Crece la población en la Villa 31

Crece la población en la Villa 31
Según el Censo 2010, había casi 30 mil habitantes. Hoy se estima que llega a 40 mil.

El perfil de las villas 31 y 31 Bis se modifica casi a diario. La vista que ofrece desde la Autopista Illia –una sucesión de edificios desalineados, con balcones irregulares y plagados de escaleras caracol– es el resultado final de una obra que se cocina en las bases de la villa más antigua de la Ciudad, la que resistió el desalojo de la dictadura y las topadoras enviadas por el último Intendente que tuvo Buenos Aires antes de convertirse en autónoma. Solo hay que caminar por sus pasillos para ver el incesante traqueteo de las máquinas mezcladorasde cemento, las bolsas de arena y los ladrillos apilados frente a las casas, y las carretillas, cargadas de material. Y aunque crece mayormente hacia arriba, porque todos dicen que ya no queda un metro libre, siempre se genera un nuevo resquicio, una delgada línea que se convierte en la tierra prometida para cientos de familias.

Como en el resto del país, el último censo que se hizo en la villa es de 2010. En aquel momento se contaron casi 30.000 personas. Ahora se estima que puede haber 40.000. Por eso la demanda de viviendas no para. Por un lado, para dar cabida a la multiplicación de las familias, y por otro lado, impulsada por la avivada de quienes construyen para alquilar. Se puede pagar entre $ 700 y $ 1.500 por mes por una habitación y hasta $ 2.500 por un local. Y los precios varían en función de la ubicación (la villa tiene calles troncales muy concurridas, con negocios, bares y mejores servicios), el hormigón (gran parte de la villa tiene calles de cemento), los accesos (estar cerca de las terminales de ómnibus, trenes y subtes de Retiro) y la posibilidad de tener baño. Esta demanda de viviendas y también el recurso de aquellos que buscan tierras para construir y alquilar en la 31 y 31 Bis se hace visible con protestas como las de los vecinos de Villa Nylon.

“Los inquilinos son las personas más vulnerables dentro de un ámbito de vulnerabilidad. No tienen ningún elemento de seguridad, habitan un espacio sin firmar contratos y no tienen resguardo. En este momento el conflicto adquiere relevancia porque, si bien en la Ciudad la población se mantiene estable, no pasa lo mismo en las villas”, explica la abogada Luciana Bercovich, de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia.

El fenómeno no es nuevo, sino que se ha intensificado. Rosendo Frías vive en la 31 Bis desde hace 11 años y siempre fue inquilino: “Nunca tuve un peso de más para construir algo. Pasé del barrio Cristo Obrero al Playón Oeste, y ahora estoy en el Ferroviario. Y siempre es por el mismo tema, aumentan tanto los alquileres que me termino mudando. El problema es que cada vez me voy a un lugar más chico y más precario”, le contó a Clarín el jueves por la mañana, mientras llevaba un bolsa de panes. El prepara sandwiches de milanesa, que vende en los alrededores de la villa. A Frías le preocupa también la cantidad de gente que está llegando: “Con este lío de construcciones por todos lados, la urbanización está cada vez más lejana”, se lamentó.

Es que la Legislatura porteña votó un plan de urbanización que, por ahora, tiene una traba insalvable: Nación debe vender o traspasar a la Ciudad los terrenos en donde está asentada la villa. Mientras no ocurra, la Legislatura porteña no tiene potestad para cambiar la zonificación y otorgarle status de barrio a la villa. Mientras tanto la Ciudad avanza con obras de infraestructura: “Entre 2012 y 2013 hicimos 4.500 metros de infraestructura, esto es: calles asfaltadas, agua potable, cloacas, pluviales y luminarias. Además de cuatro plazas y cuatro canchas de fútbol”, contó Gonzalo Mórtola, del Programa de Mejoras de la villa (dependiente del Ministerio de Desarrollo Económico porteño). En estos dos años invirtieron $ 43 millones en obras.

En relación a los trabajos, el arquitecto Javier Fernández Castro lamenta que no estén enmarcados en el proyecto de urbanización (él es uno de los autores): “Es positivo que se hagan obras, pero son precarias y no cumplen con las normativas del resto de la Ciudad. Cada vez hay más viviendas, sin ningún tipo de regulación. Hace falta más presencia del Estado”, dijo.

Es una opinión unánime: el crecimiento no se detiene. Las empresas Edenor y Edesur debieron colocar más transformadores en las bocas para abastecer la demanda. Y las madejas de cables que surcan de lado a lado los pasillos de la villa tejen una red que interrumpe la vista al cielo. A lo lejos, apenas llega el ruido de los autos que trajinan la autopista.

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