Por tercer día consecutivo hubo choques entre la policía y los manifestantes que denuncian el autoritarismo; Erdogan acusó a la oposición de orquestar la protesta
Tras una jornada de calma que parecía insinuar un final de las violentas protestas que se originaron en Estambul, la situación se complicó por la noche con nuevas cargas policiales, esta vez en Ankara, la capital, escenario ayer de los mayores incidentes.
Erdogan minimizó las protestas y responsabilizó al opositor Partido Republicano del Pueblo (CHP) de incitar a los manifestantes, a quienes calificó de "saqueadores". Para el primer ministro, las protestas están dirigidas a erosionar la imagen del gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de cara a las elecciones del próximo año.
Las protestas comenzaron el viernes en el parque Gezi, cerca de la plaza Taksim, de Estambul, donde se concentraron algunos activistas para mostrar su disconformidad con un plan que prevé la tala de árboles para la construcción de un complejo comercial. La protesta inicial -una acampada de jóvenes ecologistas- se transformó en una gran manifestación contra el gobierno de Erdogan y el AKP, de raíces islamistas. Las protestas se extendieron como reguero al resto del país y fueron ferozmente reprimidas por la policía a lo largo del fin de semana.
Erdogan dijo que los planes para reconstruir el parque, durante mucho tiempo un punto de encuentro emblemático de manifestaciones, seguirán adelante, incluyendo la construcción de una mezquita y la reconstrucción de una réplica de un cuartel de la era otomana. El primer ministro dijo que las protestas no tenían nada que ver con estos planes.
"Esta reacción ya no es por talar doce árboles; es totalmente ideológica -dijo en una entrevista transmitida por la televisión turca-. Creo que el principal partido de la oposición, que está haciendo llamados a la resistencia en todas las calles, está provocando estas protestas."
El principal bloque opositor, el CHP, negó haber orquestado los disturbios y culpó a las políticas de Erdogan del conflicto social. "La gente que está en las calles de Turquía no es exclusivamente del CHP, sino de todas las ideologías y de todos los partidos", dijo Mehmet Akif Hamzacebi, un dirigente opositor.
Las protestas de ayer no fueron tan violentas como las de los últimos dos días, pero aun así la policía utilizó gas lacrimógeno para intentar dispersar a cientos de personas en la principal plaza de Ankara, Kizilay. Hubo enfrentamientos similares en las ciudades de Izmir y Adana.
En la plaza Taksim de Estambul el ambiente era más bien festivo y hubo poca presencia policial.
"Permaneceremos acá hasta el final. La única respuesta ahora es la caída del gobierno; estamos cansados de este gobierno opresor que nos somete a presión constantemente", dijo Akin, un joven activista. Al final del día se produjeron algunos enfrentamientos entre la policía y los manifestantes cerca de la sede del gobierno.
La reacción policial conmocionó a los turcos y a los numerosos turistas que se vieron atrapados por los disturbios en Estambul, una de las ciudades más visitadas del mundo. Incluso los aliados de Turquía en la OTAN llamaron al gobierno a moderar su reacción, y desde las propias filas oficialistas hubo autocrítica.
Para dispersar a los manifestantes, la policía llegó a lanzar gases lacrimógenos desde helicópteros. Imágenes grabadas mostraron a un manifestante atropellado por un vehículo policial blindado cuando éste barría una barricada. Frente a la cifra oficial de 79 heridos, el colegio de médicos de Turquía informó que hubo más de 400 personas lesionadas, quince de ellas graves. Según Amnistía Internacional, dos personas murieron en los enfrentamientos, una denuncia rechazada por las autoridades turcas. Más de 1700 manifestantes fueron detenidos durante las protestas, que se extendieron a más de 60 ciudades.
Durante la década que lleva al frente del poder, Erdogan supervisó la transformación del país, que pasó a ser una de las economías más pujantes en Europa. El primer ministro continúa siendo el político más popular del país, pero sus críticos lo acusan de autoritarismo y de favorecer la intromisión gubernamental en la vida privada. Debido a su sesgo islamista, algunas medidas aprobadas por Erdogan, como las restricciones en la venta de alcohol, dispararon las alarmas en los sectores laicos del país.
UN LÍDER ACUSADO DE AUTORITARIO
Los sectores laicos recelan de su tendencia islamista
R. Tayyip Erdogan
Primer Ministro
Partido: AKP, islamista
Edad: 59 años
Origen: Turquía
Recep Tayyip Erdogan (1954) llegó al poder hace diez años al frente del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), de tendencia islamista. En diez años, su gobierno dio un impulso a la economía con crecimientos del PBI superiores al 8%. Al mismo tiempo, se aprobaron medidas polémicas de tendencia islamista, de corte autoritario para la oposición. La prohibición de la venta de alcohol cerca de mezquitas y escuelas llevó al hartazgo a los sectores laicos del país, que este fin de semana finalmente estallaron.
"Con sus llamados a la resistencia, el principal partido de la oposición está detrás de las protestas "

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