Concejo Deliberante: Con un balance de gestión, Bruera inauguró el periodo 68 de sesiones ordinarias

En la mañana de ayer, pasadas las 11.30, el intendente Pablo Bruera pisó la sala del Concejo Deliberante para dar inicio al periodo de sesiones ordinarias de este año. En un discurso plagado de promesas, en el que destacó las principales virtudes de su gestión, el mandatario le habló a los 23 ediles presentes.
Las banderas de las distintas expresiones políticas no faltaron y sirvieron para adornar un recinto repleto de militantes que, mayormente, respondían al espacio del presidente del cuerpo deliberativo, Javier Pacharotti. También, aunque en menor medida, estuvieron presentes los fanáticos del jefe de Gabinete, Santiago Martorelli, y del diputado provincial Gabriel Bruera y su espacio denominado Proyecto Agosto.

El discurso del intendente estuvo cargado de expresiones positivas, entre las que se destacaron la salida de la deuda de este municipio -contraída por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, a través de la quiebra del Banco Municipal-; la reactivación de la ciudad a través del área turística -con la presencia de espectáculos de gran envergadura en el Estadio Único-, la implementación del estacionamiento medido y la recuperación del espacio público.

Luego de la jornada, varios ediles del Frente Renovador Peronista dialogaron con REALPOLITIK. Tal es el caso de la presidenta de la comisión de Hacienda, Lorena Riesgo, quien señaló:

“Es importante profundizar todas las políticas que se vienen desarrollando desde la gestión Bruera, y de las cuales el intendente marcó el rumbo que vamos a tener en este 2011. Creo que este acompañamiento del público tiene que ver con esta incentivación que ha sabido contagiar ese espíritu militante y no solamente ocurre acá en La Plata, sino que en todo el ámbito nacional. Así que celebramos la participación de los jóvenes en la política e invitamos a todos aquellos que se quieran sumar”, sintetizó.

Otro de los concejales que se expresó, fue el presidente de la comisión de Transporte y Tránsito, Fabián Lugli, quien señaló que

“durante este 2011 estaremos defendiendo esta gestión y esperemos cumplir con todos los objetivos propuestos y terminar con todo lo prometido. Queremos que la gestión de Pablo Bruera se afiance en este periodo año”.

Por su parte, el edil de Villa Elisa, Gustavo Luzardo, dijo: “Estamos trabajando mucho, tenemos un año bastante cargado. Ya en la primera sesión vamos a estar debatiendo sobre 300 ordenanzas. Así que creemos que va a ser un año bueno”.

Refiriéndose a su trabajo legislativo, el ex delegado comunal aseguró que se están dedicando profundamente a evitar que la autopista atraviese el parque Pereyra. En esa línea, destacó: “Como presidente de la comisión de Obras Públicas, encaramos las gestiones para reunirnos con las autoridades de Vialidad nacional, para darle curso y poder llegar a un acuerdo”.

Así finalizó esta apertura de sesiones, con un discurso grandilocuente del intendente Pablo Bruera, en el que solicitó explícitamente al Concejo Deliberante que acompañe su gestión para continuar generando una mejor calidad de vida para todos los platenses.

A continuación, el discurso completo del jefe comunal.

Esta apertura de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante de la ciudad tiene para mí un sabor diferente a las tres anteriores que hemos protagonizado junto con los componentes del cuerpo.

Es la última del período ejecutivo iniciado en diciembre 2007, tras lo cual todos deberemos enfrentar el juicio sagrado de las urnas, que dirimirá si la gestión de gobierno del equipo que me ha tocado conducir ha satisfecho las expectativas de la población, o no.

Desde lo personal, vivo esta circunstancia con una excepcional calma, desconocida para mí en otros tiempos, en otras etapas de mi carrera política, con menos experiencia que la que cuento hoy.

Pero también debo señalar que esa calma deviene de saber que este conjunto de hombres y mujeres que hemos gobernado la ciudad desde distintos roles, ustedes como legislativo, yo como ejecutivo, y ustedes, nuevamente, como oficialistas u opositores, lo hemos hecho a conciencia, responsablemente y que, aun parados en diferentes baldosas del arco político, hemos logrado convivir más que aceptablemente, exponiendo libremente nuestras visiones, y aportando decididamente conocimientos e inteligencias a los intereses de la ciudad y de los ciudadanos.

