En una cuadra de barrio Talleres Este, al menos ocho están infectados con el virus que trasmite el Aedes aegypti. Ninguno viajó.
Era viernes 8 de febrero, fecha previa a los festejos de carnaval, y no había un bondi que pasara cerca de su casa, ubicada al 1700 de la calle Carlos Tercero, barrio Talleres Este.
Decí vos que justo pasó Juan Carlos, el marido de María del Carmen. Y por esas cosas que tienen los barrios chicos –todos se conocen con todos– Pedro enganchó un voluntario que lo llevara hasta la guardia de una clínica céntrica, en calle Santa Rosa. “Es algo virósico”, dice Pedro que el médico le dijo. “Siempre pasa lo mismo cuando no saben qué tenés. Me dieron Ibuprofeno 600 y me mandaron a casa”, contaría más tarde.
Pero resultó que la fiebre no cedía. Y que en la segunda clínica privada a la que fue (esta vez en barrio General Paz) le dijeron lo mismo. Y el lunes siguiente, en un hospital público de avenida Patria, fue exactamente igual: faringitis. Pero por aquellas mañanas que le dieron los años, Pedro supo que tenía algo más. Lo que nunca sospechó es que sería el caso cero de una enfermedad que se propagaría por el barrio y que afectaría luego a 10 vecinos más. El dengue.
En los huesos. “Si hace un mes me preguntabas por el dengue, yo te decía que era algo que pasó en 2009, algo de Bolivia o Brasil”. Marcela López (42) supo de un día para el otro que tenía dengue. Ella y tres de sus cuatro hijos también: Santiago (7) Álvaro (14) y Nahuel (18).
Fue el sábado 16 de febrero, cuando personal de Epidemiología del Ministerio de Salud provincial le tomó muestras de sangre. Desde el viernes había estado internada (ella y dos de sus hijos, el tercero no tuvo síntomas) en una clínica privada de Nueva Córdoba. Los tres con diagnóstico equivocado: neumonía.
“Tenía fiebre alta, diarrea y vómitos. Un dolor muscular que nunca voy a olvidar. Es como si se te quemaran los huesos. Me picaba el cuerpo, se me hinchaban las palmas de las manos y las plantas de los pies. Sufría dolores terribles de cabeza y me hacía mal la luz directa, justo detrás de los ojos”, cuenta.
Marcela vive en la misma cuadra de Pedro. La zona, ubicada al noreste de la ciudad de Córdoba, próxima a los talleres del ferrocarril, fue fumigada intensamente ese sábado 16 de febrero. Con la detección del caso de Pedro, las brigadas del Ministerio de Salud de Córdoba actuaron rápidamente en el lugar. Y se encontraron con que había más casos.
Ya para el domingo 17 de febrero, el dengue era en tema de conversación en el barrio. Los teléfonos ardían: fijate si tenés fiebre, ¿te picó algún mosquito? Pedro le avisó a Alberto, vecino de calle Paysandú. Lichi, esposo de Marcela, le avisó a Hilda. Y resultó que Pedro, Marcela, los tres hijos de Marcela, Alberto, su esposa y la hija de Hilda tenían dengue. Ocho en una misma cuadra. Pero no todo acaba ahí.
Por qué ahí. Mañana del lunes 18 de febrero. Guardia del Hospital Rawson.
–¿Qué hacés vos acá?– le preguntó Hilda a Marcelo, otro vecino del barrio.
–Estoy acá por mi viejo.
El que estaba ahí por su viejo era Marcelo García (46), vecino de Hilda. También de la calle Carlos Tercero al 1700, en barrio Talleres Este. Era el caso que se conoció públicamente. Un hombre de 84 años que había sido internado en el Hospital Rawson con un cuadro de dengue del serotipo 1. Al tener enfermedades previas, el hombre se descompensó y pasó a terapia. Hoy ya está en sala común.
Pero esto no termina acá porque Dayana Bulchi (26) y su madre de 64 años también resultaron positivas para dengue. Con lo cual, los casos sumaron 11.
Todos viviendo a una distancia máxima de 300 metros. “Fue tal la paranoia que me agarré que me bañaba en Off. Así es como inventé un nuevo perfume: el Channel Zzzzz”, cuenta Dayana.
¿Qué es lo que tiene Talleres Este que hizo atractivo al mosquito? Los vecinos, reunidos en la sede de la Agrupación Vecinas Solidarias Seccional 13 (una ONG que funciona desde 1999), ensayan respuestas. Pedro, el caso cero, no viajó a países limítrofes. Con lo cual las condiciones del barrio pueden ser la punta del iceberg: yuyos altos, desagües descontrolados, poco cuidado en algunas viviendas.
“No estamos en la villa”, esboza una vecina. No es casual que diga esto, porque el dengue suele asociarse como enfermedad de la pobreza. Error. “En 2009, todo el mundo hablaba del mosquito. Al año siguiente, algo te quedó. Pero ya a esta altura todos nos habíamos olvidado. Pienso que bajamos los brazos y no hicimos prevención”, ensaya Pedro.
Ahora los vecinos planifican una jornada de concientización para mañana lunes. Aunque con mentes ocupadas, los miedos persisten. Como los de Marcela: “No quiero exagerar. Pero es duro lo que se viene. Si a nosotros nos vuelve a picar el bicho, los síntomas se van a agravar y hay riesgo de muerte. No estoy preocupada por mí, sino por mis hijos. Y lo más terrible de todo es la falta de información”.
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En riesgo
Sitios peligrosos: piletas sin la mantención adecuada; frentes, fondos, patios o jardines donde se acumulen objetos inservibles, chatarras o neumáticos sin uso; espacios verdes o terrenos sin desmalezar; tanques, pozos o toneles sin tapa o cañerías y desagües sucios o descuidados).
Denuncias: al 4688693, 4688610 ó 157-045151. Por e_mail, a prevencion.promocion@gmail.com o prevencion.promocion@cba.gov.ar
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Buscan, detectan, declaran
“No podemos estar solos. No hay ninguna situación epidemiológica que haga que Córdoba esté peor que el resto”. El ministro de Salud provincial, Carlos Simon, hizo estas declaraciones en una reunión que mantuvo con intendentes el jueves pasado. Explicó de esta manera los motivos por los cuales nuestra provincia es una de las jurisdicciones con más casos de dengue declarados.
“La particularidad de Córdoba es que sale activamente a buscar casos febriles, toma muestras y las declara”, dijo el funcionario. En el último parte epidemiológico del viernes pasado, el Ministerio de Salud provincial notificó 16 casos confirmados de dengue.
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Mañana lunes pasan casa por casa
Los vecinos de Talleres Este saben que no serán recordados sólo por vivir en la cuna del cuarteto. Ahora, también, por vivir en la cuna del brote de dengue de 2013. Pero no se quedan masticando la bronca. Están decididos a pasar a la acción.
“Hemos sido la mecha de la bomba. Esto es un antes y un después para el barrio. Sin querer, hemos generado un criadero. No supimos mantener los espacios verdes. Y ahora tenemos que cambiar”, cuenta Hilda Ronzio, quien preside la Agrupación Vecinas Solidarias Seccional 13.
Los vecinos convencieron al padre Roberto, de la Capilla San Nicolás de Bari, para que aborde el tema en la misa. Y pegaron carteles en la iglesia. Mañana lunes, a las 17, irán casa por casa repartiendo folletos y controlando criaderos. En términos de Hilda: “Como comunidad organizada, vamos a salir a sembrar conciencia. Tenemos que transformar nuestro problema en acción”.


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