no conocemos, que son secretos, como el de Chevon”, explicó.

Cabe recordar que mientras se sigue registrando caidas en extracción de gas y petróleo, los combustibles este año no dejaron de aumentar, echándole nafta al fuego. “La energía tiene un carácter preponderante sobre otros bienes y otros insumos. Alcanza a toda la economía, alcanza a toda la producción: a la producción industrial, agropecuaria, las cosechas, al transporte (el 50% del petróleo se convierte en combustible para ir al transporte). Entonces el transporte sube precios, el campo se ve obligado a subir precios, la industria no se hace competitiva, y toda esta inflación está reprimida en los falsos valores que da el INDEC”, aseguró Herrero.

Además, el especialista afirmó: “Esperemos que Atucha por fin después de dos inauguraciones y anuncios de comienzo de generación, empiece realmente a generar. De la misma forma debería ocurrir con los anuncios de construcción de las dos represas en Santa Cruz, que esperemos sean reales, porque hasta ahora no hay novedades al respecto”.

os hubiese gustado escribir en estas líneas, a modo de balance ante un año que se termina y otro que comienza, que el país inició el proceso de recuperación; que la inflación fue controlada; que el sector productivo finalmente se puso en marcha, creando miles de puestos de trabajo genuino; que volvimos a recuperar el autoabastecimiento energético, garantizando que cada argentino pueda tener luz y agua en sus hogares, y permitiendo que las pymes y los particulares puedan acceder a los combustibles a precios accesibles; que la marginalidad retrocede, de forma paralela al crecimiento económico; que la educación pública retomó los niveles de excelencia que tuvo durante décadas, cuando la Argentina era el principal faro de cultura y de progreso del continente; y que los jubilados y pensionados recibirán ingresos que les garantizarán una calidad de vida digna.

Lamentablemente, la realidad se impone. Y ninguno de los deseos antes mencionados ni siquiera están cerca de cumplirse, producto de un gobierno cada vez ineficiente y corrupto, encerrado en su propia soberbia.

El último baldazo de agua fría para el kirchnerismo lo dio la Iglesia, en la semana que pasó, difundiendo un demoledor y esclarecedor informe sobre la crisis que se extiende a lo largo y ancho del país: en la Argentina hay 10 millones de pobres. Puso de manifestó que, la llamada “década ganada”, tan mencionada por los K, nunca existió. Peor aún, en los últimos años, a partir de un proceso inflacionario que se encuentra entre los más graves a escala planetaria, miles de familias pasaron a engrosar los bolsones de pobreza e indigencia.

Esta es la consecuencia directa de haber creado un monstruoso sistema mediante el cual una parte muy importante de la población depende, para sobrevivir, de la asistencia del Estado que se instrumenta a través de las formas más infames del clientelismo político. Alimentar este monstruo requiere de recursos, que ahora escasean, lo que lleva a que la presión fiscal sobre la ciudadanía y sobre los que todavía producen algo, sea asfixiante. Es como querer exprimir una naranja que hace tiempo se quedó sin jugo, lo que a su vez también lleva a que se le esté dando rienda suelta a la emisión monetaria, que se encuentra absolutamente fuera de control.

El proyecto K nunca incluyó la idea del desarrollo y de recuperar la cultura del trabajo, a fin de que cada familia pueda progresar en la escala social en función del esfuerzo. Por el contrario, en zonas donde no hace muchas décadas se levantaban fábricas, nos encontramos con las ruinas de lo que alguna vez fue una pujante industria, rodeada de familias viviendo en condiciones infrahumanas, sin acceso a elementales servicios básicos.

La “década perdida” implicó que, actualmente, tengamos a un millón de jóvenes que no estudian ni trabajan, que nunca vieron trabajar a sus padres ni a sus abuelos. Están absolutamente excluidos del sistema, ahondando cada vez más la fractura social evidente entre aquellos que forman parte de la marginalidad, y aquellos sectores que aún pueden elegir la comida, que no tienen otra alternativa que protegerse con rejas y que temen, cada vez que salen de sus hogares, ser las nuevas víctimas de una ola de inseguridad creada y alimentada a partir de la crisis social que existe en la Argentina.

