El edil Kirchnerista recibió un llamado de atención por haberle tirado café a su colega Raúl Laborda.
El bloque mayoritario, Compromiso Federal, propuso la pena apenas se reanudó la sesión que fue levantada hace ocho días, cuando Menéndez le arrojó un pocillo de café a Laborda y cruzaron gritos e insultos. Su presidente, Carlos Rosso, pidió que Menéndez hiciera el desagravio, mencionó que los últimos incidentes ocurridos en otros cuerpos legislativos del país terminaron con castigos ejemplares y precisó que el reglamento interno determina apercibimientos, amonestaciones y sanciones económicas. “Este hecho es inaceptable”, calificó el abogado.
El tema generó un amplio intercambio de opiniones. A tal punto que hablaron doce de los catorce ediles (solo no intervinieron el justicialista Gustavo Zavala y la kirchnerista Marta Rivadero) y hasta hubo un cuarto intermedio de veinte minutos que solicitó Jacinta Lucero de Bressano, del unipersonal Kolina, con el propósito de inducir a los dos involucrados para que hicieran un mea culpa. La jugada tampoco logró los resultados esperados, sólo un agradecimiento público de Laborda por el gesto de su colega.
“Esta propuesta es absolutamente ilegal. Si ustedes creen que esto es un colegio de monjas se equivocaron. A estos cuerpos se viene a debatir con toda fuerza las ideas”, dijo desafiante Menéndez, quien permanentemente buscó victimizarse y tirarle la responsabilidad a la presidenta del cuerpo, Zulema Rodríguez Saá, por no haber frenado el ímpetu con que Laborda defendió su pedido para interpelar al secretario de Obras y Servicios Públicos, Ramón Zarrabeitia, y al director de Limpieza Urbana, Carlos Marini. “Un concejal se abalanzó sobre mí, me interrumpió y sin embargo nunca se le llamó la atención”, se despachó.
El ultraponcista trató de minimizar el incidente posterior que protagonizó. “Fue algo menor en relación a todos los hechos previos. Yo no me he levantado de mi asiento ni he avanzado contra otros”, justificó en su intento de sumar motivos para que la sanción también recayera sobre Laborda.
Justamente el radical Francisco Guiñazú, del unipersonal Dignidad Sanluiseña, sugirió que la sanción fuera para los dos, pero que quedara supeditada a un pedido de disculpas mutuo al cuerpo. “Hemos tenido debates muy fuertes, pero jamás se llegó al extremo de insultarnos, gritarnos en la cara y menos tirarnos un pocillo de café. No pueden tolerarse estos excesos”, manifestó.
Menos tolerantes se mostraron Augusto Van Soest y Fernando Salino, de Compromiso Federal. “A los actos de violencia hay que condenarlos gravemente, no tirar la culpa a terceros”, disparó quien asumió en reemplazo de Adelaida Muñiz. “Este cuerpo no va a ser respetado si nosotros no nos respetamos. Con esto la imagen de este cuerpo acaba de retroceder veinte casilleros”, expuso Salino y agregó con ironía: “Esto sucedió cuando tratábamos un tema menor que tenía una resolución sencilla. Entonces, vamos a tener que venir con armaduras y cascos cuando tratemos un tema más importante”.
Laborda aprovechó para hacer su show habitual aunque en menor escala al de otros debates. “Dicen que soy provocador porque pido rendición de cuentas y la interpelación de funcionarios”, se quejó. “Yo no pido ninguna sanción, solo aceptaría sus disculpas”, dijo en referencia a Menéndez. Aunque luego del cuarto intermedio, fue él quien las formalizó ante el cuerpo por haberse “levantado de la banca”, que dio inicio al altercado. Su compañero de bloque Frente para la Victoria, Roberto González Espíndola, y Jorge Pereira, de Compromiso Federal, celebraron el gesto del ex diputado provincial
Así llegó el momento de la votación, con Menéndez recluido en su posición intransigente. Por eso, la actitud que tomó hace ocho días fue reprobada por ocho votos en contra, cinco negativos y una abstención. Y le valió el llamado de atención, una sanción que no toca su sueldo, pero que abre la posibilidad a una pena más dura en caso de reiteración.



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