Esta próxima semana la convención del radicalismo neuquino proclamará los candidatos para la elección del 12 de junio. Opina aquí, muy crítico con el "farizanismo", el diputado provincial de la UCR, Marcelo Inaudi.El diputado provincial Marcelo Inaudi
Se consolidará de esta forma esta curiosa “alianza” entre radicales y kirchneristas, junto a otras fuerzas políticas de toda laya, cuyo primer paso lo dio el propio Martín Farizano, al acudir presurosamente a Olivos a abrazarse con Néstor Kirchner al día siguiente de triunfar en la interna.
En el orden del día figura la proclamación, por parte del radicalismo neuquino, de la señora Nanci Parrilli como candidata a Vicegobernadora. Una mujer cuyo mérito es portar el mismo apellido de su hermano y que, desde el Senado de la Nación, dio sobradas muestras de subordinación a las órdenes de la Casa Rosada, obstaculizando inclusive, el normal funcionamiento del más alto cuerpo deliberativo de la República.
¿Se pretenderá acaso la misma metodología para aplicar en la Legislatura neuquina? Seguramente los radicales neuquinos votarán tan pintoresca proclamación con la mano en alto y con la cabeza gacha.
Figura también la proclamación de candidatos a Intendentes y Concejales, seguramente casi todos kirchneristas, para competir en las elecciones municipales. Nuestro partido en todo el interior provincial oficiará de furgón de cola de quienes hoy defienden el vergonzoso “proyecto nacional y popular” de la Presidente.
Ser radical en Neuquén, se ha convertido casi, en una mala palabra. Se proclamarán también los candidatos a Diputados Provinciales, surgidos de una lista elaborada a puertas cerradas por parte de quienes propiciaban la democracia interna y la participación de los afiliados.
Se dice que no hay tiempo para consultar a los afiliados. Y tienen razón. Pero ocurre, que las elecciones del 12 de junio fueron convocadas a mediados de febrero del corriente año, con casi cuatro meses de antelación. Por ende, las autoridades partidarias tuvieron todo el tiempo del mundo para convocar a internas y posibilitar la participación de los afiliados en el proceso de elección. Para poder elegir y ser elegidos. No lo hicieron.
Optaron, a contrapelo de lo que sostenían, por la “rosca” y el “dedo” que tanto criticaban.
Se decía, para justificar el súbito kirchnerismo de muchos correligionarios neuquinos, que este era un proyecto eminentemente provincial, que prescindiría de la realidad nacional sobre la cual se abriría una suerte de “paraguas protector”. Los afiches de Farizano sonriendo al lado de la Presidente Cristina Fernández de Kirchner, nos demuestran todo lo contrario.
Soy un convencido que Martín Farizano, si bien trata de disimularlo por pudor o por conveniencia, es profundamente kirchnerista. Se identifica con sus principios. Adhiere y acompaña a sus figuras. Comparte su metodología. Valora públicamente las “cosas bien” que hizo este gobierno, sin advertir que los regímenes más corruptos y totalitarios de nuestra historia –entre ellos el actual- escondían sus miserias detrás de algún logro.
Menem derogó el servicio militar obligatorio, pero detrás de ese mérito socializó la corrupción y la miseria. El kirchnerismo pone en escena el matrimonio igualitario, la asignación universal por hijo –plagiada al ARI-, el fútbol para todos (¿?), o la política en materia de derechos humanos, tan cara a los radicales.
Pero detrás del escenario esconde, hasta donde puede, la patota de Moyano, el enriquecimiento brutal del matrimonio presidencial y sus bufones, ex choferes y empleados convertidos en sólidos empresarios, los pintorescos índices del violento Moreno, las trompadas de D’Elía y una férrea voluntad de atropellar las instituciones, sean legislativas o judiciales y dividir a los argentinos entre subordinados y enemigos.
Ser radical “N” implica sacarse fotos con Kirchner y correr a brindar explicaciones al Comité Nacional. Implica adherir a los principios de nuestro partido centenario, y propiciar a Nanci Parrilli para presidir la Legislatura Provincial. Implica asistir a actos de campaña aplaudiendo las recurrentes reivindicaciones de los “logros” del gobierno nacional, y al día siguiente declararse “alfonsinista”.
No se puede ser kirchnerista en Neuquén, menemista en La Rioja y radical en Buenos Aires. No concibo afiches sonriendo al lado de Cristina al tiempo que se profesa devoción por Ricardo Alfonsín. El próximo 12 de junio todo el país tendrá sus ojos puestos en Neuquén.
Como radical, me niego a trabajar para un triunfo kirchnerista en nuestra provincia.
Seguramente alguna lengua esponsorizada acusará a muchos radicales que no compartimos este proyecto, de ser “funcionales” al Movimiento Popular Neuquino. Soy un convencido que la sociedad reclama un cambio. Pero un cambio racional, maduro, con un claro margen de previsibilidad, con un plan de gobierno cierto.
La voluntad de cambiar no autoriza a suponer que los neuquinos estén dispuestos a dar un salto al vacío. Y los rejuntados implican precisamente eso. Un rejuntado que ya fracasó en la propia Municipalidad de Neuquén, gobernada por partidos que, casi al final del mandato se muestran como oficialistas en el ejecutivo ocupando la Secretaría de Gobierno, y como recalcitrantes opositores en el Concejo Deliberante, votando sistemáticamente en contra de todas las iniciativas de Farizano.
El proyecto de provincia resulta una verdadera incógnita. Acordaron listas, candidaturas, roscas, alianzas y rejuntes, y se olvidaron de lo esencial: un plan de gobierno compartido por todos los “adherentes”. Yo creía que los radicales habíamos aprendido de nuestros propios golpes y errores.
Hoy no estoy tan seguro.



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