Corresponde entonces, antes de dar lectura al balance que tradicionalmente impone esta ocasión, agradecer a todos ustedes la labor realizada, la pasión que han puesto en la tarea, el permanente ánimo conciliador de posiciones que han ejercido y el respeto personal con el que, en casi todo momento, nos hemos tratado en beneficio de un ejercicio político maduro, adulto y civilizado.

Quiero agradecer fundamentalmente el apoyo institucional del gobierno de la provincia a la ciudad, al gobernador, por darle prioridad a La Plata. El desendeudamiento, la reactivación del puerto, el financiamiento de la Planta de Tratamiento de Residuos que servirá para cerrar definitivamente el relleno sanitario del Ceamse, la terminación del Estadio Único que nos da una ventaja competitiva única, y el aumento en la tasa de capitalidad, entre otras iniciativas.

También quiero agradecer el apoyo del gobierno nacional a la ciudad de La Plata en temas estratégicos como energía, vivienda y soluciones viales, entre otros, y a la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, por su sensibilidad en los momentos más difíciles y necesarios de mi gestión.

A nuestras universidades que nos ha provisto de herramientas científicas para planificar el mañana y construir el hoy. A todos los partidos políticos, a los legisladores nacionales y provinciales de la ciudad de La Plata.

Buena parte de lo que he de señalar como logros obtenidos fue construido en equipo con ustedes, buena parte fue promovido, o felizmente corregido o mejorado por alguno o algunos de ustedes. Y eso quiero que toda la ciudad lo sepa.

Ya puesto en el balance, entonces, deseo comenzar señalando que el éxito o mérito que el imaginario colectivo platense adjudique a la gestión que hemos co-protagonizado se debe, desde mi punto de vista, a dos factores centrales, a dos decisiones estratégicas que iluminaron el trayecto a lo largo de ya casi tres años y medio.

El primero de esos factores es que nunca dejamos de escuchar a la gente. Cuando digo a la gente me refiero a todos, a los políticos, a los jóvenes estudiantes de colegios y facultades, a los empresarios, a los sacerdotes, a los gremialistas, a los periodistas a inversores nacionales y extranjeros y por sobre todo, a los ciudadanos comunes, a los hombres y mujeres residentes de nuestros barrios que, desde su más simple sentido común, nos fueron advirtiendo necesidades, aciertos, desaciertos, temores, ilusiones y límites. Siempre supimos dónde estaba parada la gente, siempre conocimos sus visiones, siempre supimos de sus temores, sus críticas y sus reconocimientos.

Creo que ese fue, es y será un gran activo del espacio político que represento. Y por supuesto, también debo agradecer a todas y cada una de las personas que invirtieron su valioso tiempo personal en hablar conmigo, o con miembros de nuestro equipo, con generosidad, con valentía, con verdad. Mucho de lo realizado también se debe a ellos, ya que muchas ideas que inicialmente nos parecían adecuadas dejaron de serlo, después de esas charlas, ante la contundencia de sus argumentos, ante la perentoriedad de sus prioridades y ante el sentido común de muchas de sus razones.

De la mano de ellos, de los hombres y mujeres más simples, aprendimos que gobernar ciudades no es tarea de laboratorios desprovistos de experiencias vitales, sino más bien todo lo contrario, gobernar acertadamente es agregar laboratorio a las experiencias vitales de las personas que viven día a día las ciudades a gobernar. La sabiduría de ellos, también nos ayudó mucho.

El segundo gran acierto, siempre desde mi óptica, fue leer adecuadamente el rumbo casi inexorable del mundo actual, y entender que la tarea no era otra que la de encarrilar a la ciudad hacia ese rumbo, conciliándola con él, ubicándola y desarrollándola de acuerdo con el futuro que el planeta anuncia con extrema claridad, o sea, incorporarla a su ritmo y a su dinámica a partir de sus potencialidades desplegadas.

¿Y qué es lo que el mundo anuncia en dirección de su mañana inmediato?.

