El debate realizado a puertas cerradas desnudó una dramática situación que debió soportar la víctima, además de las vejaciones, ya que toda su familia defendió al abusador por el soporte económico que representaba para el grupo.
La condena fue establecida por el delito de “abuso sexual con acceso carnal aprovechando la situación de convivencia existente”. El tribunal indicó además la intervención de la Defensoría del Menor y el Juzgado de la Familia y el Menor. Cabe añadir que la fiscal Ivana Hernández oportunamente había pedido una pena de 10 años de prisión y, en contraste, el defensor Alejandro Caram pretendía que el pedófilo fuera absuelto.
Los jueces avanzaron hasta la definición de la sentencia sobre una serie de testimonios y pruebas de peritaje científicas. Fueron de notoria relevancia en tal sentido las evaluaciones efectuadas por el perito psicólogo y el perito psiquiatra, las declaraciones en Cámara Gesell del niño agredido, y el panorama de perturbaciones existentes en el ambiente familiar del menor afectado.
Durante la investigación judicial se informó que el niño se presentó, solo, semidesnudo, mojado y aterrado en la Comisaría Cuarta un día de lluvia tras escapar de su madre, que quería castigarlo físicamente. En la sede policial, sintiéndose a resguardo de sus males, contó su padecimiento. Se supo entonces que sufría abusos sexuales por parte de su padrastro y que su madre no le creía cuando denunciaba esas agresiones.
La detestable actitud de progenitora fue más grave aun cuando pretendió que en la escuela a la que asistía el niño abusado emitieran un certificado calificándolo de fabulador. Pero además luego agredió verbalmente a la maestra del pequeño cuando la mujer dio su testimonio en Tribunales.
Si ese cuadro es revulsivo, lamentablemente no terminó allí; desde que el hombre fue detenido el sustento económico menguó y todos los integrantes del grupo, madre, abuela y hermanos incluidos, hicieron coro para echarle en cara la situación al menor vejado y humillado.
Comentá la nota