Fue abucheado en un estadio cuando inauguraba un torneo de béisbol; la oposición celebró ayer asambleas populares
Toda una fiesta para la revolución chavista que el mandatario quiso capitalizar apoyado por Cilia Flores, la "primera dama combatiente" (como la anunció el presentador del estadio), por el propio embajador cubano y por el ministro de Deporte, antiguo jugador de béisbol convertido ahora en cantante, bastante mediocre, de reggaeton.
El grupo saltó al terreno de juego, el diamante del béisbol, con la parafernalia habitual: escoltas, militares, fotógrafos. Maduro se subió al montículo para lanzar la primera bola. Y lo que recibió fueron tantos silbidos que la televisión silenció a la grada, incluso emitió aplausos grabados a través de los altoparlantes. De poco sirvió, porque cinco minutos más tarde los videos recorrían las redes sociales a toda velocidad. Incluso los televidentes cubanos se quedaron pasmados en la isla al escuchar la atronadora bronca durante varios segundos en sus televisores.
Una reacción sorprendente, ya que el chavismo cuida hasta el más mínimo detalle de lo que aparece en sus canales: tradicionalmente en actos deportivos similares se compra gran parte de las entradas del estadio y se reparten entre amigos, para evitar lo que sucedió el sábado.
¿Anécdota o síntoma? El "presidente obrero" vuelve a estar en el ojo del huracán político. Las recientes medidas económicas, que limitan los viajes al exterior de la clase media, se han sumado a las kilométricas colas en busca de alimentos y productos básicos repartidas por todo el territorio y a la ola de violencia que desangra el país, día a día.
Incluso varias protestas llegaron la semana pasada hasta las puertas del Palacio de Miraflores, incluida la de un grupo de médicos comunitarios, cercanos al oficialismo.
Desde el gobierno se puso especial empeño en reducir los decibeles de la bronca. "Maduro recibió el saludo emocionado del público y peloteros de los distintos equipos", resumió Delcy Rodríguez, ministra de Comunicación.
"Cuidado con el aguijón del alacrán de la derecha", contraatacó ayer el presidente durante la conmemoración del 15° aniversario de la llegada de Chávez al poder. Una descarga habitual en el ex sindicalista, que tampoco pasó por alto las asambleas populares convocadas ayer por una parte de la oposición.
"Candelita [fuego] que se prenda, candelita que debemos apagar", sintetizó Maduro tras conocer cómo la iniciativa de Leopoldo López, dirigente opositor de Voluntad Popular, cobró forma en varias ciudades del país.
El cabecilla de los radicales de la oposición busca "la salida" del gobierno de Maduro. Una jugada con la que no sólo pretende cargarse a Maduro, pura utopía, sino con la que también quiere competir por el liderazgo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con Henrique Capriles. El gobernador de Miranda reiteró su posición ayer durante una entrevista: "De lado y lado quieren clavarme un cuchillo".
La oposición asiste dividida a la iniciativa de López, a la que se sumaron la diputada María Corina Machado, el alcalde mayor de Caracas, Antonio Ledezma, y un grupo de asambleístas de la corriente Movida Parlamentaria.
El método, "escuchar al pueblo", esconde un objetivo electoral: convocar una Asamblea Constituyente, un proceso muy complicado tras la derrota de diciembre en las urnas.
"Éste es el primer paso para lograr la salida. Alcemos la voz para decir basta", enfatizó López, que convocó a una nueva concentración para el día 12..


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