Crónica del juicio. Día 15: Contacto en Salta

Crónica del juicio. Día 15: Contacto en Salta
Un enviado del estudio Durrieu, representante de las familias de las víctimas, se hizo presente en la mañana. Sostener la acusación de los tres imputados parece el objetivo estratégico. Los abogados querellantes siguen siendo observados. Hay hipótesis distintas entre los familiares.
La décimo quinta jornada cierra la cuarta semana de debates en el juicio oral y público más trascendental de los últimos años en Salta. Esta cuarta semana terminará las actividades judiciales, dando inicio al fin de semana más largo del año: la tradicional semana santa. Cuando terminen las pascuas el juicio entrará en su recta final y las partes tendrán por delante una decena más de audiencias, donde lo fundamental serán las declaraciones de los peritos.

Hasta el momento, el debate oral fue esclarecedor para quienes escucharon, vieron y presenciaron las audiencias pero no aportó nada nuevo a lo oficialmente conocido. En las catorce jornadas, el juzgamiento de los tres imputados sólo dejó en claro que las dudas de la sociedad salteña y parte de las familias estaban bien fundamentadas. Si bien el caso y su tratamiento fueron hasta aquí apasionantes, es imposible no decir que la policía de Salta aportó una investigación deficiente e improvisada, cuando no directamente fraudulenta, ante un juez de instrucción de dudosos méritos. Esa investigación inicial comandada por Martín Pérez y Aldo Rogelio Saravia, en su rol de Secretario de Seguridad, condicionó irreversiblemente este proceso oral y público de juzgamiento de los tres imputados. Esta es, quizás, las razón por la cual buena parte de la sociedad espera que en este juicio oral y público se investigue lo que caprichosamente nunca antes se indagó. Se espera de la Sala II, en definitiva, lo que debía hacer la instrucción del primer juez principalmente en lo vinculado a los rumores de la posible vinculación de sectores de poder con las chicas antes de ser asesinadas.

En estas primeras semanas nada de eso ocurrió. Tal vez este empecinamiento de la querella y la fiscalía en no convocar a ninguna persona poderosa o pública de la provincia, sean las bases para la duda. Dudas que dividirían a las familias de ambas víctimas. Si bien el idioma es un abismo entre los familiares y los periodistas locales, se filtran algunos detalles de lo que viven por estos días en Salta. Las diferencias entre ambas familias serían importantes a la hora de sentar posición sobre el verdadero eje del proceso judicial: ¿Gustavo Lasi, Daniel Vilte y Santos Clemente Vera son los verdaderos culpables o no? La respuesta a la pregunta divide a los familiares. Los padres de Houria Moumni no creerían que existan hechos ocultos y sospecharían que los tres imputados podrían haber cometido los crímenes, más o menos como se investigó. Entre los miembros de la familia Bouvier la situación sería muy distinta. Por lo menos el padre de Cassandre, Jean Michel, no estaría para nada convencido con el proceso y mucho menos con la investigación policial y la instrucción de Martín Pérez.

Sin embargo a los fines de no dividir a ambas familias, el francés -quien marchó junto a los familiares contra la impunidad en Salta- guarda el mayor silencio posible. Su actitud es solidaria y busca mantener unidas a ambas familias en el proceso de buscar la verdad. De todos los familiares, Bouvier es quien está más interiorizado en la investigación y sería el único familiar que tuvo acceso al expediente. Por el momento no expresa muchos sus dudas en público. Lo hizo antes del juicio.

El hombre, incluso, sería quien más disconforme está con el accionar de sus abogados en Argentina, básicamente con el estudio porteño Durrieu, conocido por haber defendido a Jorge Rafael Videla, es el que primero contrató a Horacio Aguilar para la instrucción y posteriormente convocó a los penalistas Rodríguez Spuch y Ortiz para que pongan el cuerpo en el debate. En esta jornada, Rodríguez Spuch no estuvo. Nicolás Ortiz trabajó solo. Sorpresivamente en esta jornada se encontraba entre el público el abogado Guillermo Arias, socio del estudio Durrieu en Bs. As. y el oportuno “contacto en Salta” con Horacio Aguilar, el abogado de las familias durante toda la instrucción. Arias se acercó a Ortiz apenas terminó la audiencia. Lo que se llama una bajada de línea. Parece muy probable que ese malestar en Bouvier en algún momento explote. Podrán no haber advertido los vínculos de Horacio Aguilar con el poder político salteño, pero no pueden dejar de ver lo que siguen haciendo sus abogados locales bajo el mando del estudio Durrieu. La presencia de Guillermo Arias no es sólo una visita de semana santa. El bienestar que muestran los abogados querellantes con la instrucción de Martín Pérez parece una orden superior, justo en momentos en que la cosa comienza a definirse.

