Cristian Sánchez, el primer ushuaiense en conquistar el Aconcagua

Cristian Sánchez se convirtió en el primer habitante de la ciudad que logra llegar al techo de América. Fue el 20 de enero a las 17.30, después de varios días de travesía. “La alegría y la emoción de haber participado de esta increíble experiencia fue un premio suficiente”, dijo el fueguino, y agradeció “el cariño de todos los que apoyaron este proyecto”.
Montañistas de nuestra ciudad, sobre los primeros días del presente año, viajaron a la provincia de Mendoza a encarar una de las pruebas de resistencia, tanto física como mental, más difíciles del continente: llegar al denominado Techo de América, haciendo cumbre en el Aconcagua. Uno de los integrantes de ese contingente fue Cristian Sánchez, quien se convirtió en el primer ushuaiense en lograr esta proeza. Él mismo en el siguiente informe nos relata lo vivido.

Cristian Sánchez: “El 3 de enero de este año, un grupo de personas residentes en Ushuaia partimos rumbo a Mendoza, específicamente al Cordón del Plata con la idea de realizar la adaptación correspondiente para emprender el ascenso al mítico Aconcagua, la montaña más alta de América, con una altura de 6.962 metros sobre el nivel del mar (msnm).

Los miembros de la expedición fuimos Sebastián Moyano, Raúl Ranzani, Cristian Quispe, Alberto Balmaceda, Luis Medina, Steve Austin y yo.

Estuvimos 5 días en los cuales nos adaptamos a diferentes alturas (la cumbre de Cordón de Plata está a 5.900 msnm), y si bien la experiencia fue positiva empezamos a sentir los efectos del cansancio que luego nos pasaría factura.

Luego de descender del Plata acampamos una noche en el famoso Cristo Redentor que divide Chile de Argentina, el cual se encuentra a 4.000 msnm, allí compartimos un chocolate caliente con la gente que mora en el lugar.

El día 10 ingresamos en el Parque Provincial Aconcagua, realizamos el check in donde abonamos el derecho al ascenso y empezamos nuestra aventura.

Es tanto el afluente de gente de todas partes del mundo que quiere realizar este ascenso, que el check in es muy riguroso, te dan las pautas a seguir, y siendo un Parque Provincial, se hace un estricto hincapié en lo que es el mantenimiento de la limpieza, con lo cual con todo lo que uno ingresa tiene que salir, me refiero a los envases de las botellas de agua que llevábamos, los envoltorios de la comida, etc. También te dan una bolsa numerada en la cual debés recoger tanto tu basura como tu materia fecal y traerlos de vuelta hasta el Campamento Plaza de Mulas donde realizamos el chek out hacia la salida del parque.

Después de entrar, nos dirigimos hacia el primer campamento denominado Confluencia, ubicado a 3.400 msnm, en donde acampamos una noche y nos realizamos el chequeo médico obligatorio que te permite, o no, seguir ascendiendo. Todos lo pasamos sin mayores inconvenientes. En ese comienzo tuvimos también un grato encuentro con uno de los más experimentados en esta materia como lo es Juan Venegas, que también residió en nuestra ciudad hace unos años. Tuvimos una charla con él y nos dio algunas pautas basadas en su amplio conocimiento que realmente nos sirvieron muchísimo.

De allí tuvimos una travesía de aproximadamente 8 horas por la denominada Playa Ancha, una superficie relativamente plana de unos 10 Km de terreno muy árido hasta el segundo campamento, tal vez el más conocido por el común de la gente, Plaza de Mulas a 4.300 msnm. Allí tuvimos la 2º revisión médica, de la cual surgió que todos estábamos aptos para seguir y donde nos quedamos dos noches.

Uno de los tramos de ascenso más duros fue el que nos desembarcó en el 3º campamento; Canadá, con una pendiente muy empinada y pedregosa en la que tuvimos que marchar muy lentamente ya que, a pesar de nuestra buena adaptación previa, empezamos a sentir los efectos de la altura, pero ello no nos impidió llegar a los 5080 msnm donde acampamos y descansamos. En esa altura ya no se cuenta con agua como en los campamentos anteriores y por ello se debe caminar un tramo hasta llegar a una pequeña caída de agua de la cual pudimos proveernos.

A la mañana siguiente emprendimos nuestro viaje hacia Nido de Cóndores a 5400 msnm donde estuvimos dos días y fue el momento que las inclemencias del tiempo se hicieron sentir ni bien llegamos ya que soplaba un viento helado que nos complicó el armado de la carpa, con el agravante de que se nos rompió una varilla, aunque gracias a que contábamos con un repuesto se pudo solucionar. Éste fue el primer lugar donde tuvimos que juntar nieve para derretir y hacer agua tanto para cocinar como para hidratarnos.

Posteriormente nos dirigimos hacia al último campamento de nombre Cólera, ubicado a 6.000 msnm, desde donde atacaríamos intentando hacer la tan deseada cumbre. Allí permanecimos 2 días esperando una “ventana” de buen clima que veníamos siguiendo con diferentes guías de la zona, como así también escuchando el reporte del clima por radio VHF. Así fue que tuvimos que permanecer 24 horas dentro de la carpa por las fuertes ráfagas de viento, justamente el día que teníamos planeado ascender y que postergamos hasta la siguiente jornada.

Sólo 962 metros nos separaban de lograr nuestra hazaña, parecía poco, pero en realidad a esa altura, con la consecuente falta de oxígeno, es una eternidad, todo el equipamiento parece que pesara más, las piernas no responden como uno quiere por lo cual también el ritmo de caminata es mucho más lento y ahí te das cuenta de que estás cerca en distancia pero muy lejos en la práctica.

Luego de esperar tanto tiempo, salimos a las 5 de la mañana del 20 de enero, equipados con la indumentaria y el temple necesario para intentar la hazaña. Tuvimos un día de inmejorables condiciones climáticas para el ascenso, el cual duró en total casi 17 horas. Con mucho esfuerzo y el cansancio propio de la exigencia logramos llegar a los 6.962 msnm tan deseados.

Fui el cuarto del grupo en alcanzar la cima lográndolo a las 17.30, un horario poco aconsejado ya que luego hay que emprender el regreso con un físico exhausto y la proximidad del ocaso. Estas situaciones harían aún más difícil el descenso, el cual nos demandó más de tres horas y media hasta llegar al campamento.

No todos hicimos cumbre, ni lo hicimos al mismo tiempo, eso no es lo más importante, pero la alegría y emoción de haber participado de esta increíble experiencia fue premio suficiente para todos nosotros, sumado al trabajo en equipo y compañerismo que reinó durante toda la expedición.

Creo que hablo por mis compañeros también, cuando agradezco el cariño de todos los que apoyaron este proyecto, desde los familiares y amigos hasta los compañeros de trabajo y gente en general, que aún sin conocernos mucho siempre tuvo una palabra de aliento para con nosotros.

En lo personal quiero hacer una mención especial al Club Andino Ushuaia, del cual soy socio hace muchos años, por su particular apoyo tanto con materiales como con recomendaciones y ayuda".

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