Cruce entre La Habana y Washington por un enviado de Obama

Viajó a la isla por temas de inmigración pero se reunió con disidentes.
Cuba fustigó ayer que un alto funcionario de Estados Unidos se reuniera en La Habana con opositores tras un diálogo oficial sobre migraciones, lo que creó una nueva tensión con el gobierno de Barack Obama, que se suma al caso de un "contratista" norteamericano arrestado aquí.

En una declaración escrita, la Cancillería cubana denunció que el viernes, tras las conversaciones migratorias, la delegación norteamericana convocó "a decenas de sus mercenarios" a la residencia del jefe de la Sección de Intereses de EE.UU. en Cuba (SINA). Fue "provocador", calificó el gobierno de la isla, en el texto que difundió el diario oficialista Granma.

Encabezó la misión norteamericana el subsecretario de Estado adjunto para el Hemisferio Occidental, Craig Kelly. Luego de mantener reuniones oficiales sobre la cuestión migratoria con funcionarios del gobierno de Raúl Castro, el segundo de Arturo Valenzuela y subordinado de la secretaria Hillary Clinton asistió a una recepción en la residencia diplomática de EE.UU. en la isla, que por ausencia de embajador -dada la relación bilateral- es conducida por un "encargado de negocios".

Allí recibieron a entre 40 y 50 disidentes y, al enterarse, el gobierno cubano dijo que "con esta conducta ofensiva hacia las autoridades y el pueblo cubano, el gobierno norteamericano confirma que siguen en vigor los instrumentos de la política subversiva contra Cuba, pone de manifiesto su falta de voluntad real para mejorar los vínculos con nuestro país y para dejar atrás las acciones de burda injerencia".

La fuerte reacción de la Cancillería cubana revela, según analistas, la preeminencia del sector más ortodoxo de la conducción del gobierno de la isla comunista sobre el ala aperturista.

La crisis económica que ha reconocido y denunciado el propio presidente Raúl Castro que se agrava por el exiguo sueldo de la mayoría de los cubanos, desató un debate para seguir un camino de apertura económica de estilo asiático. Pero los sectores ortodoxos plantean que la cercanía geográfica con EE.UU. y la hostilidad de la comunidad cubana anticastrista radicada en ese país, aprovecharían ese cambio de rumbo para avanzar sobre la estructura de poder político en la isla amenazando la continuidad de la Revolución.

Ese debate no resuelto es lo que explicaría la postergación permanente del congreso del partido comunista que no se reúne desde hace más de una década y que es el foro que establecería un nuevo rumbo que evite la bancarrota que es lo que, según la dirigencia que alienta el debate, el objetivo de los enemigos de la isla.

Según la Cancillería, "desde el propio día de su llegada al país, el jefe de la delegación norteamericana fue advertido (...) sobre nuestro rechazo al aprovechamiento de su breve estancia para organizar un evento provocador".

El ministerio consideró que quienes asistieron al encuentro fueron "elementos contrarrevolucionarios (que) se benefician de una parte de los más de US$ 20 millones que no se quedan en Miami y que el gobierno de EE.UU. dedica anualmente a la labor de desestabilización y subversión contra Cuba".

Entre los asistentes estaban los opositores Martha Roque, Dagoberto Valdés, Félix Bonne, Oswaldo Payá, Juan Almeida, hijo del fallecido vicepresidente y comandante de la Revolución homónimo, algunas "Damas de Blanco" (esposas o madres de detenidos), así como sacerdotes y otros representantes de la Iglesia católica.

"Fue una velada en la que se brindo y intercambiaron puntos de vista. Alguno hablaron con él (Kelly) directamente, otras no lo hicieron", dijo el opositor Manuel Cuesta, líder de la pequeña agrupación Arco Progresista.

Calificó de "muy agresivo" el comunicado cubano y estimó que el gobierno "no puede imponer a los interlocutores cuál debe ser la agenda". "Que el gobierno cubano no reconozca a la oposición y que la llame mercenarios no significa que los demás lo vean así".

Comentá la nota