Un diez por ciento del electorado votará en tres estados. Si triunfan los socialistas, los verdes y los poscomunistas, al gobierno de derecha de Angela Merkel, le costará permanecer en el poder.
Los democristianos, que nacionalmente aspiran a ganar los comicios con su "socio natural", el Partido Liberal, y desprenderse de los socialdemócratas, quieren mantenerse en el poder en estas regiones también de la mano de los liberales. Sin embargo, los últimos sondeos señalan que una coalición de conservadores y liberales sería factible sólo en Sajonia. El suspenso es grande en las otras dos regiones, el Sarre y Turingia. En ellas podrían forjarse alianzas de socialdemócratas, verdes y poscomunistas del Partido La Izquierda y desatar nuevamente el debate sobre la posibilidad de una alianza con los izquierdistas a nivel nacional, que rechaza el candidato socialdemócrata a la cancillería, Frank-Walter Steinmeier.
Hasta ahora un sólo estado alemán es gobernado por socialdemócratas y poscomunistas, la ciudad-estado de Berlín. En el Sarre, en el extremo oeste de Alemania, la lucha electoral tuvo de condimento la rivalidad entre el SPD y La Izquierda, liderada por el ex primer ministro socialdemócrata del Sarre Oskar Lafontaine, quien abandonó el partido y el cargo de ministro de Finanzas del gobierno de Gerhard Schröder en 2005.
Más difícil está la situación para la CDU en Turingia, donde los poscomunistas y socialdemócratas desencantados del Partido La Izquierda lideran con cerca de 25 por ciento las preferencias electorales por delante del SPD.
El hecho de que los izquierdistas puedan tener más votos representa un problema para el SPD, que no se imagina de socio menor de una coalición liderada por un primer ministro poscomunista. La CDU de Turingia quedó además debilitada al sufrir su carismático primer ministro, Dieter Althaus, un accidente de esquí en año nuevo en los Alpes austríacos en el que causó la muerte de una mujer y resultó seriamente herido (DPA).

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