"En la comunidad gay tengo un crédito que muchos políticos quisieran conseguir"

"En la comunidad gay tengo un crédito que muchos políticos quisieran conseguir"
Ricardo "Tito" Bustos es el inventor de la Vendimia Gay y un reconocido y exitoso empresario de las discos alternativas. Aquí una entrevista a fondo con el dueño de Cariló.
Ricardo Tito Bustos es el dueño de varios boliches en Mendoza. Comenzó en el rubro en la Patagonia. Fue testigo cercano de la Guerra de Malvinas, ya que muchos soldados iban a bailar a su boliche.

Un día decidió viajar a España para intentar darle a su familia un mejor bienestar. Allá, vivió 12 años hasta que juntó una buena cantidad de dinero y decidió invertirlo en su provincia natal.

Así, hace 20 años abrió el boliche Queen con el objetivo de dignificar a la comunidad gay. Desde entonces portó la bandera de la igualdad. Sufrió la discriminación y hasta tuvo que soportar presiones de diferentes índoles para mantener el lugar abierto.

Un día, mientras se cambiaba para dar un show se le ocurrió hacer la Vendimia Gay. "Al principio fue un escándalo y hoy está declarada de interés turístico nacional", dice con orgullo.

Es una especie de docente en la movida nocturna alternativa, ya que a varios de sus empleados los ayudó, capacitó y cuando vio que estaban maduros para estar al frente de un boliche, les entregó las llaves.

Así, el jueves pasado, en el local de La Reserva y con un amigo español como testigo, le contó al equipo de MDZ Online cómo fueron sus inicios en el rubro, cuáles eran sus sueños y hasta recordó a su primer amor.

Aquí la charla…

-¿Qué te lleva a abrir tu primer boliche?

-Toda la vida fui noctámbulo. Fui un tipo de la noche… Siempre trabajé, desde muy chico. Mi padre tenía un taller metalúrgico y cuando salía del colegio me llevaba a trabajar con él. Desde los 7 u 8 años he trabajado. Cuando fue el golpe militar de 1976, estaba en Chile. En ese tiempo era modisto. Y cuando vuelvo al país decidí irme a la Patagonia. En esa época con la ropa que hacía me iba bien, pero quería avanzar y por eso decidí irme al Sur. Había escuchado que allá había trabajo y posibilidades de crecer. Para mi el Sur era Comodoro Rivadavia porque era la ciudad que más se nombraba. Pero, en realidad, no sabía ni dónde quedaba. Un día, un amigo mío que manejaba camiones me dice que se va a la Patagonia y le pido que me lleve. Así, hice mis bártulos, me subí al camión y me fui. Eso fue un 26 de julio de 1976. Llegamos como el 29. Ya en Comodoro Rivadavia, mi amigo me dice que estaba en mi destino. Y yo no sabía qué hacer, hacía frío y era de noche. Entonces, le pregunto hasta dónde iba con el camión y me responde que hasta Caleta Olivia. Creo que eran 180 kilómetros más y yo por no quedarme solo, le pido que me lleve con él. Además, no tenía un centavo porque el poco dinero que tenía lo gastamos en comida durante el viaje. Una vez allá, le ayudo a descargar el camión. Me acuerdo que llevaba damajuanas, pájaros, comida para aves, féretros, nichos de mármol… Te estoy hablando de 36 años atrás y en el Sur muchas cosas no habían… En fin, le ayudo a descargar como para agradecerle que me llevara hasta allá. Una vez que terminamos con la descarga, el tío de mi amigo y él me llevan a recorrer hoteles donde alojarme pero yo no tenía un mango. Entonces, el hombre me mira y me dice: "No tenés plata, ¿no?". El tío de mi amigo vivía en el negocio donde descargamos el camión y me dijo que me podía tirar un cuero de vaca en el suelo y una frazada. ¡Imaginate! Entre dormir en la calle y dormir en el piso… Al otro día salieron a entregar unos repuestos a unas empresas y me dejaron a cargo del negocio. El asunto es que se fueron como tres horas y cuando regresaron me preguntaron cómo me fue. Les cuento que vendí bolsitas de semilla de girasol a 20 pesos cada una. Entonces, el tipo me dijo admirado ¡20 pesos! Y yo me asusté pensando que las había vendido baratas, pero en realidad valían dos pesos (risas). El tipo se dio cuenta que era habilidoso para la venta y me dejó a cargo del negocio.