A la evidente responsabilidad del kirchnerismo, se le suma la complicidad de los gobernadores de cada una de las provincias que son incapaces de plantear alternativas al régimen vigente. En muchos casos, ellos también son víctimas del modelo K, basado en la centralidad y en la discrecionalidad en el reparto de fondos, quedándose -el gobierno nacional- con una parte sustancial de los recursos aportados por la ciudadanía a través de sus impuestos.

Estos gobernadores, el último viernes, dieron un penoso espectáculo, durante la reunión que mantuvieron con el ministro de Economía, Axel “el marxista” Kicillof, y el jefe de Gabinete, Jorge “El Bocón” Capitanich. Reafirmaron, durante el cónclave, su sumisión política, a cambio de una bicicleta financiera para refinanciar sus pasivos provinciales. Ni siquiera fueron capaces de insinuar un pedido para que la Casa Rosada deje de apropiarse, de forma indebida, de los recursos coparticipables y de los aportes que realizan las Provincias para el sostenimiento de la Anses que, como se sabe, es una de las principales cajas políticas del gobierno K.

En este escenario, el año 2014 que está a punto de comenzar podría estar cargado de dificultades económicas. Se espera un incremento de la espiral inflacionaria, una consecuente pérdida del poder adquisitivo de la población y un crecimiento exponencial de la protesta social, ante la imposibilidad de que tanto el Estado como las empresas puedan otorgar aumentos salariales acordes al real incremento del costo de vida. De ahí la posibilidad cierta de que, ante la crisis de las distintas administraciones provinciales, hagan su aparición, nuevamente, las cuasimonedas, tal como ocurrió durante la crisis de 2001-2002.

Ahora bien, aún en las peores circunstancias, puede aparecer la luz al final del túnel. Ningún país se suicida en masa y, cuando se toca fondo, aparece en la sociedad los anticuerpos necesarios para que se corrija el rumbo.

Este nuevo año será la antesala del cambio, que necesariamente, se dará en 2015, cuando los K deban dejar el gobierno. El desafío está planteado para una dirigencia política que, ante la fuerza de los acontecimientos y de la cruda realidad, deberá ponerse los pantalones largos. De lo contrario, le sucederá lo que alertaba Juan Domingo Perón: “El pueblo marchará con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”.

Desafío 2014

“Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”

os hubiese gustado escribir en estas líneas, a modo de balance ante un año que se termina y otro que comienza, que el país inició el proceso de recuperación; que la inflación fue controlada; que el sector productivo finalmente se puso en marcha, creando miles de puestos de trabajo genuino; que volvimos a recuperar el autoabastecimiento energético, garantizando que cada argentino pueda tener luz y agua en sus hogares, y permitiendo que las pymes y los particulares puedan acceder a los combustibles a precios accesibles; que la marginalidad retrocede, de forma paralela al crecimiento económico; que la educación pública retomó los niveles de excelencia que tuvo durante décadas, cuando la Argentina era el principal faro de cultura y de progreso del continente; y que los jubilados y pensionados recibirán ingresos que les garantizarán una calidad de vida digna.

Lamentablemente, la realidad se impone. Y ninguno de los deseos antes mencionados ni siquiera están cerca de cumplirse, producto de un gobierno cada vez ineficiente y corrupto, encerrado en su propia soberbia.

El último baldazo de agua fría para el kirchnerismo lo dio la Iglesia, en la semana que pasó, difundiendo un demoledor y esclarecedor informe sobre la crisis que se extiende a lo largo y ancho del país: en la Argentina hay 10 millones de pobres. Puso de manifestó que, la llamada “década ganada”, tan mencionada por los K, nunca existió. Peor aún, en los últimos años, a partir de un proceso inflacionario que se encuentra entre los más graves a escala planetaria, miles de familias pasaron a engrosar los bolsones de pobreza e indigencia.

