Tras el fracaso cosechado en el primer intento de adjudicación, el Gobierno nacional se encamina a relicitar una obra clave que el sector gasífero tiene en carpeta desde hace varios años.
La primera licitación efectuada el año pasado no logró prosperar por el impacto de la crisis económica y la falta de actualización del presupuesto asignado a la obra. El único oferente que había llegado la instancia final -el grupo compuesto por la brasileña Odebrecht y la estadounidense Global Industries- desistió de firmar el contrato y el proceso licitatorio se dio por caído.
Hasta ahora, los posibles interesados en la obra serían Odebrecht y Global y la compañía europea Saipem Services, que en el anterior llamado se había asociado con el grupo local Electroingeniería.
La obra en juego consiste en el tendido de un nueva tubería de 38 kilómetros que estará paralela al cruce submarino existente en el estrecho de Magallanes.
La ampliación del gasoducto le permitirá a los productores que operan en la provincia de Tierra del Fuego poder incrementar la inyección de gas al continente, que hoy se encuentra limitada por el cuello de botella que registra la capacidad de transporte. De los 11 millones de metros cúbicos diarios que puede enviar actualmente como máximo, pasarán a 18 millones cuando se habilite la obra.
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