El presidente Obama suspendió ayer el viaje a Tel Aviv de su enviado especial. Los militares estadounidenses criticaron al gobierno de Netanyahu porque perjudica los intereses de Washington en la región. Hubo protestas de los palestinos.
Convocado por el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, el comandante de las fuerzas desplegadas en Irak y en Afganistán, el influyente general David Petraeus explicó ayer que "la hostilidad persistente entre Israel y algunos de sus vecinos restringe nuestra capacidad de hacer prosperar nuestros intereses en la región. Las tensiones israelí-palestinas suelen desembocar en violencia y enfrentamiento armados a gran escala y este conflicto alimenta un sentimiento anti-americano basado en la percepción de que EE.UU. favorece a Israel".
Según Petraeus, "la cólera del mundo árabe respecto al tema palestino limita la fuerzas y la profundidad de las alianzas estadounidenses con los gobiernos y pueblos de la región, debilita la legitimidad de los regímenes moderados en el mundo árabe". "Mientras tanto, Al Qaeda y otros grupos militantes sacan provecho de esta ira para cosechar apoyo", dijo.
Las declaraciones de Petraeus ayer fueron precedidas por una presentación sobre el conflicto árabe-israelí que sus asesores le hicieron al Jefe del Estado Mayor Conjunto, el almirante Michael Mullen, el 16 de enero pasado. Ilustrada con 33 diapositivas, la presentación incluía pruebas muy concretas de que "la percepción entre los líderes árabes es que EE.UU. es incapaz de detener a Israel, que los países árabes moderados están perdiendo confianza en Washington, que la intransigencia israelí está poniendo en riesgo los intereses de EE.UU. en la región y que Mitchell es demasiado viejo, demasiado lento y demasiado tarde." Mullen quedó impactado.
Nunca antes un general estadounidense se había atrevido a interferir de esa manera en un asunto tan político. A diferencia del neoconservador Paul Wolfowitz, quien pensaba que la paz en Oriente Medio pasaba por Bagdad, el general Petraeus está convencido que pasa por Jerusalén y es por eso que quería que la Casa Blanca incluyese bajo su comando a los territorios palestino. Obama rechazó este pedido, pero tomó nota de la importancia de hacer avanzar las negociaciones entre Israel y los palestinos más rápidamente y decidió enviar a Israel a su vicepresidente Joe Biden en persona.
El anuncio de la construcción de 1.600 viviendas en Jerusalén mientras Biden estaba en Tel Aviv, fue la gota que rebalsó el vaso y que desencadenó la mayor crisis entre ambos países y fuertes choques en Jerusalén Oriental.
La Casa Blanca dijo ayer que la alianza entre EE.UU. e Israel sigue en pie. Pero en una conversación telefónica que duró 45 minutos, Hillary Clinton el viernes le dijo a Netanyahu que ahora "debe demostrar su compromiso" con el proceso de paz. Además le planteó una serie de demandas. Entre otras cosas, que Israel cancele la construcción de las casas en Jerusalén. Si bien Netanyahu no volvió a llamarla como le prometió, ayer dijo que ya dio muchas pruebas de su compromiso con la paz. Históricamente, cada vez que hubo tensiones serias entre ambos países, Israel siempre perdió.
El diario The Washington Post recordaba ayer que, en 1975, Henry Kissinger pidió al entonces primer ministro Yitzhak Rabin que abandonara bases importantes en el Sinaí, como un gesto hacia Egipto. Durante meses Rabin se negó, pero finalmente tuvo que ceder y, al año siguiente, perdió las elecciones. Luego, en 1992, George Bush padre pidió al premier Yitzhak Shamir que cancele los proyectos de asentamientos que tenía para Jerusalén Oriental y Cisjordania. Shamir se negó. EE. UU. le canceló un préstamo de US$10.000 millones y Shamir perdió las elecciones. Es difícil pronosticar el desenlace del nuevo episodio, pero la semana que viene Hillary y Netanyahu coincidirán en la asamblea de AIPAC, uno de los grupos judíos más fuertes de EE.UU. Veremos entonces qué puede pasar.




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