La gran cantidad de gente que se reunió a los costados de la pista sobre la avenida, entre Florida y Alem, desbordó a los organizadores. Participaron 36 equipos que construyeron vehículos sin motor.
La insólita carrera fue organizada por una bebida energizante y tomó el modelo de la original, que se hizo por primera vez en Bruselas, Bélgica, pasó por 53 países, y llegó a tener hasta 50.000 espectadores. En algunas ciudades es una cita anual que nadie quiere perderse. En Buenos Aires, la avenida Corrientes le quedó chica: o, al menos, angosta. Pero lejos de esa incomodidad, el público igual gritó y alentó a sus favoritos: entre ellos una súper huevera con pollitos en fuga, unas chicas enfundadas en enteritos rosa chicle, un sushi gigante, una alfombra mágica que sí parecía flotar, una verdadera vaca loca y hasta un papa Francisco que divirtió con su coreografía, repartió alegría (sin sermones) y salió a rodar hacia el Bajo con su modesto Papamóvil. No ganó, pero fue uno de los favoritos. Su nombre oficial fue “Pancho y los cardenales celestiales”, por los dos guardianes ángeles que lo corrían de atrás.
La carrera comenzó pasadas las 14 y terminó a las 17, convocó a participantes de todo el país y tuvo otro momento desopilante con el “Parri Móvil”, que dejó una ola de mms a su rapidísimo paso. “Nadie se resiste al olorcito a asado”, fue su eslogan. La modelo Pampita, el actor Nicolás Riera y los corredores Norberto Fontana y Marcos Patronelli eligieron a los ganadores. El tercer premio fue el más simpático: después de estrellarse bajo el arco de llegada, al bólido de Gardel le regalaron un “curso avanzado de manejo de automóviles en situaciones extremas”. “Un poco tarde”, dijeron, riendo, sus creadores.

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