Por qué Cristina no condena a los dictadores árabes

Por: Rodrigo Lloret.

“Las lecciones aprendidas de la ‘guerra sucia’ de Argentina y del paso que este país dio de la dictadura a la democracia deben ser aplicadas hoy en todo el mundo, particularmente en el norte de Africa y en Medio Oriente.”

Ban Ki-moon, informe de la ONU tras recorrer la ESMA.

La visita que el jefe de las Naciones Unidas realizó esta semana a la Argentina no sólo será recordada porque festejó su cumpleaños en una estación de servicio de la ruta que une Rosario con Buenos Aires. Al referirse a las violaciones a los derechos humanos que los sangrientos dictadores árabes están imponiendo contra los opositores, Ban Ki-moon puso el dedo en la llaga de las contradicciones kirchneristas: condenó las violaciones a los derechos humanos que no son mencionadas por el Gobierno argentino.

“Una vez más, llamamos al presidente Bashar Al Assad a permitir acceso a las zonas afectadas por razones humanitarias –advirtió Ban Ki-moon–. Y también le exigimos que permita al Consejo de Derechos Humanos intervenir en Siria”. El mensaje del surcoreano fue el único grito que sonó en la Argentina para contener los crímenes que se cometen en Siria.

A pesar de que la defensa de los derechos humanos es una de las más loables y destacadas políticas del kirchnerismo en el exterior –al punto de haber impulsado la creación del Consejo de Derechos Humanos en la ONU–, la Argentina no critica a las dictaduras árabes.

Según las Naciones Unidas, han muerto más de mil personas en las manifestaciones que son brutalmente reprimidas por el gobierno de Al Assad y más de diez mil sirios tuvieron que ser refugiados. Pero, hasta el momento, la Cancillería argentina no se ha mencionado al respecto.

Tampoco dijo nada el Gobierno argentino sobre la brutalidad del régimen de Muamar Kadafi. Ni siquiera fue suficiente la crítica del fiscal argentino Luis Moreno Ocampo al frente de la Corte Penal Internacional señalando a Kadafi como un asesino serial: los rebeldes calculan que hay más de 10 mil muertes entre las filas opositoras y la ONU cuestiona las sistemáticas violaciones a los derechos humanos de Libia. Pero la Argentina calla.

“Es necesario sumar voluntades de todos los que creemos que debe existir una sociedad más justa”, había dicho Cristina Kirchner en 2008 cuando visitó Trípoli. Pero desde

que estalló la rebelión contra Kadafi, la Presidenta no ha dicho nada.

Tampoco se había pronunciado la Argentina cuando el que asesinaba era Hosni Mubarak. Mientras el mundo criticaba la represión en El Cairo, que dejó cerca de 400 muertos en tres semanas, en Buenos Aires nadie hablaba.

El viernes pasado se cumplieron seis meses desde que el tunecino Habib Borghiba se incineró bajo las llamas que él mismo encendió para protestar contra los represores y dar inicio a la chispa que todavía conmueve al mundo árabe.

Desde entonces, se han producido miles de muertes en toda la región: desde Marruecos a Bahrein, desde Argelia a Yemén. Pero las teocracias, autocracias y monarquías que reprimen no son criticadas en la Argentina.

“No puedo dejar de transmitir la honda preocupación por la situación denunciada por Naciones Unidas en cuanto a la situación de los derechos humanos en su país”, disparó Cristina Kirchner al presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, durante la visita del africano a la Casa Rosada en marzo de 2008. Eran otros tiempos: Kadafi, Al Assad y Mubarak ahora no son mencionados por Cristina.

“La era de la impunidad ha terminado”, advirtió Ban Ki-moon en su periplo por Buenos Aires. Cristina Kirchner, en cambio, no dijo nada.

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