Hernán de GoñiDesde el momento en que María Elena Walsh nos dijo adiós, fue casi imposible sostener un diálogo sin que surgiera una referencia a su vida, a sus sueños, o a su obra. Es que deben ser muy pocos los argentinos que no tuvieron la suerte de dejarse enredar por sus versos. La economía formal no se conmovió por la noticia, pero sí sus protagonistas. A medida que fue pasando la tarde, Internet se fue transformando en un altar que rindió culto a su talento, su imaginación y su capacidad para ponerle alas al corazón
Con su muerte no solo se fue un ícono de la cultura popular, sino una forjadora de valores. Con música y sentimientos, María Elena creo las herramientas más nobles con las que puede contar un padre que busca criar a sus hijos como personas responsables y comprometidas con el mundo que los rodea. Sus canciones infantiles (sin duda la expresión más reconocida de su vasta obra) transmitieron magia, alegría, sensibilidad. Pero otros textos ayudaron a infundir coraje y valor para reconocer y enfrentar la adversidad.
En la contratapa que dedicamos a su despedida, El Cronista incluyó una ilustración del artista Raúl Perrone, que nos recuerda a una María Elena Walsh plena, vivaz, con su inteligencia y su dulzura a flor de labios. Y con ella, el deseo de que su imagen y su voz sigan resonando con la frescura de siempre.
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