Con el camionero en primera fila, la presidenta anunció un aumento de 22,7% en el salario familiar y lanzó fuertes críticas por las protestas de los trabajadores del subte
Sabor a poco y cierta señal de preocupación provocó ayer en la conducción de la CGT, liderada por Hugo Moyano, el anuncio de la suba de las asignaciones familiares y el tono del discurso con el que la presidenta Cristina Fernández oficializó la mejora en los beneficios. Sabor a poco porque la magnitud del aumento dispuesto por la mandataria estuvo lejos de colmar las expectativas de la cúpula cegetista, que no solo presionaba por un porcentaje mayor sino que aspiraba a convenir la suba en una negociación con el Gobierno y los sectores empresarios, una situación que jamás ocurrió en los ocho años de administración kirchnerista.
Pero también el tono del anuncio generó inquietud entre los gremios por la dura embestida que Cristina lanzó contra una protesta de los trabajadores de subte, que decidieron dejar de recargar las tarjetas SUBE por las presuntas lesiones físicas que esa tarea les provocaría.
Cuando hay un gobierno como el nuestro, que no criminaliza la protesta, ser revolucionario es lo más fácil que hay, cuestionó la mandataria y hasta con ironías reprochó las denuncias de los delegados del subte sobre los supuestos efectos de tendinitis que provocaría la tarea de cargar las tarjetas. Yo vi a mi viejo trabajar durante años como colectivero sacando los boletos de papel, y nunca tuvo tendinitis. Lo que pasa es que era más difícil hacerse el revolucionario porque no había gobiernos democráticos, fustigó.
Cristina calificó esas protestas como actitudes egoístas e insolidarias y le exigió a los trabajadores del sector cordura y racionalidad. Pensemos un minuto no sólo en nosotros mismos, exigió de inmediato. Si bien la embestida presidencial se enfocó en el personal del subte, el mensaje con Moyano y varios referentes de la CGT sentados en primera fila pareció tener otros destinatarios y recubrir una crítica directa a ciertos métodos de protesta, como los bloqueos del sindicato de Camioneros, que varias veces han sido objeto de las quejas de Cristina.
En una línea similar interpretaron algunos referentes de la conducción cegetista las palabras de la mandataria y admitieron que no se trataba solo de un cuestionamiento a los trabajadores del subterráneo porteño. Un dirigente evaluó el discurso presidencial como un claro mensaje en el sentido de que el Ejecutivo no está dispuesto a tolerar algunas medidas de fuerza o metodologías de protesta. Y hasta deslizó su convicción de que las críticas de Cristina se enmarcan en una estrategia de tomar distancia de la cúpula sindical que lidera Moyano, un escenario que se acentuó en los últimos meses en especial después de que el Gobierno decidió recortar la participación de referentes gremiales en sus listas de candidatos para los comicios de octubre.
El malestar por ese desplante alejó a Moyano de los actos en la Casa Rosada, a donde ayer retornó después de un par de meses. Allí, frente a micrófonos y cámaras, el camionero apenas apuntó que la suba de las asignaciones familiares era uno de los reclamos que tenía la CGT y se están cumpliendo, y de inmediato se ocupó de calificar de excelente su relación con la presidenta.
El titular de la CGT evitó cualquier comentario sobre la magnitud del aumento de las asignaciones familiares que alcanzó el 22,7%, por debajo de la suba de 25% dispuesta en el salario mínimo, vital y móvil y lejos de las expectativas sindicales que aspiraban a un piso del 28% para la mejora del beneficio. Tampoco hizo referencia a que la suba del tope salarial para el cobro de los beneficios, que pasó de $ 4.800 a $ 5.200, se ubicó muy por debajo del reclamo de los gremios de elevarlo a $ 6.200 como forma de compensar los aumentos salariales acordados en las paritarias de este año que promediaron el 27,4%.


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