Un grupo de profesionales sostuvo, durante el juicio por el homicidio de su expareja, que la joven Jésica Vanesa Pérez era víctima de violencia de género.
Un grupo de asistentes sociales y sicólogas que intervinieron en el caso de Jésica Vanesa Pérez declararon este miércoles que la joven acusada del asesinato de su exnovio, Juan Emilio Cisneros, “estaba sometida a una relación de violencia y amenazas permanentes”. Durante la tercera jornada del juicio, desfilaron frente al tribunal varios profesionales que revelaron la “dura infancia” de la joven acusada, los riesgos y la vulnerabilidad social a la que estaba expuesta, y la condición de víctima de violencia de género por parte de su expareja.
El 11 de marzo de 2012 Jésica Vanesa Pérez fue a buscar a la casa de una hermana a Juan Emilio Cisneros y le dio una puñalda mortal en el pecho. Hacia tres meses que se habían separado. La madre de la víctima declaró en el juicio que ella lo mató por celos. Sin embargo, los profesionales que declararon este miércoles sostuvieron que la chica lo había echado de la casa tres meses antes y que había cortado la relación por la violencia que padecía junto a sus dos hijos.
Este jueves se escucharán más testigos y están previstos los alegatos de las partes. El Tribunal está integrado por los jueces Carlos Alberto Mattei, Carlos Alberto Besi y María Florencia Maza. La defensora oficial es Cristina Paula Albornoz. Jésica Pérez tiene 24 años y permanece con prisión domiciliaria. Tiene dos hijos, de 6 y 9 años. Este miércoles tuvo una jornada dolorosa, aunque los testimonios podrían aliviar en parte la acusación en su contra.
Historia de vida
En primer término, la asistente social Carola Legarda, que hizo una entrevista socioambiental en la casa de la acusada cuatro días después del homicidio, reveló la historia familiar de la chica. Tiene seis hermanos y fue abandonada por sus padres. Sufrió violencia por parte de sus progenitores y fue testigo de la violencia en la pareja.
A los seis años la internaron en una escuela hogar en Carhué. Se escapó y a los doce, en situación de calle, comenzó a prostituirse para poder sobrevivir. Estuvo internada en un hogar de menores y en el Programa Guadalupe, para recuperarse de sus adicciones.
A los 18 años Pérez conoció a Cisneros. La convivencia duró cuatro años. La chica le contó de al menos dos episodios de violencia graves: que Cisneros le había pegado en la cabeza con un cuchillo a su hijo y que, unos días antes del desenlace, había recibido en la calle una piña en un ojo. Si bien la chica lo había “echado” de la casa, él la seguía hostigando, contó Legarda. “Padeció violencia en todos sus vínculos desde su niñez. Es una persona en estado de vulnerabilidad y riesgo”, afirmó.
Por su parte, la sicóloga Valeria Ruggieri, que conoció a Pérez en un taller de panadería para jóvenes en riesgo al que Pérez asistió durante dos años, consideró que “fue dejada a la buena de Dios con algunos de sus hermanos, fue una infancia muy dura”.
La profesional rescató que Pérez había logrado “ordenarse” a partir de la asistencia al taller, consiguiendo cierta independencia económica a partir de que sostenían un servicio de cattering desde ese lugar. “Se pudo comprar sillas, no tenía dónde vivía”, graficó.
Sin embargo, Ruggieri refirió que Cisneros boicoteaba esta actividad y controlaba a su pareja en forma permanente con “actitudes intimidatorias” inclusive para el personal a cargo del taller. “Le decía que lo que hacía no servía para nada. Quería que se quedara con él tirada en la cama”, recordó.
Dijo que en los días previos al desenlace Pérez apareció en la actividad del taller con “una piña en el ojo”. “No llegamos a hacer la denuncia”, lamentó, sobre ese episodio. “Ella tenía miedo por ella y por los nenes. Andaba con un cuchilllo en la cartera como medida de seguridad”, confió.
-¿Había agresiones mutuas? -le preguntó la fiscal a la sicóloga.
-No.
-¿No le aconsejaron que no se acerque a él si le tenía tanto miedo?
-Sí. Ella hacía lo posible. Pasa que él la seguía.
Sometida
“Estaba sometida en una relación de amenaza y violencia permanente”, declaró una sicóloga del programa Inaun,Marcela Torta. La profesional realizó un tratamiento de cinco entrevistas con Pérez, con el propósito de contenerla después del hecho. “Lo primero que refirió es que no podía creer lo que pasó. Estaba lejos de su intención, solo quería pegarle un susto para ponerle fin a una larga historia de sometimiento y violencia”, le dijo a los jueces.
“Ella le pedía que cambie y deje de golpearla. Pero él reincidía. Ella le decía que lo amaba pero que se buscara otra mujer para liberarla de una relación en la que ella se sentía atrapada”, explicó.
La sicóloga evaluó que el desencadenante del asesinato fue el robo de un televisor que ella había comprado con el dinero que percibía por la producción en el taller de panificación. “La substracción del objeto, más allá del valor en sí, es el desencadenante. A partir de sentirse invadida y violentada, pierde el control de sus actos y sale de manera impulsiva a darle un susto”, indicó.
En esa situación, explicó, “desaparece el sujeto, por eso se desconoce, es como un derrumbe del sistema de valores que la enmarca en el mundo. Pierde el control de sus actos y esto lleva al sujeto a cometer hechos excesivos, no puede medir ni las consecuencias ni la gravedad del hecho”.
Torta observó a Pérez “angustiada y arrepentida” en las entrevistas. La sicóloga insistió en que relataba sucesivas situaciones de violencia en la pareja. “El prometía cambios. Pero solo se reiniciaba el círculo”, apuntó.
-¿Relataba con frialdad el hecho? -le consultó la defensora.
-No, de ninguna manera. Estaba muy angustiada, triste, sin poder dormir, desconcertada sobre cómo podía ser la autora si ella lo amaba.
-¿Alguien que le tiene miedo a una persona puede ir buscar el contacto con él? -punzó la fiscal.
-A veces enfrentarlo es intentar superar ese miedo o ponerle fin de alguna manera.
También declaró este miércoles la jefa del Servicio Social del Molas, Marisa Pérez, que intervino a partir de que la chica llegó al hospital con una enfermedad contagiosa. La profesional ratificó la situación de vulnerabilidad de la chica y la falta de cuidado. “Cuando apareció Cisneros lo vimos como positivo porque tenía mucha necesidad de afecto. Pero él no trabajaba y la tenía como encerrada”, señaló.
Otra asistente social, Silvia Pérez, de la Dirección de Niñez y Adolescencia, recordó que la abuela de Pérez había llegado a ese área varias veces para manifestar que Cinseros golpeaba a su nieta. “Él ejercia un control permanente sobre ella. No podíamos entrevistarnos a solas con ella”, confió.
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