El implacable avance de las aguas del río Paraná, que provocó una emergencia sin precedente en los últimos quince años en Iguazú, y que amenaza con amainar el éxito turístico que se vaticinaba para Cataratas dentro de dos semanas, con el comienzo de las vacaciones de invierno, provocó anteayer un incremento repentino de personas que debieron evacuar sus viviendas en zonas bajas de las provincias del Litoral.
El problema será mayor aguas abajo de esta capital. Hugo Cometto, productor ganadero que tiene animales en las islas, estimó que "entre Reconquista y Rosario debe haber 700.000 cabezas de ganado en las islas". Si se confirman los pronósticos del Instituto Nacional del Agua (INA), hasta el 25 de julio el río podría mantener niveles superiores a los 5,70 metros en esa franja.
Entre tanto, el gerente de operaciones del Parque Nacional Iguazú, ingeniero Marcelo Zuliani, afirmó que "las pasarelas del Parque Nacional Iguazú no están rotas" sino que se desplazaron de su posición original para permitir que el flujo de agua pase libremente y no comprometa las estructuras de hormigón. "Cuando las aguas están bajas, las barandas de las pasarelas están levantadas y permiten la circulación de la gente hasta la Garganta del Diablo. Pero cuando sube, se rebaten para permitir que el flujo de agua pase libremente, reduciendo la resistencia y permitiendo -de ese modo- que algún tronco en flotación pase por encima", insistió.
En Corrientes, los mayores inconvenientes se verificaron ayer en Itatí, Ituzaingó y Apipé Grande, donde el agua se apoderó de casas, caminos, chacras y ganado. En Chaco, la mayoría de los evacuados provienen de las ciudades de Barranqueras y Puerto Vilela.
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