Lo votó el Senado y Diputados lo aprobará sin discusiones. El plan congela salarios públicos y dispone más impuestos, recorte de pensiones y privatizaciones. Por presión del mercado, buscan reducir de 5,3% a cero el déficit fiscal en 2014.
El gobierno hace aprobar la ley con un voto de confianza, que causaría la caída del Ejecutivo presidido por Berlusconi si las cámaras no aprobaran las medidas.
Italia ha quedado metida hasta el cuello entre los países más frágiles del área del euro, la moneda única europea, que corre peligro de sufrir un irreparable “crack” que sería catastrófico para la economía y las finanzas mundiales. Grecia, Irlanda y Portugal son mantenidos en vida con el oxígeno de la ayuda europea porque no pueden pagar sus deudas. Aunque en menor medida, Italia y España, tercera y cuarta economías de la Eurozona, también corren serios riesgos de un “crack” que liquidaría al euro.
En un clima de colaboración, la oposición de centroizquierda y los centristas del Tercer Polo decidieron votar en contra pero apurar la sanción de la ley de medidas de austeridad. No hubo debates ni presentación de enmiendas ni obstruccionismo.
“Un milagro” , comentó el presidente de la República, Giorgio Napolitano.
La crisis estalló el viernes con una jornada negra en la bolsa italiana que se repitió el lunes. El otro termómetro de la crisis es el aumento de los intereses adicionales a pagar por los títulos públicos debido a la desconfianza de los inversores. En el peor momento, las obligaciones llegaron a costar más del 5% adicional que los seguros “bund” o bonos alemanes.
Ayer, en el primer remate de títulos, que en Italia son continuos porque el país está enterrado con una deuda del 120% de su PBI que pronto arribará a los dos billones de euros, se colocaron papeles por 1.720 millones de euros a 15 años de plazo, abonando la más alta tasa de interés desde que nació el euro, al 5,90% anual. La votación fue de 161 senadores a favor, 135 en contra y tres abstenciones.
El plan de ajuste había sido presentado hace dos semanas por Berlusconi y Tremonti como una suave purga económico–financiera desarrollada en cuatro años. Pero en menos de una semana el escenario ha empeorado notablemente y el gobierno aprovechó para aumentar el ajuste a niveles que implican fuertes sacrificios para los sectores populares. La ley congela los salarios de los empleados públicos y recorta ampliamente fondos a las regiones, las provincias y los municipios. Desde 2013 se restringen las medidas para alcanzar la jubilación y se aumenta gradualmente la edad para las pensiones, estableciendo el principio de las esperanzas de vida. Se fijan contribuciones a las jubilaciones más altas.
También en 2013 se pondrán en marcha liberalizaciones en el ejercicio de las profesiones y un extenso programa de privatización de las empresas estatales. En el sector sanitario se restablecen los “tickets” para las consultas médicas hasta ahora gratuitas y se achican fondos para enfermos crónicos y discapacitados.
Una década dominada por el berlusconismo ha coincidido con el estancamiento económico italiano.
El nivel de ingresos equivale al de fines de los ‘90. Con este plan de austeridad, los italianos descubren que en el futuro serán más pobres . Las medidas de restricciones y de recortes de los sectores públicos son un freno a la expansión y el consumo. En 2013, el recorte será del 5% y en 2014 llegará al 20%, lo que equivale a gran un aumento de impuestos. Se estima que dentro de tres años, la presión fiscal llegará al 43,7%, una de las más altas de Europa, en un contexto de críticas restricciones del Estado de bienestar.
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