-¿Cuánto tiempo hiciste ese trabajo?

-Fue durante un buen tiempo. El caso es que le servía al tipo porque lo que valía cinco pesos se lo vendía a 25 porque no sabía los precios y la gente lo pagaba. Una de las cosas que me fue útil en ese negocio tuvo que ver con mi pasado: de pibe fui cadete de la florería Lilian. Por qué te digo esto, porque en el negocio vendían coronas fúnebres pero de flores de plásticos porque las naturales no soportaban el frío. Pero el dueño las sacaba de la caja y se la entregaba a la gente así nomás. Yo me tomé el trabajo de sacarlas, arreglarlas, ponerle una etiqueta y una banda como correspondía. En aquel tiempo, las empresas del lugar tenían muchos accidentados y venían a comprarle las coronas a este tipo. Por entonces valían 200 pesos y yo las empecé a vender a mil. ¿Qué hacía? Aplicaba la lógica. Si a una empresa se le mataba un empleado, quería lo mejor para su funeral. Y creé una escala de valores y a generarle al dueño del local una cantidad de plata impresionante. Un día me dice que tiene que volverse a Mendoza y tenían damajuanas de vino que no podían vender. Así, me fui a un supermercado y le vendí las 300 que tenía.

-¿Te daba una comisión de tus ventas?

-No. Cuando me dijo que me quedara a cargo del negocio, le pedí cobrar más que un empleado común porque yo estaba a cargo, le producía ventas y hacía muchas cosas. En definitiva, al tipo le gustó tanto como trabajaba que hasta me dejó a cargo de su cuenta bancaria…

-Y, ¿qué pasó después? ¿Así recaudaste fondos para tu primer boliche?

-Después de un tiempo ya no quería seguir ahí. Quería crecer. Así, un día bailando en una discoteca de Caleta Olivia, le digo al chico que bailaba conmigo: "¿Si ponemos un boliche en Pico Truncado?" Allá no había boliches y se me prendió la lamparita… Todo lo que había aprendido trabajando en gastronomía lo apliqué al lugar. Con mis ahorritos alquilé un local y puse el bolichito. Lo llamé Sir Lancelot, porque así se llamaba la discoteca top de Mendoza. Le quise poner un nombre que me recordara a mi tierra. El lugar con salón, cabina, baños y cocina que tenía 65 metros cuadrados. Hoy, Cariló tiene casi seis mil metros cuadrados. Me fue bárbaro en ese boliche.

-¿Fue duro el inicio?

-Abrimos un viernes y al otro día me lo clausuraron. En esa época quienes mandaban en el pueblo era el párroco y el comisario. El tema es que el día que inauguré, el comisario no estaba en el pueblo pero la gente se encargó de llenarle la cabeza a la mujer de éste. Le dijeron que prostituía chicas, que teníamos camas adentro y las hacíamos trabajar. Así, el sábado abro a las 22 y a las 22.05 estaba clausurado. Tuve que presentarme el lunes a las 7 de la mañana en la comisaría. Estaba re desilusionado porque había invertido mucho, hasta me había tomado el trabajo de hacer murales yo mismo en el interior. Así fui y le expliqué al comisario que el lugar era pequeño, que fuera y viera que estaba todo en regla y que no se prostituía a nadie. Al final nos hicimos muy amigos con el comisario, tanto que me llevaba a sus hijas y me pedía que se las cuidara. Pasé cuatro años en esa ciudad hasta que me agarró una inflación importante, fue un desastre lo que ocurrió con la economía. Ganaba sólo para pagar el alquiler y los impuestos. Entonces, decidí cambiar de pueblo y me fui a vivir a Puerto San Julián. Ahí, habían trasladado al comisario de Pico Truncado y él me pide que vaya y abra un boliche porque el que estaba no le gustaba cómo funcionaba.

Me instalé en Puerto San Julián y me fue muy bien hasta que comenzó la Guerra de Malvinas, porque el lugar estaba frente a las islas y ahí se instaló la Cuarta Brigada Aérea. Inclusive me encontré con muchos compañeros de Mendoza.

