La corrupción mata

La corrupción mata
Un joven platense dio pistas sobre los mecanismos para lavar dinero de empresarios ligados al gobierno. Con estos recursos, que fueron girados al exterior, se podría haber hecho importantes obras hidráulicas, ferroviarias y viales
El arroyo el Gato no es lo único que pasa por La Plata, causando muerte y destrucción. En nuestra ciudad existe otro torrente que, en lugar de agua, transporta dinero mal habido, en negro, que sería producto de coimas y sobreprecios que involucran a funcionarios nacionales y empresarios amigos del poder. Se trata de decenas de millones de dólares y de euros, que durante los últimos años fueron girados a sociedades fantasmas creadas en paraísos fiscales como Panamá y Belice.

Todo salió a la luz a partir de una cámara oculta realizada al platense Jorge Leonardo Fariña, un muchacho de 26 años, recibido de contador en la Universidad Nacional de La Plata y que se hizo famoso luego de casarse con la exuberante modelo Karina Olga Jelinek.

Fariña prendió el ventilador y reveló detalles sobre la triangulación de fondos mal habido por parte de Lázaro Báez, un exempleado del Banco Santa Cruz, convertido en uno de los principales contratistas de obra pública de esa provincia y cuyo patrimonio creció exponencialmente a partir de la llegada de los Kirchner a la Casa Rosada. No por casualidad, en señal de agradecimiento a la familia presidencial, Lázaro construyó un mausoleo donde actualmente descansan los restos de Néstor Kirchner en Río Gallegos.

Se trata sólo de una parte del dinero que mueve la corrupción en la Argentina. Solo hay que recordar, por ejemplo, que el exchofer de Kirchner, Rudy Ulloa Igor, llegó a ofertar $600 millones para comprar Telefe- En tanto, otro empresario patagónico, Cristóbal López, se convirtió en el zar del negocio del juego y las tragamonedas en la última década, gracias a los favores otorgados por el gobierno kirchnerista, que le abrió la puerta para quedarse con medios de comunicación, empresas alimentarias, refinerías y petroleras.

Los negociados derivan en un Estado ausente y las consecuencias vienen siendo pagadas por ciudadanos inocentes con su propia vida, que es lo más valioso que tiene el ser humano. Los más de 50 muertos que tuvieron las inundaciones en La Plata podrían haberse evitado si, en lugar de llenar el bolsillo de empresarios y funcionarios inescrupulosos, el dinero del Estado, que aportan todos los ciudadanos al pagar sus impuestos, se hubiese invertido en obras para entubar y canalizar el arroyo El Gato. Este emprendimiento hidráulico tiene un costo de aproximadamente $770 millones, cuando el propio Fariña –y otro financista de Lázaro Báez, que también rompió el silencio- dio a entender que el empresario santacruceño habría querido fugar por lo menos 160 millones de dólares, es decir, $1344 millones (tomando en cuenta el dólar blue, que determina la mayoría de las variables de la economía doméstica). Esta cifra equivale a la inversión total que se requiere para canalizar y entubar el Arroyo del Gato, más la totalidad de recursos que el gobierno nacional destina para asistir a los jubilados, amas de casa y desempleados, víctimas de las inundaciones en La Plata.

Asimismo, con los miles de millones que se fugaron con la totalidad de negocios turbios tejidos desde el Estado, durante los 10 años de gobierno kirchnerista, tranquilamente se podría haber modernizado el sistema ferroviario y la red vial. Respecto a los trenes, el kirchnerismo carga sobre sus espaldas con las 51 muertes del siniestro en estación Once, producido por el choque de una formación que se habría quedado sin frenos, sacando a la luz la falta de inversión en un país donde el gobierno destinó discrecionalmente miles de millones de pesos en subsidios a las empresas privadas que controlan ese servicio.

Asimismo, la Argentina es uno de los países del mundo con mayor cantidad de accidentes de tránsito, en relación a su cantidad de habitantes. En 2012, según la ONG Luchemos por la Vida, se produjeron más de 7000 decesos en las rutas del país, y los especialistas atribuyen una parte muy importante de estas muertes a la falta de inversiones en los que hace a la construcción y mantenimientos de rutas y autopistas.

Hay números que hablan por si solos. Por año, se construye apenas 26 km de autovías por año en nuestro país, cuando entre 1864 y 1914, una época donde los materiales se transportaban con tracción a sangre y la tecnología era absolutamente rudimentaria, se construyeron un promedio anual de 688 km de líneas férreas, que permitieron integrar el país y poblar lo que hasta ese momento era territorio desértico.

Para dar una idea de la magnitud del lavado de activo, solamente los 160 millones de dólares de Lázaro Báez, es más de la mitad de los recursos que actualmente tiene la Dirección de Vialidad en la provincia para hacer obras.

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