Por Pablo Salgado
Sorpresa. Dolor. No era ni el lugar, ni el momento, ni el camino adecuado. Y las primeras voces que marcan esto son docentes, gremialistas y comunicadores que estamos de acuerdo con una gran cantidad de logros del kirchnerismo en estos 10 años.
La Presidenta decidió elegir el peor camino y la peor estrategia. Y el sector docente es el que menos merece esos conceptos.
Meses antes del inicio de las paritarias, un gremialista docente se quejaba porque no los convocaban en provincia, pero me aclaraba: "Nosotros jamás iríamos con un chumbo sobre la mesa a negociar cómo hicieron otros, siempre vamos a buscar el diálogo y el consenso".
Los maestros de todo el país sufren una postergación desde hace décadas. Achatamiento de la pirámide, falta de inversión en infraestructura, falta de capacitación, cifras en negro, etc.
El vaso se colmó, y los maestros sintieron con dolor ese desplante presidencial.
Correrlos con el presentismo, con la espera heroica hsta junio, con ser los culpables del fracaso de las negociaciones, ponerlos en la picota como los responsables de tener a los chicos de rehenes. Todo esto, todos y cada uno de los conceptos de Cristina hacia los docentes, son inapropiados, injustos, y muy tristes.
Que pegue Morales Solá, que castigue Carlos Pagni, que se mofe Lanata, no es nuevo, ni sorprende.
Pero esta vez, Cristina cruzó una línea. Impensada. Hoy las críticas, los pedidos de revisión, la resistencia y el reclamo, sale de la propia tropa.
Nada de lo dicho fue felíz. Cristina cometió un error, un error maestro.



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