En las últimas tres compulsas fue dispar la participación del electorado, pero por lo general, baja.
En este contexto, Catamarca se enfrenta nuevamente al recurrente fantasma de la abstención. Y de hecho, ya pasó varias veces por esta incertidumbre que termina de develarse pasadas las 18 de cada domingo electoral.
En esta oportunidad, la campaña fue breve, intensa y austera.
Las principales fuerzas recorrieron toda la provincia con sus candidatos, salvo el alejado departamento Antofagasta de la Sierra, donde cada cual dio directivas a los dirigentes y punteros de su sector para que la campaña estuviera presente.
Cuando gana la apatía
En octubre de 2003, cuando se enfrentaron en las urnas Oscar Castillo y Ramón Saadi, la inasistencia trepó al 45 por ciento. Atrás había quedado la activa participación del electorado en las provinciales de ese mismo año, donde Eduardo Brizuela del Moral obtuvo la primera gobernación.
Sólo un par de meses después, Castillo cosechó casi 20 mil votos menos que Brizuela por el arrastre de la abstención el hartazgo del electorado por tantas compulsas, entre internas partidarias elecciones de calendario.
Recién en 2005 las legislativas nacionales sedujeron el interés de los catamarqueños, comicio en que participó casi el 70 por ciento del padrón. Fue cuando debutó el Frente para la Victoria con histórico triunfo.
Pero en octubre de 2007, cuando Raúl Paroli y María Julia Acosta de Ahumada se quedaron con las dos únicas bancas nacionales en juego, el electorado volvió a pegar un faltazo y hubo casi 12 mil votos menos que en la de 2005.




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