Al cumplirse ayer 47 años de la intervención de las universidades, el médico Carlos Scrimini narró en primera persona los momentos vividos durante la “década de plomo”.
El médico cirujano cordobés, Carlos Scrimini, radicado hoy en nuestra provincia fue testigo de aquella jornada negra para la cultura universitaria que costó el exilio de brillantes profesores e investigadores que se vieron obligados a continuar sus carreras en el exterior.
“La universidad argentina con la reforma de 1918 avanzó mucho, a pesar de que los golpes la retrasaban, echando profesores e interviniendo las universidades con personas de ultraderecha que dirigían las cátedras, pero cada vez que volvía un gobierno democrático, la universidad volvía a florecer”, recordó el profesional en diálogo con Nuevo Diario.
Ideales en lucha
“Todos los que militamos teníamos ideas de izquierda y estábamos muy influenciados por la revolución cubana, con los ideales de Fidel Castro, el Che, Camilo Cienfuegos”, resaltó el profesional que se inició en el movimiento un mes antes del golpe de Onganía.
“Cuando dieron el golpe, salimos como locos a defender la universidad. No dudamos ni un instante”, relató, mientras retrotraía algunas imágenes de su paso en el Centro de Estudiantes de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
Pero su formación como militante, tenía aditamentos revolucionarios, con la participación de personalidades que no daban brazo a torcer en ninguna causa, como el caso de Domingo “el Tano” Mena, que luego se enfiló en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que comandaba el santiagueño Roby Santucho.
“Por eso nos intervinieron la universidad, porque consideraban que era un nido de marxistas”, señala, al evocar otros nombres, como el caso de Leandro Illia, hijo del ex presidente radical, entre otros jóvenes que luego consolidaron su carrera en el mundo de la política.
Prohibido olvidar
La historia de los Bastones Largos está escrita en los libros y en cientos de artículos periodísticos, pero solo sus protagonistas saben lo que significó resistir en una época, donde las armas marcaban el ritmo político de un país. “La universidad terminó siendo pisoteada por Onganía durante ocho años, desde el 66 hasta el 73, cuando asume Cámpora.
Incluso el golpe para ellos resultó negativo, porque tuvo una resonancia mundial; sin olvidar que todos los intelectuales del mundo, se solidarizaron con los investigadores y les ofrecieron cargos en el acto, y muchos de ellos no volvieron más”, acotó Scrimini.
Con la intervención del gobierno militar a las universidades se aplicó una estricta censura en los contenidos de enseñanza universitaria y se desmanteló un proyecto reformista de universidad científica de excelencia, sobre la base de la estrecha vinculación entre investigación y docencia.
Aún así, Scrimini reconoce el valor de la resistencia: “No descansamos nunca, hasta el 69 cuando fue el Cordobazo, estuve ya como presidente de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC)”, espacio que compartió junto con el ex líder sindical Agustín Tosco, entonces secretario general de Luz y Fuerza, y que junto con otras organizaciones derrocaron a Onganía.
Resistir en Santiago
Con la llegada del último golpe militar en 1976, Carlos Scrimini tuvo que exiliarse de su provincia natal, cuando expresamente le dijeron: “Estás en la lista, rajá de aquí porque te van a matar”.
Varios de sus compañeros desaparecieron y otros fueron asesinados y tras estos duros episodios decidió venir a Santiago.
“Afortunadamente los servicios de inteligencia fallaron mucho aquí, sino hubiera pasado lo peor”. En el tiempo que se mantuvo el último régimen militar, hasta el 83, el profesional no pudo intervenir en cargos púbicos, por lo que se dedicó de lleno al ejercicio profesional.

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