Esta es la consecuencia directa de haber creado un monstruoso sistema mediante el cual una parte muy importante de la población depende, para sobrevivir, de la asistencia del Estado que se instrumenta a través de las formas más infames del clientelismo político. Alimentar este monstruo requiere de recursos, que ahora escasean, lo que lleva a que la presión fiscal sobre la ciudadanía y sobre los que todavía producen algo, sea asfixiante. Es como querer exprimir una naranja que hace tiempo se quedó sin jugo, lo que a su vez también lleva a que se le esté dando rienda suelta a la emisión monetaria, que se encuentra absolutamente fuera de control.

El proyecto K nunca incluyó la idea del desarrollo y de recuperar la cultura del trabajo, a fin de que cada familia pueda progresar en la escala social en función del esfuerzo. Por el contrario, en zonas donde no hace muchas décadas se levantaban fábricas, nos encontramos con las ruinas de lo que alguna vez fue una pujante industria, rodeada de familias viviendo en condiciones infrahumanas, sin acceso a elementales servicios básicos.

La “década perdida” implicó que, actualmente, tengamos a un millón de jóvenes que no estudian ni trabajan, que nunca vieron trabajar a sus padres ni a sus abuelos. Están absolutamente excluidos del sistema, ahondando cada vez más la fractura social evidente entre aquellos que forman parte de la marginalidad, y aquellos sectores que aún pueden elegir la comida, que no tienen otra alternativa que protegerse con rejas y que temen, cada vez que salen de sus hogares, ser las nuevas víctimas de una ola de inseguridad creada y alimentada a partir de la crisis social que existe en la Argentina.

A la evidente responsabilidad del kirchnerismo, se le suma la complicidad de los gobernadores de cada una de las provincias que son incapaces de plantear alternativas al régimen vigente. En muchos casos, ellos también son víctimas del modelo K, basado en la centralidad y en la discrecionalidad en el reparto de fondos, quedándose -el gobierno nacional- con una parte sustancial de los recursos aportados por la ciudadanía a través de sus impuestos.

Estos gobernadores, el último viernes, dieron un penoso espectáculo, durante la reunión que mantuvieron con el ministro de Economía, Axel “el marxista” Kicillof, y el jefe de Gabinete, Jorge “El Bocón” Capitanich. Reafirmaron, durante el cónclave, su sumisión política, a cambio de una bicicleta financiera para refinanciar sus pasivos provinciales. Ni siquiera fueron capaces de insinuar un pedido para que la Casa Rosada deje de apropiarse, de forma indebida, de los recursos coparticipables y de los aportes que realizan las Provincias para el sostenimiento de la Anses que, como se sabe, es una de las principales cajas políticas del gobierno K.

En este escenario, el año 2014 que está a punto de comenzar podría estar cargado de dificultades económicas. Se espera un incremento de la espiral inflacionaria, una consecuente pérdida del poder adquisitivo de la población y un crecimiento exponencial de la protesta social, ante la imposibilidad de que tanto el Estado como las empresas puedan otorgar aumentos salariales acordes al real incremento del costo de vida. De ahí la posibilidad cierta de que, ante la crisis de las distintas administraciones provinciales, hagan su aparición, nuevamente, las cuasimonedas, tal como ocurrió durante la crisis de 2001-2002.

Ahora bien, aún en las peores circunstancias, puede aparecer la luz al final del túnel. Ningún país se suicida en masa y, cuando se toca fondo, aparece en la sociedad los anticuerpos necesarios para que se corrija el rumbo.

Este nuevo año será la antesala del cambio, que necesariamente, se dará en 2015, cuando los K deban dejar el gobierno. El desafío está planteado para una dirigencia política que, ante la fuerza de los acontecimientos y de la cruda realidad, deberá ponerse los pantalones largos. De lo contrario, le sucederá lo que alertaba Juan Domingo Perón: “El pueblo marchará con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”.

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