Con una sala en total silencio y bajo suma atención comienza,pasadas las 10, la décimo quinta jornada de juicio oral.

El llanto de Vilte

La primera testigo en prestar declaración testimonial fue la tía de Daniel Vilte. La mujer de una reducida contextura física, durante los últimos tres años proclamó la inocencia de su sobrino en todos lados. Claudia Ernestina Vilte Laxi, es hermana del padre del acusado. Fue la mujer que lo crió siendo apenas una adolescente cuando la madre abandonó al niño a los dos años de edad. “Es una excelente persona. Lo crie, junto a mí mamá. Lo conozco. Cuando nació su bebé, él me lo trajo y me pidió que sea su madrina”, dijo la testigo. Daniel Vilte en esos momentos comenzó a llorar. Trata de disimularlo, pero no puede. Todos en la sala lo miran. Por primera vez en lo que va del juicio el acusado se derrumba. Con las manos esposadas trata de secarse la cara. Intenta que no lo vean. Escucha a su tía y mantiene baja la cabeza. El llanto de Daniel Vilte brotó cuando la testigo habló de su abuela, quien sería bisabuela del acusado. Por primera vez el joven de 27 años mira a todos en la sala. Su mirada es evidentemente la de una naciente vergüenza. El acusado quiere mostrarse duro, pero no puede. Después de ese momento su mirada será la que todos los seres humanos tienen ante la vida. Una mirada entre atónita y temerosa, pero limpia y abierta.

La tía continuó su relato: “no había ninguna relación entre Gustavo Lasi y Daniel. No era amigos. A Daniel su madre lo dejó cuando tenía dos años. Mi mamá se hizo cargo y lo crié siendo menor de edad”. El auditorio la escuchó atento. A los presentes no les alcanzan los ojos para ver todo lo que ocurre dentro de la sala. Claudia Vilte relató cómo fue la detención de su sobrino y recordó que a su segundo hijo aún no lo conoce. El niño nació cuando Daniel Vilte ya estaba preso. La mujer también es interrogada por las partes. Así fue como admitió que en una oportunidad, posterior al 29 de julio de 2011, subieron hasta el mirador de San Lorenzo junto a otros familiares “para prender velas” a las víctimas, y ponerles flores. “El lugar está completamente abandonado”, resumió.

Prenderle velas a las almas de las chicas. Una imagen tan fuerte como esperable para estas latitudes. Luego en su declaración aporta dos datos importantes para entender cómo fue la investigación. Contó que una semana después de estar detenido su sobrino, les llegó al domicilio una citación para que Daniel Vilte preste declaración. Otra muestra de profesionalismo de investigadores que luego fueron condecorados y ascendidos. Como si eso no bastara, la mujer puso en duda el resguardo que le dio la policía a los bienes del detenido, algo demasiado común. Claudia le había regalado un LCD de 32” a su sobrino. Ante el tribunal contó que la policía lo secuestró al televisor intacto, pero cuando lo devolvió a la familia al equipo le faltaban piezas. El fiscal no preguntó nada, aunque parecía listo para consultar. No voy a hacer preguntas, dijo seriamente. La querella ahora siente el impulso de preguntar, aunque apunten todas sus consultas a determinar si alguna vez vieron juntos a Lasi, Vera y Vilte. Es evidente que están lejos de poder acusar de homicidio por conocer a otros, o vivir cerca del lugar del hecho. La tía del acusado respondió claramente lo que piensa. Para ella Daniel Vilte “está detenido por los dichos de Gustavo Lasi y porque supuestamente andaba vendiendo un arma”. Al parecer también tiene un buen concepto de Santos Clemente Vera, porque dijo “es una excelente persona, nunca tuvo problemas con nadie”. Cuando terminó su declaración testimonial, la mujer se quedó en la sala.

