Tras la fallida rueda de personas con el testigo presencial, el fiscal especial Santiago Garay tiene dos caminos: liberar a los detenidos o demostrar con más elementos en los próximos días que se está frente a los autores del hecho.
Una tarea complicada tendrá en los próximos días el fiscal especial Santiago Garay para mantener en prisión a los dos acusados de matar en un asalto al turista neocelandés Nicholas Heyward después de que uno de los testigos presenciales, el considerado clave porque les vio el rostro, no los reconociera en rueda de personas.
En su edición de ayer, El Sol informó que había arribado a nuestra provincia desde Perú Pierre D’Amico, el francés que se encontraba con la víctima el día del asalto fatal sobre calle Thays del Parque General San Martín, para participar en la medida dispuesta por el fiscal en la Alcaidía de los tribunales. A la misma también fue citada una docente que vio cómo escapaban de la escena los motochorros el 28 de abril pasadas las 15, y tampoco pudo reconocerlos.
El pesquisa esperaba que D’Amico señalara detrás del vidrio a Marcos Ulises Leiva (34), el Pino, como autor del crimen de Heyward, para mantenerlo tras las rejas. Pero el foráneo marcó a otra persona que nada tenía que ver con el crimen y las esperanzas se desvanecieron rápidamente. El testigo ya había participado a las pocas horas del ataque en otro reconocimiento con el primer capturado, el sobrino del Pino, Adrián Soda, de 20 años y conocido como Ruli, y tampoco lo marcó como coautor. Ante esto, el panorama se presenta oscuro en el expediente que instruye Garay para el esclarecimiento del conmocionante hecho de sangre.
Si bien la convicción de Garay lo llevaría a solicitar la prisión preventiva contra los imputados por homicidio criminis causa –matar para lograr la impunidad de otro hecho, en este caso el robo de las pertenencias de la víctima–, hasta ahora, con las pruebas incorporadas en el sumario contra el Pino y su sobrino, Ruli, no alcanzaría para que un juez de Garantías la dicte. Por esto buscará durante la feria aportar otros elementos probatorios para mantenerlos en una celda.
El magistrado cuenta con la declaración de testigos reservados, entre ellos, una persona que los vio ingresar a un barrio del oeste capitalino en una moto similar a la que habían descrito, y otras que no pueden ser reveladas para no entorpecer la investigación.
Los declarantes pidieron a cambio de su aporte la recompensa de 40 mil pesos –ofrecida el 2 de mayo por el Ministerio de Seguridad– y confiaron que Pino y Ruli llegaron en moto a un barrio del oeste y aseguraron que “se habían mandado una cagada”.
“Los testigos nunca afirman que los dos hablaban de ese hecho puntual (con referencia al homicidio del turista), por lo que hay indicios pero no pruebas certeras”, confiaron los investigadores.
Lo cierto es que el asesinato ocurrido el lunes 18 de abril va camino a quedar impune. No se halló, durante la decena de allanamientos que se han ordenado en el expediente, el arma homicida, y los testigos nunca, en todas las ruedas de personas que se han ordenado, han señalado a los dos sospechosos.
Heyward, nacido en Nueva Zelanda pero con residencia en Australia, llegó desde Bariloche un sábado y dos días después lo mataron en el Parque General San Martín de cinco balazos en el tórax, mientras pasaba por el costado sur del Malvinas Argentinas. Junto a él caminaban dos amigos que había conocido hacía tres semanas: Pierre D’Amico y Fiona Darling, oriunda de Australia. Dos motochorros abordaron a Heyward para robarle la cámara fotográfica que colaba de su cuello. Se resistió y uno lo derribó para luego ejecutarlo.
Comentá la nota