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-Teniendo boliche en pleno proceso, ¿los militares no te molestaban?

-No. Yo hacía las cosas muy en serio. Fijate que cuando pasó lo de Cromagnon, cerraron muchos boliches menos los míos. La Guerra de Malvinas fue muy dura porque a los pilotos que venían a bailar a mi boliche, los venían a buscar para que fueran a bombardear de noche y muchos no volvían…

-De los compañeros que te encontraste en el boliche, ¿alguno falleció en la guerra?

-No porque eran técnicos, no iban a combate. Eran mis compañeros de la escuela primaria San Martín, que queda en la Cuarta Sección y hoy tiene otro nombre. Fueron momentos muy tristes. En el pueblo estábamos todas las noches a oscuras por miedo a que bombardearan el lugar. A mi me citaron los militares y me informaron que pasaba a ser encargado de la seguridad de mi manzana. Había que pintar los cordones blancos, controlar que no saliera luz para afuera de ninguna casa durante la noche… Fue una situación fea, pero muy fea.

-¿Y tu boliche seguía funcionando?

-Sí. Estaba todo camuflado.

-En plena guerra y estando tan cerca de Malvinas, ¿la gente tenía ganas de divertirse en un boliche?

-En guerra la vida cotidiana tiene que seguir siendo igual, sólo hay que tomar precauciones durante la noche por los bombardeos. La discoteca era una forma de que la gente se olvidara por un rato de lo que se vivía. Fue un invierno muy crudo en la Patagonia, se congeló la bahía de San Julián. Cuando la guerra terminó fue una gran desilusión porque nos mintieron todo el tiempo.

-¿Qué fue más duro para vos: el proceso militar o la guerra?

-En mi caso me dolió mucho la guerra, pero por la mentira que nos hicieron vivir. Yo vengo viviendo gobiernos militares desde (Juan Carlos) Onganía. Ya he pasado varios procesos, entonces el del 1976 era uno más para mí. Obviamente que no estoy a favor de lo ocurrido. Pero en esa época estábamos más acostumbrados a estos procesos como estamos acostumbrados ahora a las crisis económicas. Los chicos de hoy no lo entienden porque pasaron más de 30 años y ojalá no vuelva a pasar más. Así, cuando terminó la guerra, vendí todo a precio de remate, me volví a Mendoza a pasar la navidad, me tomé un avión y me fui a vivir a España. Estuve 12 años allá. Me fui triste pero quería crecer.

-¿Cómo fue tu etapa española?

-Me llevé 3.000 dólares que acá era una fortuna, pero allá eran tres buenos sueldos. Me duraron tres meses. No conseguía trabajo, no sabía qué hacer. Un día me di cuenta que me quedaban 5.000 pesetas del dinero que llevaba y tenía que pagar la pensión que me costaba 8.000 pesetas. El problema era que no tenía papeles y por ese motivo no conseguía empleo. Cuando me vi en la desesperación, se me prendió la lamparita. Había visto en la puerta de unos almacenes unos perritos de peluche, muy bonitos, parecidos a un títere. Como yo era modisto, me fui a una tienda, compré dos metros de peluche, botones y me puse a hacer muñequitos. Y así salí a venderlos a la calle. Al principio me costó animarme a vender en las ramblas de Barcelona, pero vendí los 12 muñecos que hice. Cada muñeco lo vendí en 500 pesetas, así en menos de media hora tenía 6.000 pesetas en el bolsillo y tela para hacer más. No lo podía creer.

-¿Cuánto tiempo vendiste muñequitos?

-Durante los 12 años que viví en España. Vendía en las ferias y en las festividades de cada rincón de ese país. Con el tiempo me instalé un taller y llegué a tener 12 empleados.

-¿Y conseguiste los papeles para estar legal?