Es necesario visualizar que, en alguna medida sin darnos cuenta, marchamos rápidamente hacia una dimensión demográfica que complicará severamente los cuadros ya complejos de ocupación del espacio, de disponibilidad del agua y de disponibilidad de alimentos que el mundo exhibe en la actualidad.

Para dar algunas precisiones sobre este fenómeno, podríamos decir que tuvieron que transcurrir 1820 años de la era cristiana para que el planeta llegara a sus primeros 1.000 millones de habitantes. Y que sólo transcurrieron 12 años para que agregara sus últimos 1.000 millones. Este año, en algún lugar del mundo nacerá el habitante número 7.000 millones, siendo que el 12 de octubre de 1999 nació el número 6.000 millones.

A partir de estos datos, al señalar que la humanidad ya está creciendo a un ritmo de 100 millones de habitantes por año, no resulta para nada difícil entender que mucho antes que tarde estaremos envueltos en nuevas disputas por los recursos básicos para la vida que, si bien el mundo todavía dispone o puede producir, tienen ubicaciones geográficas muy determinadas, sobre las cuales habrá, lógicamente, mayores tensiones.

Claro está que las particularidades de la Argentina, deben reconocerse en paralelo a las condiciones en las que el mundo, en general, y las naciones hoy llamadas desarrolladas en particular, están ingresando a este proceso.

Si tomamos como cierto que el problema inmediato del planeta es espacio, agua y alimentos, y que en urgente paralelismo se ubican educación y energía, podremos concluir que las naciones hoy llamadas “desarrolladas” están en problemas muy serios, mucho más serios que el nuestro, que básicamente puede arreglarse con planificación e inteligencia. Es sumamente claro que Japón, Alemania, Francia, Italia, España y otra docena de naciones hoy prominentes, a quienes les fue posible resolver solventemente dos de los cinco factores esenciales del mañana - educación y energía- tendrán muy serias dificultades para producir espacio, agua y alimento, al tiempo que la Argentina y algún otro país de América del Sur, todavía morosos en el desarrollo de educación de punta y energía, cuentan con espacio, agua y alimento en abundancia. Nosotros podemos construir lo que falta para transitar un futuro digno. Para los países hoy considerados poderosos no será tan sencillo.

¿Por qué me detengo en estos conceptos?. Precisamente porque ya estamos demográficamente complicados, aun sin que la problemática urgente del futuro nos haya impactado de pleno.

También debo comentar aquí que en muchas de las conversaciones que he mantenido con nuestros vecinos durante los últimos tres años y medio, los hombres y mujeres más simples, aquellos que nunca pretendieron ser estadistas, e incluso aquellos que inician sus conversaciones señalando que no entienden nada de política, me han advertido reiteradamente sobre este tema. Me lo han dicho en sus palabras, sin términos académicos, sin rebusques verbales. Tienen temor de que el futuro los asalte. Tienen temor de que lo que intuyen que se viene altere o deteriore su modo de vida actual y el de sus barrios. Muchos me dicen que disfrutan de la ciudad de Buenos Aires, siempre y cuando esté a cierta distancia. Que quieren seguir viviendo en lugares donde se conozca al vecino, en barrios donde sus hijos y nietos tengan vereda para sus juegos, donde existan nuestras tradicionales plazas, limpias e iluminadas. El platense, señores, bien lo saben los concejales, no quiere que su ciudad se transforme en una urbe impersonal, ni quiere locuras de tránsito, ni aglomeraciones. Nuestro ciudadano disfruta el espacio generoso, el verde, el saludo de reconocimiento en la calle, la limpieza, la belleza y la luz.

Muchos de ellos me han comentado que, al volver de sus paseos por la gran metrópoli, siente la paz y la frescura de una ciudad mucho menos agresiva e invasiva. Y esos comentarios, por reiterados, me llevan a pensar que no deben existir muchos municipios del área próxima a la ciudad de Buenos Aires que produzcan placer al regresar a casa.

