“La crisis fiscal debilita la legitimidad del proyecto de la Unión Europea”

Fukuyama afirma que debe haber más solidaridad entre los miembros del bloque.
Para el afamado politólogo estadounidense Francis Fukuyama, los problemas financieros que padecen algunos Estados europeos, y que acabaron estallando tras los salvatajes de bancos privados en quiebra con dinero público, amenazan ahora con socavar el orden político del Viejo Continente.

“La crisis fiscal debilita la legitimidad del proyecto de la Unión Europea” , comenta en una larga entrevista.

De afirmaciones siempre atrevidas, asegura sin empacho que Occidente debería aprender de China, de la que sostiene que fue pionera en desarrollar instituciones estatales antes de las que surgieron en la era capitalista europea. Y también considera que los chinos fueron los primeros en organizar “gobiernos burocráticos de alta calidad, algo que las sociedades occidentales no han podido lograr”, caracterización polémica que deja a un lado el hecho histórico de que tanto Alemania como Francia crecieron, justamente, en virtud de la eficacia de su aparato de funcionarios estatales.

En su nuevo libro, The Origins of Political Order (Los orígenes del orden político), Fukuyama revisa el desarrollo de las instituciones políticas desde la antigua China hasta la Revolución Francesa.

Es sorprendente que su libro no sea eurocéntrico. Pone a China en primer plano como la primera sociedad en desarrollar instituciones estatales. Como usted dice: “Muchos de los elementos que lo que entendemos por Estado moderno aparecieron en la historia mucho antes de la Revolución Industrial y la economía capitalista moderna; estos elementos ya estaban presentes en China en el siglo III a.C.” ¿Por qué cree que se olvida esto? En parte, el problema es que la historia de China es tan larga y compleja que a la gente le resulta muy difícil abarcarla. La mayoría de los occidentales no están familiarizados con la historia china anterior al siglo XX. Sólo conocen la Dinastía Qing, la última, que decayó y finalmente fue desplazada por la revolución nacionalista de comienzos del siglo XX.

Su maestro, el desaparecido Samuel Huntington, una vez me dijo que “Occidente tiene mucho que aprender de otras civilizaciones”. Sin embargo, Occidente siempre se ha resistido a ese intercambio.

En general, Huntington tenía razón en que habría cosas importantes que aprender de ellos. Por ejemplo, los chinos siempre fueron muy buenos para los gobiernos burocráticos de alta calidad, algo que las sociedades occidentales no han podido lograr.

Usted defendió al movimiento neoconservador. Luego lo abandonó. ¿Qué lo desilusionó más?¿Sus aspiraciones hegemónicas, la guerra de Irak, el rechazo por la regulación de la economía, que llevó a la crisis de 2008? En primer lugar, no existe un movimiento neoconservador como tal. Era sólo un grupo de intelectuales con una visión del mundo. Mi discusión fue que era dependiente y estaba muy ligado al poder militar estadounidense, que para mí era un instrumento limitado y no se había aplicado debidamente en Irak o en la guerra contra el terrorismo.

En su nuevo libro, usted dice que, cuando una sociedad no hace frente a una crisis fiscal a través de una reforma institucional, se corroen sus instituciones. Pone como ejemplo a la Francia antes de la Revolución. Hoy varios países europeos, desde Grecia a Portugal, enfrentan una crisis semejante. ¿El proyecto europeo pierde legitimidad y se está desestabilizando? Sí, la crisis de la deuda soberana ya está desestabilizando a la Unión Europea. Además, la crisis fiscal no es un problema sólo para Europa sino también para EE.UU. y Japón. La única manera de resolver esta crisis es renegociar el contrato social porque no es sostenible. Se negoció en un momento en el cual la gente no vivía tanto y la tasa de natalidad era más alta. Lo que hace que la crisis europea sea tan grave es que no hay un sentido muy fuerte de solidaridad. Los alemanes no están teniendo un papel muy visionario.

El impacto de “El fin de la historia” –cuya premisa era que con la caída del comunismo se expandiría la democracia liberal- lo elevó a la categoría de estrella de rock. ¿Sigue siendo opitimisma más de veinte años después? Depende del marco temporal. La pregunta básica era: “¿Hay un proceso de modernización que lleve a la democracia, que haga que la gente esté mejor? ¿La gente está mejor como resultado de eso?” Para mí, la respuesta a esa pregunta sigue siendo sí. En el corto plazo, es decir los próximos cinco a diez años, puede que las cosas se vean mal. Obviamente, después del 11-S, tuvimos muchos problemas con el extremismo religioso y retrocesos de la democracia. Pero ahora la Primavera Arabe podría estar revirtiendo parcialmente esas cosas.

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