El Conde no quiere, y el fiscal ¿lo obliga?

El Conde no quiere, y el fiscal ¿lo obliga?
La sorpresiva negativa de Martínez Poch de someterse a las entrevistas psicológicas y psiquiátricas llevaría al fiscal a ordenar que lo haga en forma compulsiva. Le suministraron cuatro drogas en la cárcel
Un dominador, dominado. Un boomerang lúdico en el ritual del sadismo. Jorge Cristian Martínez Poch alias “El Conde” (49), el llamado ingeniero en sonidos o disc jockey -profesión u oficio aún no acreditado en el expediente-, sería sometido en forma compulsiva a practicarse las pericias psiquiátricas y psicológicas. Es que el detenido por un complejo concurso de delitos contra la integridad física y sexual en perjuicio de sus dos hijas menores de edad y de al menos una de sus parejas –la abogada Vanessa Rial-, reiteró ayer a través de su defensor, que se niega en forma rotunda a los estudios periciales que debían comenzar hoy.

Tal como anticipó Trama Urbana, el rechazo a las pericias fue comunicado por el defensor oficial de La Plata Ricardo Fuente en primer término el mismo sábado, cuando culminó la tercera indagatoria a Martínez Poch. Ayer, lo ratificó.

Es que la fiscalía prevé que otras víctimas puedan a través de sus denuncias sumar nuevos elementos de prueba contra el “Conde”. Pero a uno y otro lado del ministerio público, esto es, la fiscalía y la defensa, la igualdad de armas se hace presente. El defensor Fuente procura que la psiquis de Martínez Poch no sea examinada. Hay estudios de rutina que se hicieron al ingresar a su lugar de encierro que ya lo posicionaron “ubicado en tiempo y espacio”. La loada inimputabilidad se evapora.

Ese dictamen preliminar ya lo complica. De modo que la defensa no podría permitirse que una pericia oficial confirme a rajatabla que el “Conde” pueda comprender “la criminalidad de sus actos” y el “dirigir de sus acciones”. Esto sería aún a varios meses del juicio oral, saberse condenado a una pena en expectativa de hasta 50 años de prisión, dado el gravoso concurso de delitos propiciado por el fiscal Marcelo Romero.

Precisamente, este fiscal es quien hoy deberá resolver si lo obliga a Martínez Poch a someterse a las pericias, o si bien, adhiere al criterio constitucional que protege las garantías del debido proceso, y aún con delitos tan aberrantes, les permite a los reos negarse a determinadas pericias. Ese resguardo se sienta sobre bases jurídicas que igualan el negarse a las pericias con el negarse a declarar. Todo en un mismo estadío doctrinal.

Ficha del caso

•La fiscalía incautó el viernes analgésicos, psicotrópicos, jeringas y agujas hipodérmicas en el departamento del “Conde” de 23, 58 y 59.

•Se sospecha que con esos elementos sedaba o drogaba a sus víctimas para luego someterlas a toda clase de maltratos y aberrantes vejaciones.

•Asimismo se incautaron dos computadoras (una del imputado y otra de la víctima) y numerosos CD, DVD y pendrives, que serán analizados.

•Martínez Poch está detenido por "privación ilegal de la libertad doblemente agravado por violencia y amenazas en perjuicio de su pareja".

•También por "corrupción de menores agravada por violencia, amenazas, intimidación y coerción y abuso sexualmente ultrajante para las víctimas”.

•Por esos cargos, el fiscal pidió prisión preventiva para Martínez Poch. Quiere asegurarse de que el reo no salga de la cárcel nunca más.

Su salud mental, en el banquillo

En tribunales, calificadas fuentes dijeron ayer que el fiscal Romero, a pesar de que ha colectado abundante prueba en contra del imputado, en casos anteriores ha respetado la voluntad de los imputados de negarse a las pericias.

No obstante, con claridad esa decisión supone un indicio más en contra del “Conde” que el sábado tras negarse a declarar le dijo al fiscal que en el lugar donde está alojado, esto es la alcaidía Roberto Petinatto de 44 y ruta 36 “no le estaban dando la medicación”.

El reo no detalló qué tipo de remedio era. Pero allegados a la defensa indicaron ayer que el servicio penitenciario le proveyó ya desde este fin de semana de cuatro drogas, dos de ellas de alto efecto anticonvulsivo. En la fiscalía, durante el cerrado silencio que mantuvo Martínez Poch advirtieron que lo notaron muy desmejorado y demacrado.

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