No es que los platenses temamos a las amenazas que nos presenta el futuro, no es que lo neguemos, ni que rechacemos las oportunidades que también, con sus riesgos, nos ofrece. Todo lo contrario. Sabemos que, a diferencia de otros, tenemos con qué enfrentarlo y transitarlo. Espacio, agua, alimentos, educación de punta y energía. Sólo queremos que no nos invada distraídamente. Sólo queremos invitarlo a casa ordenadamente. Dejarlo entrar, claro que sí, pero en nuestros códigos. Y para eso, para permitir ingresar a casa a un personaje tan ilustre como el mañana, debemos ordenarnos, reparar algunas cosas, construir sistemas de convivencia que garanticen que el invitado nos traerá más ventajas que problemas y angustias. Solo se trata de generar las condiciones para que el futuro sea tan amable con la ciudad, como la ciudad debe serlo con el inevitable invitado.

Esta breve descripción, que pone de manifiesto que sabemos perfectamente hacia donde va el planeta, y que conocemos más que acabadamente lo que piensa y desea nuestro ciudadano, es la plataforma sobre la que se ha constituido la acción de gobierno municipal iniciada en diciembre 2007.

Cuando nos concentramos en recuperar el espacio público, cuidando, iluminando y embelleciendo plazas, cuando abrimos avenidas que sirven de vínculo y articulación del casco con nuestra periferia; cuando ponemos toda la capacidad negociadora del municipio en la consecución de una planta termoeléctrica regional que nos proveerá energía por más de tres décadas; cuando nos ponemos estrictos con la limitación a la construcción de grandes torres o edificios; cuando defendemos de todas las formas posibles nuestro cordón agrícola, límite natural a la conurbanización; cuando racionalizamos el estacionamiento en el centro de la ciudad; cuando impulsamos la construcción de cocheras subterráneas en la ciudad de mayor cantidad de automóviles por habitante del país; cuando reordenamos el sistema lumínico extendiendo su influencia territorial y eficacia; cuando trabajamos junto al gobierno nacional y provincial para modernizar nuestra red subterránea de agua corriente y construir las cloacas faltantes; cuando apostamos a un sistema de transporte público más moderno eficiente que garantice prestación cierta a todos nuestros barrios; cuando clasificamos la basura reciclando ya más de 80 mil kilos diarios de los residuos, proveyendo además trabajo digno y legal a nuestros desocupados de ayer; cuando constituimos cooperativas en las que trabajan en el mantenimiento de la ciudad quienes hasta hace pocos años eran excluidos del sistema, estamos pensando en el mañana. Estamos conciliando la ciudad de hoy con la que se necesitará en un par de décadas, para que pueda seguir siendo un lugar agradable al volver.

¿Podría una ciudad de 100 mil estudiantes universitarios no aspirar a un destino de grandeza individual y colectiva?. La respuesta es una sola: obviamente no.

Eso también lo entendimos enseguida. Una enorme potencialidad dormida, no convocada a nada durante años, está comenzando a despertar y a ponerle alas a nuestro sueño de vitalidad. Vamos a tener aeropuerto y por lo tanto servicios aéreos a otras ciudades de la provincia y de otras provincias, vamos a tener hoteles cinco estrellas, ya estamos exportando software producido por nuestras universidades a Europa y Estados Unidos por más de 2 mil puestos nuevos de trabajo, ya tenemos el Estadio Único, ya hemos iniciado el proceso cultural, económico y empresarial para convertirnos en destino turístico de volumen, ya tenemos más de 100 carreras de posgrado, y casi 10 mil estudiantes extranjeros viviendo en la ciudad, ya somos uno de los mayores centros de producción de alimentos y de flores del país.

En este momento, unas 150 mil personas provenientes de distintos puntos de la Argentina y del mundo participan de un espectáculo musical cultural, en los próximos meses 500 mil personas vendrán a La Plata a participar de la Copa América, y otro tanto y otra gente vendrá al Mundial de Tango, a la Bienal de Arte Joven, y a las distintas manifestaciones culturales de la ciudad. Los megarecitales traerán figuras de prestigio y reconocimiento internacional destacando a nuestra capital provincial. Ya estamos en el radar grande de la cultura y del deporte. En ese aspecto ya somos una ciudad viva y desplegada a la Argentina, a la América toda y al mundo. Es una parte del perfil de ciudad que se está construyendo, el turismo, la cultura y el deporte serán también parte de nuestra identidad en el planeta.