-Sí. Fue lo primero que hice. Tuve que comprar un contrato de trabajo para que me dieran permiso para estar, pero con el tiempo logré conseguir todos los papeles. Me fue muy bien. Un día, llamo desde Canarias para saludar a mi familia por la Navidad y me entero que mi madre estaba mal. Yo llamé un 21 de diciembre, mi mamá fallece el 23 y yo me vengo a enterar el 1 de enero recién. Ahí me di cuenta que me había ido para ayudar a mis padres, pero por estar trabajando allá me estaba perdiendo lo más lindo de la vida: los afectos. Con el dinero que hice en España, y antes de venirme, fui comprando propiedades acá. Entonces, cuando decidí regresar al país ya tenía algo que me sostenía económicamente.

-¿Cuándo decidís abrir Queen?

-Cada vez que venía de visita a Mendoza, me encontraba con boliches gay que estaban ocultos porque en esa época no estaba bien visto ser homosexual. En cada visita me encontraba con que había un bolichito nuevo que había matado al anterior. La entrada era cara porque te costaba lo mismo que ir a cualquier discoteca de Europa, sólo que acá eran un desastre las instalaciones y la atención. Un día estaba bailando con un amigo español en uno de estos lugares ocultos en Mendoza y le dije que cuando volviera a la provincia iba a abrir uno para dignificar la movida gay.

Hacé clic en el video y descubrí la historia que llevó a la creación del boliche gay que hoy está a cardo de la Turca. En este clip, Bustos cuenta la discriminación que tuvo que soportar y los "aprietes" por parte de la policía para poder mantener la discoteca abierta.

-¿Cuántos boliches tenés hoy?

-Queen se lo pasé a la Turca porque era la persona que merecía continuar con esa historia. Estación Miró se lo pasé a Susana del Moro porque me parecía que ya había aprendido a caminar sola y podía continuar con el boliche. Así, en su momento le entregué las llaves a cada una y les dije: “A partir de ahora ustedes son las jefas”. Me queda Treinta y Pico con un socio, La Reserva con dos socios y Cariló que es la niña bonita de esta historia, porque de ser un boliche pensado para gente grande explotó como la disco top de Mendoza.

-¿Cuál es la clave para permanecer tantos años en el negocio?

-La permanencia en el negocio se debe a una conducta empresarial. Hay cosas que no acepto. No acepto la violencia y las drogas. Sí acepto convivir con las diferencias.

-¿Cómo hacés para controlar que en tus boliches no haya droga?

-Con policías y guardias de seguridad. Si vemos que hay alguien que quiere ofrecer o consumir droga, le pedimos que se retire. La gente con su vida puede hacer lo que quiera, pero en mi casa no se drogan.

Bustos cuenta como nace la Vendimia Gay. Mirá el video:

-¿Cómo pasa la vendimia Gay a manos de Gabriel Canci?

-Un día salimos de vacaciones juntos y nos vamos en mi auto. Fue el año en el que no pudimos hacer la fiesta porque quedó atrapada en la ley de boliches que puso Julio Cobos cuando era gobernador. La gente le pedía a Cobos que modificara la ley para que pudiéramos hacer la Vendimia, pero no quiso. En ese año, nos fuimos de vacaciones y en la ruta, Canci me pregunta qué voy a hacer al respecto. Entonces, ahí le propongo que se haga cargo él. Así, él sugiere que había que lograr que el gobierno apoyara el espectáculo y lo logró. Al principio no sabía si hacerla o no porque era un paso difícil de realizar ya que tenía miedo que su nombre quedara más pegado a Vendimia Gay que a Hyatt de Moda. Pero al final con su hermano Fernando Canci decidieron hacerla. Este será ya el sexto año que la realizan.

-Sos amigo de Gabriel y de la Turca, ambos están peleados, ¿cómo hacés cuando organizás reuniones y los invitás a los dos?

-Ese es un tema en el que no me quiero meter. No hay amistad entre ellos, pero es una historia que yo no quiero ni juzgar. Me duele por el lado de él y me duele por el lado de ella porque los quiero a los dos, pero es algo en lo que uno no se puede meter.

-¿La comunidad gay en Mendoza es muy grande?

