Cristina gasta a cuenta de su gran capital político

Fernando Gonzalez

La Presidenta no esperó a reasumir el 10 de diciembre para comenzar a utilizar como herramienta política el 54% de los votos que consiguió el 23 de octubre. Lo hizo al lanzar las restricciones para la compra de dólares; lo repitió al anunciar la eliminación de subsidios a la energía y ahora gasta una parte de ese inmenso capital político en una batalla que incluye a los gremios más complicados de Aerolíneas Argentinas y a Hugo Moyano, a quien busca desgastar para asegurar la transición hacia otro liderazgo en la CGT.

Y es tan grande la fortaleza política de Cristina en este momento que puede dejar en un segundo plano algunos errores de los cambios con el dólar y lograr que alguien crea que el fin de los subsidios no es una suba de las tarifas de servicios.

Del mismo modo, la ofensiva contra Moyano y los gremios aéreos (hoy execrados pero que fortaleció el kirchnerismo) pone en un estratégico rincón oculto las fallas de gerenciamiento que contribuyeron al déficit de la compañía en niveles que van más allá del perjuicio que le causaron los obstáculos sindicales.

Pero Cristina no se detiene a contemplar estos detalles que considera menores. Avanza a paso redoblado y convencida de que debe despejar el camino antes de que comiencen a notarse los efectos del ajuste.

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