Y también, me siento orgulloso al decirlo, ya tenemos un municipio saneado, que no le debe plata a nadie, que ya no deberá recaudar para pagar cuentas viejas, sino que la próxima administración, sea cual fuera, nuestra o de quien el ciudadano decida, podrá utilizar toda la potencia económica municipal en mejorar las condiciones del futuro, del inmediato y del remoto. Ya no tendrá que remontar la cuenta del desastre del Banco Municipal, ni tendrá que atravesar el sinsabor de recibir un pasivo desprolijo, abultado y urgente. La próxima administración será libre de su antecesora. La ciudad también debe saberlo.

Alguien podría preguntar, luego de estas palabras, si creo que la ciudad de La Plata es una maravilla, si ya se ha hecho todo, o si su administración ha sido de una inhabitual genialidad, y a eso contestaremos que no, que definitivamente no, que por mucho que se haya logrado falta muchísimo más. Sobre todo, si entendemos la idea de que no sólo estamos arreglando el ayer sino, al mismo tiempo, trabajando el mañana. En esa misma dirección es muy importante poner de relieve que se nota en la clase dirigente de la ciudad, tanto como en su población general, una actitud inédita, una voluntad de acuerdo, una energía propositiva que, no tan clara en otras etapas, podría inducir a creer que estamos más cerca de autoproponernos un plan de vida común, que beneficie a todos, que entienda lo que se viene y quiera aprovecharlo racionalmente, como si fuera una nueva madurez colectiva que hoy hace posible pensarnos en conjunto.

Si lo que la administración municipal cree percibir es cierto, si es cierto que el inversor local comienza a animarse, que comienza a vivir una relación de mayor confianza con su propia sociedad; si es cierto que el estudiante de la ciudad tiene ganas de aplicar sus saberes hacia la generación de tecnologías de punta para iniciar nuevas industrias, para emplear personas, para exportar; si es cierto que la población general ha iniciado un proceso cultural de cuidado de su ciudad en vez de agredirla y romperla, entonces, ya no hace falta que el discurso del administrador quiera competir con el ayer en cantidad de cuadras pavimentadas o bombitas de luz instaladas. Si fuera así, habrá comenzado el proceso hacia el mañana. Y entonces, un plan colectivo de acuerdo extendido sobre el destino futuro de la ciudad y su modelo de inserción mundial, pasará a ser tema más atractivo que los 80 colectivos nuevos, que son muy importantes, pero no son un plan de convivencia en sí mismos, sino apenas uno de sus aspectos relevantes.

Muchas cosas me hacen pensar que estamos en la puerta de un salto de calidad en el nivel de madurez y del interés por lo propio. 50 mil personas han votado en la última ronda de decisiones del Presupuesto Participativo que puso a disposición de los vecinos 50 millones de pesos, la mayor cantidad, por lejos, destinada a esa modalidad decisoria de la obra pública de los más de 2500 municipios argentinos. 50 mil personas han votado para decidir qué inversiones realizar en sus barrios. Me parece mucha gente como para seguir sosteniendo que estamos ante una sociedad indiferente.

Deseo culminar esta alocución convocando a todos los platenses a que el año 2011 sea mejor que los últimos tres. Se lo pido respetuosamente a los políticos, a los empresarios, a los inversores, a los jóvenes, a los estudiantes y a todos los ciudadanos. Los convoco a que podamos hacer más cosas, los convoco a proponer mejores ideas, los convoco a avanzar mucho más en conjunto, a cuidar la ciudad y a mejorar nuestras conductas respecto de ella. Alguno dirá que esta convocatoria es de imposible cumplimiento visto que se trata de un año electoral en el que todos deberemos competir. Yo respondo que la vocación del hombre público nace cuando cree que hay que hacer más por los otros que por uno mismo.

Confío en que podemos hacerlo. Compitamos idea contra idea, propuesta contra propuesta, prioridad contra prioridad. En ese marco todos aprenden y se forman, la sociedad crece y se hace más exigente.

Mucha gente todavía, fuera de este edificio, está esperando que el municipio llegue a su cuadra o a su tema pendiente con una solución cierta. No nos distraigamos, no le pidamos a nadie mayor paciencia que la estrictamente necesaria.

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