Esta mañana, el Tribunal de la Cámara Penal Nº 2 de la Ciudad de San Luis, -integrado por los Dres. Hugo Saá Petrino, Gustavo Miranda Folch y Fernando Julio de Viana- dio comienzo al juicio por el asesinato de Guadalupe Di Falco, ocurrido el 12 de septiembre del año 2010.
El fiscal de Cámara N° 2, Fernando Rodríguez, solicitó las penas de prisión perpetua para Videla y Riquelme, y 12 años de cárcel para Di Falco.
En la primer jornada del debate oral, declaró Débora Di Falco y justificó las razones por las que dejó a sus dos hijas en la casa de Riquelme, antes de irse a Mendoza.
La mujer contó que desde abril del 2009 se alojaba junto a Guadalupe en la casa ubicada en la calle Los Inmigrantes a metros de Almirante Brown, al tiempo que, mientras estaba embarazada de su hija menor, ejercía la prostitución para mantenerse.
Una vez que nació la hermanita de Guadalupe, Débora dejó a ambas en la casa de los Riquelme y se fue a Mendoza.
“Yo les pagaba 20 pesos a Miguel y su esposa para que me la cuidaran y también ayudaba con otras cosas de las casa”, afirmó la madre de la menor asesinada en su declaración.
Además dijo que a Riquelme y Videla “los llegué a sentir como una familia, nunca me imaginé que le iban a hacer daño a Guadalupe, eran lo más cercano a una familia que conocía”.
En cuanto al día en que la menor Guadalupe Difalco fue asesinada, sostuvo: “me enteré de la muerte de Guadalupe por Facebook, tenía casi mil mensajes en donde me hostigaban y me decían cosas horribles”. Según informó, ese día se quedó en Mendoza, pero al otro día, volvió a San Luis.
Guadalupe Di Falco falleció el domingo 12 de septiembre del 2010, luego de recibir – por enésima vez - una golpiza por parte de quienes la tenían a su cargo.
Los médicos forenses Ricardo Torres y Jorge Giboín, quienes le practicaron la necropsia al cuerpo de la nena, afirmaron en aquella oportunidad que las causas de la muerte fueron golpes en el cráneo y en todo su cuerpo, con un elemento romo y con signos de arrastre posterior -estando boca abajo-, lo que le provocó un traumatismo encefálico grave.
También encontraron que “la menor presentaba, entre otras cosas, sarna en cuero cabelludo, quemadura en ambas manos, tórax y pie izquierdo, quemaduras en fosas nasales, hematoma en ojo izquierdo hematoma en tórax, deformación de cartílago nasal, lesiones de castigo por látigo en glúteos, espalda y piernas, que tenía aproximadamente 23 heridas en tórax”, de acuerdo al informe que elevaron posteriormente.
El Juez que actuó en la instrucción de la causa - Jorge Sabaíni Zapata- entendió que la muerte se debió “a los constantes malos tratos y vejámenes a los cuales fue sometida la menor, que incluyeron, sumergirla en agua constantemente, pese al frío, golpearla con distintos elementos palos, látigo, puños, suela o cinto, quemaduras de cigarrillo, o agresiones de otro tipo como dejarla sin comer por uno o dos días, no dejarla salir a jugar, hacerla dormir en el patio, tratarla de forma distinta al resto de los integrantes de la casa, múltiples heridas, de antigua data y que indican una permanente violencia, a alguien, a la cual, en principio no consideraban como perteneciente al entorno familiar”
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