Fue confirmado este miércoles un caso de encefalopatía espongiforme en el hospital Castro Rendón, de la capital neuquina. El tema había trascendido el lunes, y fue oficializado por el director del hospital, Adrian Lammel, este miércoles.
Lammel confirmó a la radio LU5 que hay un paciente varón internado con encefalopatía espongiforme, o mal de Creuztfeldt Jakob, en este caso de “características hereditarias”, y que el paciente está con pronóstico reservado.
El tema resonó con fuerza, y no es la primera vez en Neuquén, acerca de esta enfermedad que suele ser letal, que produce una degeneración rápida e inexorable del sistema nervioso, y que se contagia a través de un prion, una partícula infecciosa sin material genético, compuesta por aminoácidos.
La enfermedad es estudiada intensamente desde hace relativamente pocos años, y todavía no se le ha encontrado una cura.
En el caso de las vacas, la encefalopatía espongiforme trascendió por primera vez como “el mal de la vaca loca”, y obligó a extremas medidas sanitarias ante la casi certeza de que la enfermedad podía contagiarse al ser humano a través del consumo de carne. En Argentina, oficialmente se ha negado la presencia del mal en el ganado vacuno.
Más allá de esta circunstancia, se ha probado la presencia del mal en humanos, con independencia de su eventual presencia en el ganado.
La también llamada enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, tiene en Argentina su primer caso registrado (publicado) en 1945, y es seguida por la Comisión Científica Asesora Nacional de Encefalopatías Espongiformes Transmisibles en Humanos, creada inicialmente en 1998 y actualizada en 2005 por resolución del Ministerio de Salud de la Nación.
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