El radicalismo vive hoy una crisis de identidad que lo coloca cada vez mas lejos de la sociedad, obteniendo así cada vez menos votos y, por consiguiente, una menor representación en el congreso nacional y en las cámaras provinciales.
Justamente, es en la provincia de Buenos Aires donde la UCR tiene una de las peores conducciones y una de las peores estrategias partidarias para acercarse a la sociedad. Y prueba de ello es que en la última década no logró siquiera superar su pobre caudal electoral, sus actividades cada vez reciben menos adhesiones y hasta ha llevado a que los propios radicales se alejen y encuentren en otras expresiones políticas afines, como el Frente Amplio Progresista, un lugar para participar y sentirse identificado.
Sin embargo, creo seriamente que hubo dirigentes que, en la década de los 80 y hasta mediados de los 90, fueron de gran importancia para el partido; pero también creo que es la permanencia, casi pétrea, de estos dirigentes fue la que contribuyó a la crisis partidaria actual, evitando el natural y necesario recambio generacional, que hubiera permitido el ascenso de muchos y valiosos jóvenes, y con ellos el renovado el empuje del que hoy el radicalismo carece.
Lamentablemente, parte de esta crisis hace que otros partidos -como el PRO, el sector de Sergio Massa y, en su mayoría, el Frente Amplio Progresista- sean los que captan estos dirigentes jóvenes y con ganas de militar. Allí encuentran un espacio de participación, son escuchados y se sienten valorados, cosa que hoy no pasa en la UCR.
A estos vetustos dirigentes del partido parecen no interesarles generar espacios de participación de nuevos dirigentes, porque parecieran preferir un partido chico, que le convenga a pocos y a los de siempre.
Para cambiar esta situación, que sin dudas llevará años modificar, es vital promover un recambio generacional en la conducción partidaria. Y para esto es necesario abrir el debate interno generando propuestas, cursos de acción, oportunidades de participación. Es importante promover la motivación en ellos, como permanentemente lo hacen los demás partidos políticos.
Si las personas que actualmente tienen la responsabilidad de conducir la UCR son capaces de oír y entender este mensaje, si tienen la grandeza de darle la posibilidad a los tantos jóvenes radicales que aún sueñan con llevar bien alto las banderas de Leandro N. Alem, Hipólito Yrigoyen y Raúl Alfonsin. Si aún piensan que, como decía Alem, “se busca la posición política para poner a su servicio talento, carácter y patriotismo”, y no para que “sirva a los fugaces caprichos de oscuros bienes, de miserables sueños”, en definitiva, si no quieren que el partido termine por quebrarse, sabrán entonces abrirnos el camino a los jóvenes, para que juntos los radicales devolvamos a la Unión Civica Radical al lugar que nuestra historia y nuestras banderas se merecen.



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