Ciudadano

Un tío de Daniel Vilte también pasó ante el tribunal y como todos los demás aportó que el ayudante de albañil no nació para las tareas de campo, porque le gusta la ciudad. Que no conoce la quebrada y que es un buen muchacho. Lorenzo Justiniano Vilte Laxi también fue consultado por el fiscal sobre los poderosos. Preguntas que siguen sin tener respuestas. A esta altura del juicio suena irrisorio que le consulte por enésima vez a personas cuasi iletradas sobre quiénes son los culpables o cuales de los apellidos poderosos pueden estar involucrados. El fiscal parece no haber leído los periódicos locales, donde el nombre y apellido del ex Ministro de Medio Ambiente, Francisco López Sastre fue reiterado y su probable vinculación argumentada. Tal vez preguntarle al lumpen por los ricos y famosos, sea más conveniente que leer los diarios. Luego de las preguntas reiterativas y ya conocidas del fiscal, vinieron las consultas de la querella. Nicolás Ortiz preguntó al tío del acusado sobre la cercanía de las viviendas de Vilte y Vera del lugar de los hechos. El abogado tampoco lee mucho los periódicos locales y la vinculación que hacen del caso del ex ministro provincial. Al parecer el testimonio del tío le dio un dato importante a Ortiz para sostener la acusación. Daniel Vilte alguna vez usó una honda.

El pendejo

Nelson Vilte fue el testigo que más impactó en la jornada. Es hermano de uno de los implicados y fue el segundo detenido en la causa. Brindó ante el tribunal un testimonio en carne viva que no dejó dudas sobre la existencia de torturas a los detenidos como método investigativo en julio y agosto de 2011. El joven habló sobre los policías condecorados y evaluados como la “mejor policía del país”. El testigo podía abstenerse a declarar, pero declaró y luego se quedó dentro de la sala. Hasta este día quince, el único que se negó a declarar fue el sobreseído y padre del principal acusado.

Lo primero que dijo Nelson Vilte fue “fui víctima de los apremios ilegales de la policía”. El juez Esteban Dubois lleva adelante una causa contra esos policías y tiene por lo menos seis procesados. A Nelson lo detuvieron luego de la declaración de Paola Gutiérrez, quien acusó a su hermano de ser un sospechoso. Lo detuvieron el 1 de agosto de 2011. “Me insultaban, me amenazaban con llevarme al río y llevar a mi abuela y violarla allí. Me decían que me haga cargo del crimen. Después me llevaron a la Brigada, me pusieron una bolsa en la cabeza y me pegaban con toda brutalidad, Dr.”. Su relato era franco y vivido. Los hechos habrían sido cometidos por los mismos policías que en el juicio pasaron días antes y que fueron ascendidos en octubre de 2011, por “resolver” el caso.

Luego el testimonio continuó y mostró cómo se tomaban las declaraciones de los detenidos: “Después de pegarme me llevaron con el sumariante y yo dije que me habían pegado. Delante del sumariante uno de los oficiales que me pegó dio un golpe en la mesa y dice: quién te pegó? Me asusté y declaré. Cuando salimos el mismo oficial me dijo “de esto, a nadie pendejo”. Posteriormente, ante las agudas preguntas del fiscal Félix Elías, insistente en consultar quienes son los culpables sino esos tres, el joven explicó “no fue una detención, fue puro golpe nomás”. El rumor instintivo de los presentes en la sala pasó como una ola del mar. Todos lo escuchaban atentos. El testigo indudablemente hablaba con total franqueza. Luego vinieron las preguntas de Nicolás Ortiz, abogado querellante. Las preguntas evidencian un una exploración de nuevos caminos, pero siempre hacia el mismo destino. Sostener la acusación que trajo a juicio la etapa de instrucción. Esto cerraría el círculo del trámite judicial.

Cuando terminó de declarar Nelson Vilte se quedó dentro de la sala. Se sentó junto a su tía. Detrás de ellos Guillermo Arias esperaba el final de la audiencia. Tenía que hablar con Ortiz. El día quince terminó.

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