"El criterio más relevante para distribuir fondos por fuera de la coparticipación es ser aliado"

El experto dijo que el 20% de las partidas de infraestructura, por ejemplo, llega a distritos gobernados por opositores.
La relación política y financiera entre el Gobierno nacional y las administraciones provinciales está marcada por momentos históricos predatorios, por la construcción de poder político, y por pocas fuentes de financiamiento legítimo para los distritos. Así lo considera Lucas González, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos), profesor en las universidades de San Andrés, de San Martín y Católica Argentina (Buenos Aires) y responsable de haber construido una novela emocionante que pone de manifiesto las variables políticas y financieras del federalismo argentino de las últimas décadas.

Durante su primera estadía en Tucumán, donde arribó para dictar una materia de la Maestría en Política y Gobierno de la Universidad de San Pablo-T, dialogó con LA GACETA sobre su especialidad.

- ¿Qué caracteriza al sistema federal argentino?

- Primero, se trata de un sistema fiscal y político muy conflictivo; con momentos históricos predatorios, como cuando los gobernadores le quitaron su apoyo al gobierno nacional pos 1988, entre 2000 y 2001 y, en menor medida, a Carlos Menem, en 1997. También hay una concentración de poder muy grande, que se traduce en cambios radicales muy bruscos.

- ¿Cómo es la relación de poder entre la Nación y las provincias?

- Hay dos variables que determinan la fortaleza de los Gobiernos nacionales; una es la situación macroeconómica y la otra el poder político, basado en la cantidad de votos que tiene y en el apoyo de la opinión pública. Cuando las variables económicas y el poder político de los presidentes decae, aumenta inversamente el de los gobernadores. Y cuando un presidente tiene buenas variables económicas o se muestra sólido en su poder, las provincias aparecen como en una posición más débil. Además, a mayores recursos menos conflictos. De los últimos 20 años en la Argentina, en nueve se dio crecimiento negativo.

- Usted también analizó Brasil. ¿Qué diferencias encuentra con el caso de Argentina?

- En nuestro país, las provincias tienen mayor poder político que sus pares brasileños; pero allá son más fuertes económica y financieramente. En Brasil, las provincias manejan el impuesto al consumo (similar al IVA argentino) lo que las vuelve más fuerte en materia fiscal. Sin embargo, en lo que respecta a la política, allá son más débiles, debido a la fragmentación que muestran en esta materia.

- En Argentina, las provincias dependen económicamente del Gobierno nacional...

- La debilidad fiscal y financiera es capital político de los presidentes. El traspaso de la salud y de la educación a las provincias, en 1992, fue la reforma federal más importante de las últimas décadas. Se trató de un traspaso de gastos por $ 12.000 millones. Entre 1991 y 1994, el gasto provincial creció un 70%; el déficit fiscal, un 22%, y la deuda de las provincias, un 316%. Esto volvió a las provincias muy vulnerables fiscalmente y las debilitó políticamente. Y quedaron atrapadas ahí, porque hay pocas fuentes de financiamiento legítimas.

- ¿Por qué son posibles estos cambios tan bruscos?

- Ese enorme traspaso se negoció en 22 días. En Brasil, la fragmentación política hace que sea necesario negociar más, durante más tiempo; y que los cambios se den de manera más gradual. Aquí, en nuestro país, un único partido puede gobernar solo. El incentivo para lograr consensos es mucho menor, por lo tanto se pueden tomar decisiones más drásticas y también menos estables.

- ¿Cuáles son las virtudes de un sistema federal?

- Los sistemas federales son mecanismos de redistribución. Esto es bueno en sistemas desiguales: que haya un Senado con tres representantes por provincia hace que se destinen recursos a esos lugares. Pero siempre hay una tensión política con la redistribución. En Argentina la coparticipación funciona automáticamente, pero es sólo el 60 % de lo que reciben las provincias. Hay enormes mecanismos discrecionales, como las partidas de infraestructura, que crecieron un 1.150% entre 2000 y 2009, según datos que recopilamos con mi equipo.

- ¿Con qué criterios se asignan estos fondos en la Argentina?

- Confirmamos que el criterio más relevante es ser aliado cercano. Sólo el 20% de esas partidas se dirige a distritos no oficialistas. Se trata de un instrumento para construir poder. No hay criterios de eficiencia económica o de solidaridad social. De hecho, vemos que la pobreza no es un factor.

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