-Es muy grande, como lo es también en el mundo. Lo que pasa es que a partir de Queen abierto a la comunidad, la Vendimia Gay, la Turca con su posicionamiento social, todo ha hecho que la comunidad gay se abra un poco más. Cuando yo abrí Queen, ser gay era delito. Yo amo mi provincia pero ha sido tan contradictoria en muchas cosas. Por ejemplo, una prostituta y un travesti no podían llevar un condón en la cartera porque de tenerlo los llevaban presos. ¡Llevar un condón en la cartera! Cuando el mundo pedía que la gente lo usara. Fijate la contradicción: un chico vestido de mujer iba preso, pero las mujeres policías vestían de hombres. Para resumir, la comunidad gay es muy grande aquí, en Buenos Aires y en el mundo. Ahora la gente entiende que ser gay no es un delito.

-El mendocino, ¿cómo trata al homosexual?

-El mendocino ha sufrido una transformación en estos 20 años a partir de la apertura de Queen y de la Vendimia Gay. Al principio era un insulto a la comunidad mendocina y a la mujer que un travesti fuera coronado como reina. Todo resultaba un insulto, pero ver niños vendiendo cosas en la calle no era malo… Hay una hipocresía social. En realidad, jamás se insultó a nadie y menos a la reina oficial porque también es la reina de los maricones de Mendoza. Lo que pasa es que la Vendimia Gay ofrece otra visión de los mendocinos.

-¿Actualmente está de moda ser bisexual?

-Es una opción que se abrió a través de la dignificación de la movida gay. Todo va cambiando, todo va avanzando. No es que sea una moda sino que se debe a la apertura social que hay y que hace que algunos chicos adolescentes sean bisexuales porque lo encuentran divertido. Pero no creo que dentro de 20 años todo el mundo sea bisexual porque no es lógico. La apertura de leyes, de conciencia, de mente, van cambiando la cultura.

-Con la popularidad que has logrado en la comunidad gay, ¿los partidos políticos te han tentado para ocupar algún cargo?

-Sí. En cuatro oportunidades me ofrecieron diferentes cosas. Soy consciente que de aceptar alguna, tendría que enfrentarme a una actitud política muy fea, muy dañina y aguantarme que alguien me grite "puto de mierda".

-¿Te gustaría ocupar un cargo?

-Me han ofrecido…

-¿Qué partido? ¿Quiénes?

-Me han ofrecido… Lo que pasa es que soy un poco la figura de aquel que enarboló una bandera y la sostuvo, y sostuvo y sostuvo. He soportado muchas cosas contra viento y marea y la bandera de la comunidad gay siempre estuvo en alto. La comunidad gay confía en mí porque no se la usó ni se le mintió. Todos los pasos que dimos fue para su dignificación. Yo no digo que no crecí socio-económicamente, pero ha sido por mi trabajo sin engañar ni estafar a nadie. Una de las banderas que porto con orgullo es la de mi honestidad. Tengo un crédito en la comunidad gay que muchos quisieran conseguir.

-Con esta charla podemos descubrir que sos un hombre multifacético, que comenzaste de abajo y que te has convertido en un empresario exitoso. Pero en el amor ¿cómo te ha ido?

-En el amor me ha ido bien. No soy afecto a las relaciones de pareja porque me he dedicado toda la vida a trabajar, a mi familia y a mis amigos.

-¿Tenés parejas? ¿Tuviste un gran amor?

-De eso te iba a pedir que no habláramos (carcajadas). He tenido un gran amor cuando era jovencito y por irme a la Patagonia esa relación se terminó. En su momento, me pedía que nos casáramos y yo no quería porque no tenía nada para ofrecerle. Yo era machista en ese tiempo y estaba convencido que el hombre era el que tenía que mantener a la mujer. En definitiva, la relación se terminó y ella se casó con otro y es mamá. Hoy es una de mis grandes amigas y su marido y su hija, también. Después la vida te va poniendo opciones en el camino y he tomado la mayoría de ellas, pero no desarrollé el amor en pareja.

Radiografía de un empresario:

Nació un 2 de junio. Su edad quiso mantenerla en reserva.

Dice que no cree en el horóscopo. Y repitió un viejo refrán: "Las brujas no existen pero que las hay, las hay".

Asegura que está muy atento al clima debido al rubro en el que se maneja. "En Mendoza caen tres gotas y la gente se queda en su casa".

Uno de sus hobbies preferidos es viajar. Comentó que le quedan pocos países por conocer.

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